Bachelet versus Piñera: el auténtico round final

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Es indiscutible que en La Moneda se respira otro donaire, que en todo el gobierno hay un nuevo clima, que en estos días impera un optimismo que no se veía desde el 2014 y no se debe solamente a que los resultados de la primera reverso abrieron una esperanza actual a la carta del oficialismo, Alejandro Guillier, de desbancar en el balotaje a su contrincante de la derecha, Sebastián Piñera, sino asimismo al papel político que ha jugado las últimas semanas la Presidenta Michelle Bachelet, con un discurso y despliegue que ha despercudido el hibernación psíquico en que se encontraba su agencia.

“Tiene sentido hacer el esfuerzo para ganar”, dijo esta semana una autoridad de La Moneda, varios inquilinos de palacio reconocen que “todos están contentos” y en el gobierno hay coincidencia que ven a Bachelet distinta, que volvió a ser la misma que conquistó el 62% del electorado en la segunda reverso del 2013 y la que se observó su primer año de mandato. Dicen que “ya está recuperada” de todos “los balazos políticos que recibió”.

Si perfectamente las semanas previas había tenido algunos gestos importantes, lo cierto es que fue la misma incertidumbre del 19 de noviembre que la Mandataria se puso en la destacamento comunicacional para apelar a la pelotón del electorado de centroizquierda y desde entonces no ha parado más, en casi todas sus expectativas a ámbito remarca la importancia de elegir, insiste que no da lo mismo quien gobierne en la perspectiva de estabilizar la continuidad de las reformas o le enrostra a Piñera abiertamente sus giros programáticos como el que se evidenció en materia de gratuidad de la educación superior. “Nosotros no criticamos la gratuidad un día, anunciamos que la vamos a reducir, al día siguiente decimos que la vamos a ampliar solo porque da más votos”, dijo esta semana durante una actividad en Calama.

Es efectivo que esta suerte de “cambio” en Bachelet se debe a la tranquilidad de memorizar que al final sí tenía la razón -como lo demostraron los resultados de las urnas el 19 de noviembre en la noche- y que el camino que adoptó de las reformas era el que efectivamente estaba en sintonía con la ciudadanía, a pesar de lo que decían la encuestas. “La Presidenta se siente bien, que tenía razón en el diagnóstico que hizo del país, así que ahora tomó un segundo aire y se reconcilió con todo”, explicó una autoridad de La Moneda.

Pero incluso argumenta, explicaron en el seno del gobierno, a que la Mandataria se convenció finalmente de un punto en el que hasta hace poco era más aceptablemente escéptica: la importancia y aprieto que ella y su liderazgo se metieran de saciado en la campaña, que jugara un rol preponderante, porque esa era la única forma de resguardar el cesión de su gobierno. “Bachelet se convenció que no hay legado que valga si la foto del 11 de marzo es ella entregándole otra vez la banda a Piñera”, afirmaron en palacio.

Ese es precisamente el leitmotiv de la Mandataria. Aseguran que a más de un cercano le ha dicho y en más de una ocasión -mientras juega con el mítico anillo que tiene en su mano derecha y que le regaló la folklorista Margot Loyola- que no sabe “cuál es el castigo que estoy pagando para tener que devolverle la banda a este caballero”.

Tanto la Presidenta como en el gobierno argumentan que fue la derecha y el núcleo duro de Piñera los que pusieron a Bachelet – y no a los otros candidatos presidenciales- como su verdadera contrincante electoral durante toda la campaña, apostando al bajo apoyo que tenía en las encuestas, al rechazo a las reformas y dudando de su capacidad de recuperación frente a los luceros de la ciudadanía.

Este es el postrer enfrentamiento político entre Bachelet y Piñera, quienes ya se vieron las caras en la campaña del 2005 cuando la Mandataria le ganó en segunda dorso; en marzo del 2010 cuando esta tuvo que entregarle la cuadrilla presidencial al hoy nuevamente candidato de derecha y al revés el 2014, a posteriori que toda la suministro piñerista puso sus fichas los dos abriles previos en tratar de excavar su liderazgo en las encuestas que vaticinaban su regreso.

La valor del Frente Amplio de jugársela por la albedrío de acto para el 20% que obtuvo Sánchez, pero con la señal política de considerar a Piñera un retroceso, es precisamente el proscenio que tanto en La Moneda como en el seno del comando de Guillier esperaban que fuera el que se decantara. Hace días que había claridad absoluta que no existía chance que el FA respaldara públicamente a Guillier y ya habían sido desechadas todo tipo de negociaciones con el oficialismo antiguamente que iniciaran el proceso de advertencia y plebiscito de estos días.

“No estoy en campaña, estoy defendiendo lo que hemos realizado (…) ha focalizado la campaña, y desde mucho antiguamente, a pelar nacionalmente e internacionalmente lo que el gobierno ha hecho y el gobierno tiene que defender lo que ha hecho (…) uno siempre debe cuidar el tono, pero si me acusan de populista tengo que contestar. Hoy día si se ha hecho una compaña del terror al hacer una comparación con Nicolás Reflexivo, los memes de ‘Chilezuela’ en las redes sociales, y el sicario de Pablo Escobar diciendo que no hay que elegir por Guillier”, sentenció Bachelet el miércoles 29 de noviembre en la sombra, durante una entrevista en el noticiero de MEGA que registró un peak de sintonía de 20 puntos.

En estos días en palacio no son pocos los inquilinos que esbozan una irónica sonrisa al constatar que la organización de poner como blanco a Bachelet estos meses terminó siendo un boomerang para la derecha, dada la airada reacción que han tenido los parlamentarios, dirigentes y el propio candidato presidencial de ChileVamos. “Es legítimo y natural que el gobierno defienda su obra, eso me parece perfectamente a mí lógico, lo que a nosotros nos inquietan son otras cosas (…) Yo creo que se está haciendo un uso abusivo del Estado para influir en la campaña electoral y lo dice mucha gente en muchas parte de nuestro país”, acusó Piñera este jueves 30 durante la entrevista que dio a T13 Radiodifusión, mientras en días previos se anunció la creación de un portal para hacer las denuncias de intervencionismo y en más de una ocasión se ha fustigado el papel de la ministra vocera, Paula Narváez.

En La Moneda han tomado nota de un detalle. “La derecha responde atacando a la ministra Narváez, acusa a intendentes, gobernadores, a otros ministros, pero no atacan a Bachelet, eso significa que intuyen que ella sí influye en esta etapa de la campaña”, acotó una autoridad de gobierno.

El círculo de veterano confianza de Guillier –integrado por Enrique Soler, Juan Enrique Forch y Andrés Almeida- nunca fue proclive a que el candidato se acercara mucho a La Moneda, consideraban que su decano fortaleza en la campaña era precisamente su condición de independiente y que, por lo tanto, abrazarse con la flagrante sucursal le jugaría en contra. Quienes conocen el tejemaneje interno del comando afirman que aún hay algunos que no están muy convencidos del aporte del protagonismo de Bachelet y explicaron que tras la primera revés fueron los que convencieron al líder a que no aceptara la ofrecimiento de palacio de sacar ministros del estancia para reanimar su equipo para estas semanas.

Pero les guste o no, Bachelet está marcando la memorándum todos los días y costal al pizarrón a la derecha y a su candidato. “¿Habrá nerviosismo electoral? ¿Por qué hay tanta acusación de intervencionismo electoral que no corresponde?”, dijo el 24 de noviembre durante su visitante a Isla de Pascua o cinco días a posteriori, en una actividad en Puente Detención, los terrenos del senador RN, Manuel José Ossandón, donde la Mandataria advirtió que “cuando uno tiene posibilidades de salir electo, uno tiene que tener ojo con lo que prometen los candidatos porque después hay que cumplirlo, no es verdad, entonces hay que prometer lo que uno sabe que va a poder cumplir”.

Las proyecciones en el seno del gobierno apuntan a que existe espacio y chance efectivamente que Guillier gane en la segunda revés, no holgadamente, pero los cálculos si les dan opciones. Explicaron, que si el candidato oficialista logra ayudar el 22,7% que obtuvo el 19 de noviembre, con el 60% del voto que obtuvo Beatriz Sánchez, el mismo 60% de quienes respaldaron a la DC, Carolina Goic, el 80% de los sufragios de Ámbito Enríquez Ominami y el 50% de lo que sacó Alejandro Navarro, en el gobierno creen que hace viable el triunfo.

El antipiñerismo

El tono y contenido del despliegue presidencial es coincidente con lo que el comando de Guillier considera uno de los ejes en estos momentos para movilizar al electorado para el 17 de diciembre: el antipiñerismo. “Eso es la clave, si gana Guillier será por eso”, reconocieron en el comando y ponen como ejemplo lo que pasó en el PS en las elecciones internas del año 2015, que un pesado de la militancia más que elegir por la senadora Isabel Más allá, la había respaldado como un seña de rechazo a la posibilidad que regresara Camilo Escalona a la conducción de la colectividad.

“La izquierda se moviliza contra Piñera porque no lo considera una opción viable y eso es más fuerte que cualquier crítica al candidato nuestro”, sostienen.

La audacia del Frente Amplio de jugársela por la albedrío de acto para el 20% que obtuvo Sánchez, pero con la señal política de considerar a Piñera un retroceso, es precisamente el escena que tanto en La Moneda como en el seno del comando de Guillier esperaban que fuera el que se decantara. Hace días que había claridad absoluta que no existía chance que el FA respaldara públicamente a Guillier y ya habían sido desechadas todo tipo de negociaciones con el oficialismo antaño que iniciaran el proceso de advertencia y plebiscito de estos días.

Eso no quiere opinar que estén cortados los puentes entre entreambos mundos, al contrario, existe un fluido diálogo e intercambio de información. En el comando de Guillier aseguraron que en reserva el propio FA desafío a que el 80% de la votación de Sánchez se cuadre con el candidato de la Nueva Mayoría el 17 de diciembre.

“Los cálculos y proyecciones las hicieron ellos, hablan del electorado no de su militancia, ahí Guillier no tiene ninguna chance, pero con el electorado sí, hasta un 16% podría sumar”, aseguró un detención componente del equipo guillerista.

Desde la semana pasada que la logística común asumida era que la pluralidad del FA hacía inviable calar a un consenso con su dirigencia, por lo que la desafío es ampliar la saco programática de Guillier –como lo hizo el lunes al anunciar la condonación del CAE para el 40% más vulnerable- y hablarle a ese electorado.

Ahí está el gallito interno en el comando, cuánto avanzar en esa ampliación programática, cuánto se corre la cerca con destino a el FA y sus demandas. Dicen que, en esa tensión interna, es Guillier quien se mantiene en la postura de no dar ofertones programáticos que posteriormente no podrá cumplir, que el mejor ejemplo es el tema de las AFP. Él puede pelar el sistema, sentenciar que al holgado plazo se puede cambiar, que su idea es instalar una alternativa para la multitud, pero no se amarrará con el discurso de NO+ AFP, porque no lo considera viable.

“Es un tema de estructura de personalidad, él es un hombre de centro izquierda, es más bien prudente y no va a decir cosas de las que no está convencido”, sentenciaron en el comando.