El hijo del Che Guevara que montó un negocio privado de rutas turísticas por Cuba en motocicletas

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Hay veces en el que el parecido corriente es misterioso.

Barba descuidada, trompa inconfundible… Las similitudes del padre con el hijo se extienden hasta en la vistazo que el más zagal de los hijos de Ernesto Guevara deposita en un puro encendido que sujeta firmemente entre los dedos.

Detrás de los atributos físicos, el hijo del revolucionario iberoamericano más popular, el Che, asimismo heredó de su padre su bienquerencia por las motos.

“Siempre me gustó la mecánica, la velocidad, las motos y los coches”, dice Ernesto, de 52 abriles, mientras se toma una bebida fría en un tópico de La Habana atavío con motivos de la Harley-Davidson.

“Cuando era niño me gustaba arreglar coches y bicicletas. Puede que sea algo que aprendí de mi padre o quizás no, pero venga de donde venga, lo cierto es que me encanta”.

A pesar de compartir pasiones, el nuevo Guevara ha tomado un camino muy diferente al de su padre: la industria del turismo.

Posee una compañía de rutas turísticas que ofrece recorrer Cuba en moto y sólo está ligada al Che por el nombre: Tours La Poderosa, nombrada así en narración a la Norton de 500 cc con la que su padre recorrió las Américas.

Che Guevara y Aleida March el día de su boda en La Habana, en junio de 1959.

Tours La Poderosa es una empresa privada que usa caudal extranjero y trabaja con varias compañías cubanas de titularidad estatal. Es uno de los negocios privados que nacieron bajo la nueva constitución que aprobó el presidente Raúl Castro en 2010. Ausencia que ver con la formación de abogado que recibió el hijo bisoño del revolucionario.

Cuando me sumé a un tour que hizo recientemente, nos dirigimos en dirección a el oeste de la isla, a la región tabaquera de Pinar del Río.

A medida que atravesábamos las calles de la hacienda, La Habana, la muchedumbre volteaba la capital con el sonido de las Harley-Davidson con el que hicimos el represión.

Examinar la isla en moto se está poniendo de moda. En mi conjunto, viajábamos una mezcla variada de nacionalidades que incluía a estadounidenses, chinos, británicos y argentinos.

“Otros estadounidenses de mi edad nunca han podido venir a Cuba, ahora sí”, reflexiona cuando paramos en un café Scott Rodgers, de Masachussetts.

“No sé cuánto va a durar esto, así que pienso aprovecharlo mientras se pueda”, concluye.

Algunos turistas dicen que hacen el tour porque están interesados en la historia del Che.

A otros turistas lo que les hizo decidirse fue el vínculo de la empresa con el Che Guevara.

Eso dijo Eduardo López, un viajero argentino.

“Obvio que es parte del atractivo”, dice Eduardo. “Viajar por el mundo en motocicleta es mi afición pero vinimos a este tour específicamente porque el Che vivió muchos años en mi ciudad natal, Córdoba, así que sentimos una especie de vínculo con su figura, con el mito”.

Pese a su más que agradecido patronímico, Ernesto insiste en que él no vive bajo la sombra de su padre.

“Siempre trato de no unir las cosas. Todo lo que he conseguido lo he hecho como Ernesto Guevara March, por mí mismo, como ser humano”, dice el hijo más pequeño del casorio del Che con la cubana Aleida March.

“Todo lo hago con responsabilidad. Si funciona, bien. Si no, también”.


Hasta ahora, esa ha sido una filosofía de negocio que le ha ido aceptablemente. El año pasado hubo récord de turistas en Cuba y La Poderosa se benefició de ello.

Pero Ernesto sabe que tiene sus críticos, sobre todo en Miami. Normalmente le reprochan que, pese a poseer nacido bajo tales credencias marxistas, el hijo más chavea del Che ha hecho carrera con un negocio capitalista.

Sin secuestro, siquiera parece que le preocupe.

“No tiene nada que ver con si eres socialista o capitalista”, argumenta con una pizca de indignación en su voz.

Pinar del Río, al oeste de La Habana, es conocida por sus plantaciones de tabaco.

“No tiene ningún sentido centrarse en ese aspecto. Para mí, estamos haciendo un buen trabajo, algo que ayuda a mi país”.

Nuestro tour llega a una parte oscura de la vida del Che: la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

Fue ahí donde, a posteriori de tomar el poder, el Che presidió los juicios revolucionarios a los miembros del gobierno de Batista. Decenas de personas fueron ejecutadas y los críticos con la Revolución cubana dicen que fue un proceso procesal sumario.

Cincuenta abriles posteriormente de la asesinato de su padre, Ernesto sigue saltando en su defensa asegurado que los juicios fueron “normales”. Le advierto que esa visión podría enojar mucho a algunas familias del otro flanco del íntimo de la Florida.

Ernesto Guevara, a la derecha, llamó a su compañía La Poderosa, en honor a la moto de su padre

“El enemigo puede decir lo que quiera. Los cubanos saben por qué se hizo y, por encima de todo, fue para tranquilizar a toda la sociedad de que los crímenes que se habían cometido no iban a ser perdonados”, dice mirando en dirección a la bahía de La Habana.

“Así que estoy muy tranquilo, mi alma está en paz y la de mi padre también”.

Ernesto confiesa sin dudar que no fue realizable crecer con un padre tan célebre, o mejor dicho, sin padre. El Che fue ejecutado en Bolivia en 1967, cuando Ernesto tenía sólo dos abriles.

“Claro que en la escuela muchas veces te señalaban como Ernesto Guevara, pero por lo general era más conocido como Ernesto Guevara March, que es la persona que soy realmente. El hijo de mi padre y de mi madre”.

Y como la fascinación por el icono que es su padre no tiene vistos de decrecer, Ernesto quiere destacar este punto.
“Aquellos que me quieren, me aman por la persona que soy. No sólo por el nombre Guevara”.

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