La Moneda bajo la sombra de la renuncia de Aleuy

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Al subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, se le agotó la paciencia, este lunes a primera hora canceló toda su memorándum de actividades para estos días y en un “acto inusual” a su conocido estilo trabajólico, inmediatamente posteriormente del tentempié optó por irse de su oficina en La Moneda, sin regresar en el resto de la viaje. La última vez que la autoridad socialista se fue temprano a su casa –que no fuera por motivos de salubridad en muy contadas ocasiones- fue en agosto del año 2015, un rostro de brazos caídos que tuvo un profundo sentido político: hacer certificado su quiebre con el entonces ministro del Interior, Jorge Burgos, por el manejo del paro de camioneros y sobre todo, su intención en ese momento de dar un paso al costado del gobierno.

Burgos ya no está en palacio y esta vez no fue por los camioneros, pero la molestia, el quiebre y sobre todo la amenaza de la renuncia de Aleuy se repitió tal cual ayer, al punto que a pesar de las intensas gestiones que se desplegaron para intentar convencerlo de no dimitir, hasta el final de la viaje había sido inasequible desactivar el conflicto gatillado por los últimos acontecimientos en torno al conflicto mapuche y la forma en que se ha manejado el caso de los cuatro comuneros que estaban en huelga de deseo acusados por el llamado caso Iglesias.

Es cierto que Aleuy se jugó el todo por el todo con el criterio de aplicar la Ley Antiterrorista y que el cabecilla judicial de Interior, Luis Correa Bluas, dijo el miércoles con todas sus literatura que en el gobierno “no vamos a desistirnos de la querella, no vamos a levantar la querella, no vamos a hacer una recalificación, nosotros estamos muy preocupados, así le hemos dado las instrucciones al gobierno regional de garantizar la vida y la integridad física de los imputados, pero no hay ninguna posibilidad procesal ni ninguna disposición política de retirar la querella, este es un caso de libro de delito terrorista”. Una proclamación que retumbó esforzado 48 horas a posteriori, cuando caldo la audacia presidencial de recalificar la querella para terminar con la huelga de anhelo.

Pero ese no habría sido el fondo del conflicto que se instaló en La Moneda con la posible renuncia de Aleuy y que según apuntan todas las señales, es difícil que tenga opción. Desde el sábado trascendió  en ciertos círculos de gobierno que el subsecretario estaba “muy molesto” con algunos aspectos de las declaraciones que el ministro del Interior, Mario Fernández, realizó el viernes en la oscuridad, puntualmente algunas frases posteriores a la afirmación oficial: “Enviando un proyecto que deroga prácticamente la ley antiterrorista, se convierte en un cuerpo jurídico muy difícil de invocarlo, por lo tanto no será invocado nuevamente, de partida (…) frente a algo hipotético, vamos a ver qué ocurre, nuestra valoración de la ley antiterrorista es que es un cuerpo jurídico defectuoso que no se puede invocar porque no permite que la justicia se cumpla, esa es nuestra posición”.

Fernández dijo esta frase mientras el subsecretario Aleuy terminaba en Argentina las reuniones que protagonizó en Buenos Aires con la ministra de Seguridad de dicho país, Patricia Bullrich, diálogo que fue anunciado oficialmente desde La Moneda dos días antiguamente. Nunca fueron conversadas entre ellos ni notificado previamente de ese criterio, pero sobre todo  –explicaron en el gobierno- el problema central es que dejan a la autoridad PS “con las manos amarradas”, sin ningún tipo de asfalto para comportarse delante cualquier circunstancia conflictiva que lo amerite y le restaron toda legalidad frente a las policías nacionales e internacionales.

“Si Aleuy actuó como lo hizo en el conflicto mapuche fue porque tenía antecedentes y tenía la venia presidencial para hacer todo lo que hizo, ahora quedó sin piso para operar nada”, reconoció en reserva una autoridad de gobierno.

Pero caldo la colofón de la torta ese mismo sábado 30. La entrevista que dio a El Mercurio el ministro de Avance Social, Marcos Barraza (PC), cuestionando la Operación Huracán, que tuvo el permiso de Aleuy. “La Operación Huracán se abusó de efectismo comunicacional (…) probablemente a Héctor Llaitul (líder de la CAM y detenido en este operativo) se le pudo haber detenido cuando va a firmar, él está con firma mensual y no mediante esas imágenes televisivas (…) Creo que hay hechos violentos y que hay manifestaciones delictuales que pueden tener un móvil político, pero no hay terrorismo en La Araucanía; sin lugar a dudas lo digo”.

“Se está tratando de desactivar esto, pero aún no hay solución”, repitieron diversas fuentes del gobierno hasta el final de la etapa de ayer, las que coincidieron en que el subsecretario estaría esperando que la Presidenta esté hoy martes en La Moneda, ya que por su forma de ser en absoluto daría un paso al costado con Bachelet allá y sin conversar previamente con ella. De hecho, trascendió que pidió una audiencia con la Mandataria para hoy.

Lo que habría molestado en la subsecretaria del Interior no es solamente la crítica abierta, sino el hecho –recordaron en Palacio- que si admisiblemente Explicación Social lleva el tema indígena dicha cartera poco y mínimo ha hecho relucir todo el trabajo del gobierno estos abriles para revertir las condiciones de desigualdad y pobreza de la Araucanía y el ministro PC se ha mantenido cómodamente al beneficio del tema todos estos meses, sin respaldar ningún costo político.

A eso se sumaría que con dichas declaraciones Aleuy aparece públicamente cuestionado desde el propio Palacio y sin que nadie de sus inquilinos más relevantes hiciera falta delante sus declaraciones. Es más, algunas versiones apuntaron que desde el segundo tierra de La Moneda sabían previamente del tenor de la entrevista que haría la autoridad PC, sin advertirle al subsecretario.

Altas fuentes de gobierno dijeron que eso no fue así, que todos fueron “sorprendidos” por la entrevista de Barraza, que se le llamó la atención, que se le pidieron explicaciones y que frente a eso, habría argumentado que lo hizo porque necesitaba dar una señal política pública para evitar así que naufrague la consulta indígena.

Delante todo este escena, ya el domingo en la indeterminación comenzaron los movimientos en el entorno de Aleuy, oportuno a que a esa importancia el subsecretario se inclinaba por dejar el gobierno para lo cual habrían tomado los resguardos que implica una valentía de esa naturaleza. Desde primera hora del lunes, el equipo de trabajo del subsecretario cayó en un férreo hermetismo y la preocupación por su eventual salida se instaló en varios sectores del gobierno.

Inquilinos de palacio dijeron que este quiebre es existente y musculoso, pero no era tan severo como la del paro de los camiones y esa vez, optó por quedarse. Cerca de memorar que ese 2015 la Confederación de Transporte y Carga de Pimiento (CNTC) realizó una caravana de protesta desde el sur con rumbo a La Moneda y Aleuy, a cargo del conflicto, advirtió cuando ya estaban ad portas del contorno de la Región Metropolitana que no entrarían camiones a la Arboleda. Pero al día sucesivo, Burgos lo desautorizó a tal punto que no solo entraron, sino que desfilaron frente a la sede de gobierno en horario prime de las noticas en vivo y en directo, adjunto con aceptar a sus dirigentes esa misma perplejidad.

Si hay poco que se dice de Aleuy en todo el gobierno y en La Moneda es que delante todo es “un soldado fiel” a la Presidenta Michelle Bachelet. Pertenece a ese montón del PS -especialmente radicado en la Nueva Izquierda- que asumió el “trauma político” de 1973 y resolvió no cometer dos veces en la historia el mismo error de no ser leales contra singladura y marea a un Mandatario  socialista. El subsecretario es el que ha instalado internamente la premisa que es Bachelet quien fue elegida por votación popular, que todos en Palacio, incluidos ministros y subsecretarios, son funcionarios de ella y por ende, sus decisiones se acatan, aun cuando no se compartan.

Por ese mismo credo político que lo caracteriza es que no pocos ayer en el gobierno reconocían estar al tanto de la molestia de Aleuy como de la tensión interna que se instaló en La Moneda los últimos días, pero dudaban que el desenlace sea su renuncia. “Es cierto está golpeado, muy molesto, pero es imposible que se vaya, la lealtad a la Presidenta es a todo costo y a toda costa, está en el gen de ese grupo PS, él es el ejemplo absoluto de eso”, precisó una autoridad de la despacho bacheletista.

Tensa paciencia

Pero al parecer en esta ocasión es más trascendental que el caso de los camiones y la paciencia definitivamente se le agotó a Aleuy, porque todos los despliegues políticos que se realizaron  para tratar de desactivar el conflicto y contrarrestar su renuncia no llegaron a puerto.

La Presidenta Bachelet este lunes estuvo todo el día de viaje por la Región de Aysén, donde inauguró el Hospital de Puerto Aysén, firmó el decreto que recategoriza la Reserva Forestal Cerro Castillo a Parque Doméstico Cerro Castillo y amplía el parque Isla Penitente y visitó la ampliación del radio de Movimiento Aeropuerto Balmaceda. A pesar de la memorándum y la distancia, monitoreó el incendio político que tenía en Santiago, no por cero la jefa de recibidor de la Presidenta, Ana Lya Uriarte, cruzó el patio de los cañones rumbo a las oficinas de Interior y tras largas conversaciones, salió con el ceño fruncido y un evidente rictus de preocupación.

Misma espectáculo que se repitió al medio día con el diputado PS, Osvaldo Andrade, quien llegó en silencio y discretamente a La Moneda, directo a la oficina del subsecretario donde estuvo 45 minutos, salió sin hacer declaraciones y, según explicaron en Palacio, sin una opción siquiera.

A pesar del esforzado vínculo político que une a Bachelet, Uriarte, Andrade y Aleuy, el peso de esa trenza socialista de la Nueva Izquierda ayer no habría acabado resultados ni evitado la crisis, que se desata en el peor momento, ad portas de la elecciones, a cinco meses que termine esta filial. Es mayoritaria la leída interna en el gobierno que si Aleuy renuncia es el peor de los escenarios, porque  se “desfonda” la presente filial, ya que es el subsecretario PS ha sido quien tras bambalinas ha cumplido estos tres abriles y medio la tarea política de “afirmar la estantería” de La Moneda, solucionar conflictos políticos adentro y fuera de los muros de Palacio.

“Se está tratando de desactivar esto, pero aún no hay solución”, repitieron diversas fuentes del gobierno hasta el final de la marcha de ayer, las que coincidieron en que el subsecretario estaría esperando que la Presidenta esté hoy martes en La Moneda, ya que por su forma de ser nones daría un paso al costado con Bachelet allá y sin conversar previamente con ella. De hecho, trascendió que pidió una audiencia con la Mandataria para hoy.

Con todo lo sucedido, ayer más de uno en el gobierno vio el “fantasma” del ex ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, quien tras todas las señales que La Moneda le dio para desempeñarse en una camino en el caso del esquema Dominga, a última hora se decidió rechazarlo, sin advertirle y quedando públicamente sin tierra, desautorizado. Eso desató una crisis que se prolongó por días, que enfrentó al ex dirigente fiscal públicamente con la Presidenta que concluyó con la renuncia de Valdés y la salida del resto del equipo crematístico del gobierno.