Alfredo Jocelyn-Holt: “Garín y Jiles son infinitamente mejor preparados intelectualmente que Boric, Jackson y Sharp”

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En entrevista con El Mostrador, el historiador Alfredo Jocelyn-Holt analiza la importancia histórica de las elecciones presidenciales, desliza varias reflexiones acerca de la actividad política y critica -con su habitual estilo beligerante y metafórico- al Frente Amplio.

“Se enfrascaron en discusiones bizantinas exquisitas (si hablar de “libertad de acción” o de “voto a consciencia”), y se latearon unos a otros hasta avanzadas horas de la aurora. Suena a cuando los escolásticos debatían cuantos ángeles cabían en la persona de un alfiler”, dice.

Desde la perspectiva histórica, ¿cuál es la relevancia de estas elecciones?

-Las elecciones suelen medirse en función de mayorías, pero se olvida que éstas pueden ser a lo sumo circunstanciales. Bachelet obtiene un 62% en segunda revés el 2013, pero con un 58% de renuncia, y al poco tiempo se desinfla en sondeos hasta alcanzar un 18% de aprobación y 57% de rechazo (junio 2017). Pasó poco similar con Frei Montalva el 64; el triunfo apabullante que prometía treinta abriles de gobiernos democratacristianos casi nada duró tres (ya en 1967 la DC se abertura). Ibáñez el 52 incluso; se impone abrumadoramente para muy luego desfondarse. Es más, puede suceder que quien anhelo no sea porque triunfe (habría sido el caso de Piñera el 2010 cuando la Concertación simplemente pierde). Admitamos, luego, que las elecciones no son per se decisivas. Como los sondeos de opinión, son una foto de un momento, y a veces miden preferencias pero de un electorado vagagundo. Y ciertamente el chileno lo ha sido, zigzagueante: una mayoría permitió que Frei avasallara al resto el 64, seguido de Allá igualmente con mayorías a crédito de reformas (si sumamos los votos de la UP y de Tomic), y se podría sostener que el Contrariedad y la dictadura gozaron de un apoyo mayoritario a pesar que no hubo elecciones objetivas.

Inspección así la historia, tiendo a ser escéptico respecto a lo que las elecciones nos puedan opinar. Hay otros fenómenos mucho más definitorios, por ejemplo el Salida el 73, el plebiscito trucho del 80 que dio división a la constitución que rige hasta hoy, el igualada que se produjo en torno al plebiscito del 88 aun cuando uno ingenuamente pudiera suponer que habría sido el “No” que primó; por final, es significativo el círculo callejero montado el 2011, siquiera para ausencia un aberración eleccionario.

-A su prudencia, entonces, ¿qué sería lo fundamental?

-Lo verdaderamente básico es lo que comienza a suceder a posteriori que se eligen las autoridades. Eso se candela Política y ésta tiene mucho más que ver con limitaciones al poder que con empoderar a autoridades elegidas. A lo más, las elecciones permiten a unos pocos dirigentes alcanzar a cargos desde donde esgrimen un poder que así como lo tienen, lo pueden perder al día próximo de la votación. Pensemos, por ejemplo, qué podría ocurrir el 17 de diciembre. Apetencia Guillier con un beneficio pequeño gracias a votos del sector que apoyó a Beatriz Sánchez, pero como los dirigentes de dicha tendencia han sido ambiguos frente a Guillier, da lo mismo, no se puede contar con dicho socorro de ahí en delante. Si por el contrario, anhelo Piñera asimismo con un pequeño beneficio a su protección, igual le van a hacer la vida ficticio (ya se la hicieron en su gobierno), de modo que ¿de qué tanto le habrá servido acaecer rebaño si nos atenemos a los puros resultados eleccionarios?

Borges tiene razón cuando dice que la democracia (en que supuestamente la mayoría se mide, pesa y manda) es una superstición y desmán estadístico.

-Según una editorial de El Mercurio, la segunda revés electoral “será un virtual plebiscito sobre el enorme progreso obrado por Chile en los últimos 30 años, reivindicado por Piñera y mirado con reticencia por Guillier”. ¿Está de acuerdo?

-Quienes sostienen que las elecciones presidenciales son plebiscitarias pecan de simplistas. Insisto: el 64, el 70, el 88, las elecciones que calzan mejor con la idea de un plebiscito cardinal, al final de cuentas resultaron ser menos claras. El 64 ganó Frei para evitar a Más allá, que llegó seis abriles posteriormente. El triunfo popular el 70 terminó tres abriles a posteriori en un salida seguido de 16 abriles de dictadura. Y respecto al 88, somos muchos quienes tendemos a pensar que el gran triunfador fue Pinochet y su régimen, cuyo “legado” (tanto en lo constitucional como crematístico) terminó siendo validado y aceptado por la DC y el PS (la vieja Concertación), pudiéndosele proyectar hasta nuestros días.

Históricamente El Mercurio más lo que se equivoca en sus juicios históricos que lo que miente. Yo no me guiaría por lo que su director presente ha pretendido pautear editorialmente. Tengo entendido que sus miras personales estarían puestas en licenciar del diario y aceptar la embajada en Madrid. Digamos que su inteligencia histórico político está demasiado condicionado por conflictos de interés como para que sea suficientemente explicativo y lúcido. En una de éstas, si pierde Piñera, Zegers sigue dirigiendo el temprano, en cuyo caso carencia sustancial habrá cambiado.

-¿Qué le parece la postura del Frente Amplio -y de sus dirigentes- delante el balotaje? No dieron apoyo palmario, pero dijeron que Piñera es un retroceso.

-Si el gran activo de las dirigencias frenteamplistas es que son tácticos, ¿de qué nos serviría atender a lo que dicen en una información pública? Ahora aceptablemente, quizá se exagera la capacidad del FA, se les cree más estratégicos de lo que positivamente son. En una de éstas su equívoco frente a Guillier es fruto más de la confusión que de un humor y propósito claramente intencionado. Uno lee la enunciación pública y tiene la impresión de estar frente al clásico “camello” fruto de una comisión que no parece haberse puesto de acuerdo consigo misma. Se enfrascaron en discusiones bizantinas exquisitas (si conversar de “libertad de acción” o de “voto a consciencia”), y se latearon unos a otros hasta avanzadas horas de la aurora. Suena a cuando los escolásticos debatían cuantos ángeles cabían en la cabecera de un alfiler.

-Usted ha sido crítico del Frente Amplio. ¿Cómo interpreta el buen resultado que tuvieron en las elecciones?

-No deja de ser sorprendente que en cuatro meses el FA saltara de 300 mil votos (en las primarias) a un millón 300 mil. La única explicación sensata que he escuchado –la de un amigo periodista– es que habrían incidido los jóvenes que gozan de gratuidad, y la resonancia que habrían tenido en sus respectivas familias traduciéndose a votos. El FA, adicionalmente, es hábil en convocar, y sus directivos tienen experiencia en elecciones universitarias (con sistema de pactos); eso puede explicar que tuviesen mejores resultados parlamentarios que partidos todavía apegados a prácticas y cálculos superados. Por otro flanco, la amplitud con que convocan puede que haya servido para rodear a más votantes y más variados. Y es muy posible que se beneficiaran de izquierdistas insatisfechos con Guillier como candidato. Dicho lo precedente, reitero el punto, ¿qué tan básico es un resultado que puede parecer bueno hoy y, sin incautación, mañana, se desvanece?

-Guillier dijo hoy que “en política uno espera que la gente tenga decisiones definidas”, a pesar de que a él se le ha criticado sobrado su “indefinición” o “ambigüedad”. ¿Tiene alguna opinión sobre esto?

-Tengo entendido que fue el FA el que generó este intercambio. Así y todo, el FA fue, a su vez, terriblemente ambiguo, al punto que Alberto Mayol salió diciendo que no entendió qué había que hacer, si elegir o no elegir por Guillier. En consecuencia, yo diría que en este punto tanto Guillier como sus detractores en el FA están empatados, punto. Tratar de entender quién cuenta la firme en estos casos es como creerles a gitanos cuando se sacan la suerte entre ellos.

-¿Está de acuerdo que Pimiento, a posteriori de las elecciones, se levantó mirando a la izquierda y que el resultado -menor de lo esperado- de Piñera, refleja el fin del discurso de la retroexcavadora y la constante revalidación de las reformas impulsadas por el gobierno de Bachelet?

-Suponer que los resultados de una disyuntiva permiten aquietar críticas, algunas no sólo legítimas sino razonables, como las que tienen que ver con un mal diseño de reformas y peor implementación, colinda con cierto humor de querer censurar e imponer una razonamiento holística si no totalitaria. Si quienes creen que efectivamente existe un 55% a servicio de las reformas, contra supongo un supuesto 44% en contra, y eso se deduciría de la votación del 19 de noviembre, les memoria de nuevo los resultados del plebiscito del 88. Al día futuro de ese plebiscito, el país no se levantó a la izquierda, ni siquiera dio por terminada la dictadura y sus artículos. Es más, suponer que Bachelet saltó en cuatro meses de un 18% de aprobación a un 55% de apoyo incondicional, es peor que ingenuo. Hay un término coloquial muy chileno que calificaría mejor esa deducción y brinco natural.

-¿Hay alguna figura -de las típicas, como Boric, Jackson, Sharp; o de las nuevas, como Garín, Jiles, etc-  del Frente Amplio que le parezca interesante en el sentido de lo que le puedan aportar poco al futuro político del país? ¿Por qué?

A Boric, Jackson y Sharp los conocemos. Usted acaba de sostener que son “típicos”. Llevan abriles chuchoqueando. Tiempo detrás le calculé poco así como 17 abriles de acción directa militante a Sharp antaño de convertirse en “cara nueva”, “joven promisorio” y  “flamante” corregidor de Valparaíso. Y conste que 17 abriles, en su caso, ascendía a  más de la fracción de su vida, en calidad de dirigente estudiantil y político, a tiempo casi completo, desde antiguamente del Pingüinazo. En qué minuto estudió es un intriga que habría que dilucidar. Mathias Klotz ha dicho que es un “picante” y se las anda con piqueteros. Sobre Boric y Jackson no me voy a aludir porque, ¿para qué?, hilván con percibir lo que he escrito de los dos. En cuanto a Pamela Jiles tengo la mejor opinión; quedé impresionadísimo con ella, lo aguda y sarcástica que puede ser, desde que tuvimos una larga conversación en el área de Armando Uribe yuxtapuesto a Pablo Ruiz-Tagle, quien me había llevado donde el poeta. En un momento no había falta qué engullir ni tomar, sin bloqueo, no paramos de discutir y fumar; al punto incluso en que a don Armando se le terminaron los cigarrillos y me pidió tabaco (en esa época yo liaba cigarrillos con picado de Gauloises) y lo puso en una pipa. Inolvidable. De Renato Garín podría todavía charlar grande, fue educando y ayudante en uno de mis cursos. Garín y Jiles, los dos, son infinitamente mejor preparados intelectualmente que Boric, Jackson y Sharp. Pero ahí es donde me entran las dudas. ¿De qué sirve tener una disposición de inteligencia y subirse al carro de una actividad tan chata y estrecha de mente como es la política chilena? Una actividad que atonta. Yo aun no entiendo cómo un hombre tan brillante y no servil como mi amigo Situación Enríquez termina, en su tercera aventura presidencial convertido en candidato bacheletista, empecinado en cambiarle el nombre a las estaciones del Patrón (ni en dictadura se politiqueó con dichos nombres). Piñera fue a Harvard donde obtuvo un doctorado para, luego, dedicarse a negocios, vencer plata, sembrar dudas sobre su persona y volverse presidente. ¿De qué le sirvió el doctorado? Garín, posteriormente de tres masters, uno de ellos en Oxford, parece que descubrió que era de Melipilla, y está obsesionado con que la basura de los ricos termina en vertederos en las comunas donde lo eligieron. Conforme, es lo que tiene que hacer, pero es triste. Garín todavía ha dicho a este diario que todo es táctica, que lo que pretenden en el FA es cambiar la “cultura” (lo que es ridículo), originar una nueva hegemonía, llegando a anunciar el fin del maniquí (al igual que el primer Alberto Mayol que se equivoca a menudo). Con todo, presumo que Garín y la Pamela le van a dar duro a Gabriel Boric (se presta para que le hagan bullying), y no creo que se avengan mucho con la santería tipo Techo Para Pimiento de Jackson. Va a ser un espectáculo, y mostrará qué bolsa de gatos se puede producir en el FA.

-¿Dónde está el centro político posteriormente de estas elecciones? ¿En la DC, que salió tan dolida electoralmente?

-La DC nunca ha sido centro. Eso lo ha sostenido Arturo Valenzuela, y se deduce de su comportamiento centrifugo, cismático (propio de tiendas políticas de cuño católico), sectario, populista e incluso golpista. No hay centro en Pimiento desde hace décadas. Lo que sí hay son resistencias a posturas de quienes se quieren provenir con los tarros; por eso los Zaldívar, los Walker (el trío aquél), Alvear y su marido, la Mariana Aylwin, Burgos, frente a la arremetida con bulldozer que querían hacer los Quintana, Peñailillo, Arenas et al. Pero pensar que la DC sería moderada es no entender qué intereses de verdad defiende.

-Se ha dicho que con el antipiñerismo no le puntada a Guillier para obtener. ¿Cuál debería ser su logística? 

-Hablemos posteriormente de la disyuntiva de diciembre. En todo caso, el antipinochetismo, el antibacheletismo, el anticomunismo, han sido insuficientes para eliminar al respectivo enemigo que atacan, de igual forma que la antipoesía chistosita de Nicanor Parra no se la ha podido aún con la poesía.

 -¿Tiene algún exploración que explique el resultado, beocio de lo esperado, que tuvo Piñera en segunda dorso? ¿Hubo algún error de diagnosis por parte de él y de su equipo?

-El triunfalismo, una tara muy de derecha, es suicida. Hace unas semanas antes repartían ministerios y embajadas. Lo vimos, ya antiguamente, en el 70, cuando estaban convencidos que Alessandri ganaba. Se volvió a dar en el 88 cuando pensaron que el “legado” marcial le había cambiado el pelo a este país y ganaría el “Sí” (perdió incluso en Iquique que fue tremendamente favorecido por Pinochet). El “Sí” ganó en el 88 pero no con votos. Ganó porque Jaime Guzmán fue hasta más habiloso que Pinochet y sus paniaguados. Por extremo, es muy posible que mucha multitud sospeche de una persona como Piñera y con muy buenas razones: se parece a Bachelet, aspira a turnarse con Bachelet (lo que he llamado “política de reflujos”), y el que a posteriori de Bachelet se sepa en qué termina el país con un presidente estimado dos veces. Luego, Jehová nos rescatado de este nuevo ataque de reflujo estomacal. Dicen que el real “legado” de Bachelet es Piñera.

 -¿Votará en segunda revés? ¿Por qué?

Ni en primera ni en segunda revés voto. La única excepción fue cuando apoyé a Situación Enríquez en primera reverso el 2009, nunca más a posteriori. Y no me arrepiento porque, quien sea que gane hay que tratar de limitarlo, frenarlo, y equilibrar su potencial subyugador.

 -¿Poco que le gustaría añadir, que yo no le haya preguntado?

-Pensé que me podría favor preguntado sobre la última de Davor Harasic en Pío Mojigato con Santa María, cómo se ha estado librando de sus ex “socios”: Maricruz Gómez, su ex vicedecana y Directora de Investigaciones, y su marido Rodríguez Elizondo. Ellos dos no los únicos, de quienes en estos días se ha deshecho brutalmente, y eso que sin ellos y la verónica que se pegaron en su alternativa el 2015, él no habría podido salir a ser decano. La Gómez, que no se destaca por ser de una sola ruta (vivió en la República Democrática Alemana), trató de aprovecharse de que Harasic estaba en líos en la nuevo toma de los estudiantes, lo que a él le debe acaecer causado ira, supongo. El caso éste tiene mucho que ver con lo que hemos estado examinando. Recordemos cómo la señora Gómez y su marido que se decían “nahumistas” porque entonces les convenía (por el decano Nahum, contra quien Harasic y su edicto complotaron y terminaron por descabezar desde que le hicieron una toma en 2009, asistidos por el extremidad armado de Boric y secuaces, los “autónomos”) se sumaron a la ola triunfante de Harasic al final minuto, en la segunda revés de la sufragio del 2015, creyéndose seguros, cuan veletas oportunistas (véase mi tomo La Escuela Tomada). ¡Vaya que chasco! Confirma mi punto: los resultados en las elecciones no dicen mínimo; es lo que viene posteriormente (aunque tarde) lo que de verdad importa. Eso se claridad Historia, que es por lo que personalmente apuesto. Es que, para apreciar la Historia, se necesita tener los menos compromisos posibles, de lo contrario no se puede contar la firme y ofrecer la necesaria última palabra que permita explicar qué fue lo que en el pasado estuvo de veras en placer.