“Bienvenidos a mi pueblo”: localidad rural en Argentina está entregando tierras a cambio de gente

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Este es el circunscripción donde se construirán las 20 casas de Bienvenidos a mi Pueblo.

Su hijo debía aparearse la biciclo en el comedor de la casa. La inseguridad lo ponía nervioso. La plata no le alcanzaba. Tenía mucha competencia.

Esas, entre otras cosas, tenían a Víctor López, un plomero habituado en gas, cansado de existir en Rosario, la tercera ciudad más conspicuo de Argentina.

Por eso se postuló a “Bienvenidos a mi pueblo”, un programa de la ONG suiza Es Vicis en alianza con gobiernos locales de la zona, y fue uno de los 20 seleccionados entre los 20.000 postulantes.

Ahora prepara, conexo a su esposa, su hijo y las otras 19 familias, el demarcación que la alcaldía de Colonia Belgrano, en la provincia de Santa Fe, le asignó para construir una casa, articular una empresa y hacer una vida en este pequeño pueblo necesario de familia.

La tierra, los materiales y la mano de obra para la casa serán financiados por la provincia en ventajosos créditos que ni López, ni la mayoría de los argentinos, habría podido obtener de un faja.

Pero adicionalmente, con el apoyo de la ONG suiza, el rosarino tiene estudiado el mercado al que puede traicionar sus servicios en esta zona agrícola e industrial del centro del país.

La vida de López ya empezó a cambiar. Y el inesperado sueño de convertirse en un estilo campesino está cerca de cumplirse.

La clan de Víctor López es una de las 20 seleccionadas del plan piloto para Colonia Belgrano. La idea es que haya más y en otros pueblo.

Esquema piloto

“Bienvenidos a mi Pueblo” es el plan piloto de Es Vicis, una estructura sin talante de utilidad que exploración mejorar la vida de la familia no sólo en Argentina, sino en otros países.

“La idea es pasar de esta experiencia exitosa a replicarla en otros lugares con problemáticas similares”, dice a BBC Mundo Agustina Valverde, una de las coordinadoras del esquema.

“En las ciudades de Argentina, y muchas otras partes del mundo, la gente vive entre la preocupación de la inseguridad y imposibilidad de encontrar trabajo, pero al tiempo hay miles de pueblos que necesitan una inyección de población para resurgir”, explica.

Colonia Belgrano tiene 1.500 habitantes, pero su infraestructura puede encajar a 2.500 personas.

“Los sistemas de luz, agua, educación o salud están todos subutilizados, porque en las últimas décadas mucha gente se fue y nadie llegó”, indica Javier Bosio, presidente de la comuna del pueblo, una suerte de corregidor.

“Entonces hay menos gente, hay menos impuestos, pero el costo de los servicios es el mismo y se forma un estancamiento del pueblo”, añade.

Los movimientos de “neorruralismo” surgieron en Europa en los abriles 60 como una expresión de contracultura en respuesta a los patrones de consumo del capitalismo, concentrado en las ciudades industriales.

Pero durante la última término algunas urbes de países desarrollados, especialmente en Estados Unidos, han trillado cómo miles de habitantes -por falta o gustillo, más que por política- han decidido dejar las ciudades en un proceso conocido como “contraurbanización”.

Argentina es uno de los países con más población urbana de América Latina, con un 92% viviendo en ciudades.

Con iniciativas como “Bienvenidos a mi Pueblo” quizá ese número, desde ahora y de guisa muy lenta, pueda cambiar.

Javier Bosio es el corregidor de Colonia Belgrano. El plan, que es como su hijo, búsqueda que otros tengan la misma experiencia que él: emprender. Él tiene una metalúrgica.

Adiós al estrés de la ciudad

Aunque 20 familias suena a poco, los gestores del programa esperan que el movimiento crematístico y social que implica introducir nuevos habitantes a una comunidad cerrada tenga un huella de bulo de cocaína que reanime a los demás residentes.

Colonia Belgrano es parte de una microrregión de 80.000 habitantes en la que decenas de pueblos integran una gran red de intercambio y coexistencia.

A 120 y 160 kilómetros están las ciudades de Santa Fe y Rosario, respectivamente, dos de las más peligrosas y con anciano pobreza de Argentina.

“El perfil de las familias que vendrán a Colonia es muy parecido al de miles de familias de estas ciudades”, asegura Bosio.

De ellas, 11 son de Rosario y 9 de Santa Fe.

Producirse la tarde tomando el mate en el porche de la casa. El sueño de miles.

En un país donde lograr a un arriendo es complicado y cada vez más costoso, la mayoría de estas familias, según Bosio, se habían quedado sin casa y estaban viviendo con sus padres.

Pero Bosio, quien pertenece al Partido Socialista, se defiende de quienes lo acusan de populista.

“El proceso de selección de las familias se hizo de manera muy cuidadosa buscando que lo que se genere sea un emprendimiento, no desidia”, afirma.

“Se ha dicho que acá estamos regalando casas y tierras, pero eso no es lo que pasa”, dice en remisión a los créditos auspiciados por la gobierno de Santa Fe, igualmente administrada por un socialista.

Lo han criticado, asimismo, por darle un desgracia a los productores locales, pero él dice ocurrir invitado a los residentes a las capacitaciones y “solo fueron cuatro”.

“No queremos afectar ningún comercio. Queremos es reanimar a los que ya hay”, alega.

Esta región, que recibió casi 40.000 inmigrantes suizos entre 1857 y 1924, ha sido durante décadas cuna de emprendedores agrícolas e industriales. Y eso es precisamente lo que se quiere recuperar.

Casi todos los habitantes de Colonia Belgrano, desde niños a viejos, andan en biciclo. Poco que en la ciudad es muy difícil.

“Renací”

De las 20 familias que ganaron el puesto, cinco ya están radicadas en Colonia Belgrano, pagando arriendo y preparando el ámbito.

Con un mate del que tomaban unas 15 personas y más o menos de una mesa cubierta de panecillos dulces (acá les dicen facturas), los miembros de las familias hablaron con BBC Mundo.

De los hombres, uno es habituado en heladeras, otro en cañerías y otro en metalurgia. Todos dijeron ya tener clientes de la zona en su memorándum.

De las mujeres, todas aseguran favor “recuperado la felicidad” ahora que ya no están en la ciudad.

Las familias escogidas para venir a Colonia Belgrano han construido entre ellos un estilo de comunidad. Una relación que en el ciudadela de la ciudad no tenían.

“Ahora me he encontrado con la rara situación de tener tiempo”, dice María Fernanda Zapata, quien vivía en una casa prestada y se enteró por redes sociales de la convocatoria.

“Antes estaría corriendo, cocinando, qué sé yo, pero ahora tengo tiempo de jugar con los niños, estoy haciendo de madre, renací”, continúa.

Fernanda dice que ahora quiere dedicarse a cosas que la enriquecen a ella, como hacer artesanías.

Su placer es contagiosa. Como la de Víctor López, el plomero, que anda emocionado porque su hijo ahora puede copular en bici fuera de la casa.

“Con solo 10 días de haber llegado a Colonia Belgrano”, relata, “Ariel ya había aprendido a montar en bicicleta sin rueditas”.

Con solo 10 días, el párvulo ya anda por este pueblo como si fuera su casa. Ahora lo es.

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