Michael Löwy advierte sobre la crisis ecológica: “Es un tren suicida que avanza, con una rapidez creciente, hacia un abismo”

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Michael Löwy -destacado sociólogo y filósofo marxista- explica detalladamente qué es el eco-socialismo y concuerda con Noam Chomsky, en el sentido de que la crisis ecológica es más importante que la crisis económica.

“¡Estoy enteramente de acuerdo con Noam Chomsky! La crisis económica es grave, porque le sirve a las clases dominantes, al capital financiero, para aplicar sus recetas neo-liberales, agravando el desempleo, destruyendo conquistas sociales, privatizando los servicios públicos, etc. Pero la crisis ecológica es algo mucho más importante, y mucho más peligroso porque amenaza las condiciones de vida de la humanidad en el planeta”.

-¿Qué es el Eco-Socialismo y cuáles son sus referentes?

-El eco-socialismo es una alternativa radical al capitalismo que resulta de la convergencia entre la advertencia ecológica y la advertencia socialista (marxista). Su premisa fundamental es que la preservación de un dominio natural benévolo para la vida en el planeta es incompatible con la deducción expansiva y destructiva del sistema capitalista. No se pueden excluir los equilibrios ecológicos fundamentales del planeta sin atacar al sistema, no se puede separar la pelear por la defensa de la naturaleza del combate por la transformación revolucionaria de la sociedad.

Existe hoy una corriente eco-socialista internacional que con ocasión del Foro Social Mundial de Belem (enero de 2009) publicó una manifiesto sobre el cambio climático, firmada por centenas de personas de 45 países. Entre sus precursores se encuentran figuras tales como Manuel Sacristán (España), Raymond Williams (Inglaterra), André Gorz (Francia), James O’Connor (Estados Unidos), y entre sus representantes actuales están el co-autor del “Manifiesto Ecosocialista Internacional” (2001)[1] Joel Kovel (Estados Unidos), el marxista ecológico John Bellamy Foster (Ibíd.), el indigenista peruano Hugo Blanco, la eco-feminista canadiense Terisa Turner, el marxista belga Daniel Tanuro, y muchos otros.

-¿En qué se diferencian de otros modelos ecologistas o socialistas?

El eco-socialismo se disocia de dos modelos inoperantes: 1) La ecología conformista, que adapta sus propuestas al mercado y rebusca desarrollar un “capitalismo verde” – es asegurar una ilusión nefasta o, en muchos casos, una mistificación. 2) El pretendido “socialismo real” (la fallida URSS, China, etc.), el cual no fue más que una caricatura burocrática del socialismo basada en una imitación servil del dispositivo técnico capitalista y en un productivismo anti-ecológico tan destructor de la naturaleza como su equivalente occidental.

-Detalle con más claridad cuáles son sus propuestas.

-El eco-socialismo propone una reorganización del conjunto de modo de producción y de consumo basada en criterios exteriores al mercado capitalista: las deyección reales de la población y la defensa del inmovilidad ecológico. Esto significa una posesiones de transición al socialismo, en la cual la propia población – y no las “leyes de mercado” o un Buró Político autoritario- decidan, en un proceso de planificación democrática, las prioridades y las inversiones.

Esta transición conduciría no sólo a un nuevo modo de producción y a una sociedad más igualitaria, más solidaria y más democrática, sino todavía a un modo de vida rotativo, una nueva civilización eco-socialista más allá del reino del plata, de los hábitos de consumo artificialmente inducidos por la publicidad, y de la producción al infinito de mercancías inútiles. El “Buen Vivir” de la tradición indígena de las Américas es una importante fuente de inspiración para esta alternativa.

-¿Cuáles son los principales aportes del Eco-Socialismo a la teoría marxista y la habilidad de las organizaciones de izquierda?

-Muchos ecologistas critican a Marx por considerarlo un productivista. Tal crítica nos parece completamente equivocada: al hacer la crítica del fetichismo de la mercancía, es equitativamente Marx quien coloca la crítica más radical a la razonamiento productivista del capitalismo, la idea de que la producción de más y más mercancías es el objeto fundamental de la heredad y de la sociedad.

El objetivo del socialismo, explica Marx, no es producir una cantidad infinita de intereses, pero sí disminuir la marcha de trabajo, dar al trabajador tiempo vacuo para participar de la vida política, estudiar, juguetear, galantear. Por lo tanto, Marx proporciona las armas para una crítica radical del productivismo y, notablemente, del productivismo capitalista. En el primer comba del “El Capital”, Marx explica cómo el capitalismo agota no sólo las fuerzas del trabajador, sino asimismo las propias fuerzas de la tierra, agotando las riquezas naturales. Así, esa perspectiva, esa sensibilidad, está presente en los escritos de Marx, sin secuestro, no ha sido suficientemente desarrollada.

-¿Cómo debe ser una revolución socialista de acuerdo a la perspectiva eco-socialista?

-En primer motivo, quiero aclarar que algunos escritos de Marx, y sobretodo de Engels (el “Anti-Dühring” por ejemplo) plantean que la tarea de una revolución sería sólo cambiar las relaciones de producción, que se han convertido en trabas al vaco avance de las fuerzas productivas. Creemos que, desde una perspectiva eco-socialista, se necesita de una visión mucho más radical y profunda de lo que debe ser una revolución socialista. Se trata de mudar no sólo las relaciones de producción y las relaciones de propiedad, sino la propia estructura de las fuerzas productivas, la estructura del máquina productivo. Hay que aplicar al dispositivo productivo la misma deducción que Marx pensaba para el ingenio de Estado a partir de la experiencia de la Comuna de París cuando aquel decía lo posterior: “los trabajadores no pueden apropiarse del aparato del Estado burgués y usarlo al servicio del proletariado, no es posible, porque el aparato del Estado burgués nunca va a estar al servicio de los trabajadores. Entonces, se trata de destruir ese aparato de Estado y crear otro tipo de poder”.

Esa razonamiento tiene que ser aplicada igualmente al artilugio productivo: el cual tiene que ser, sino destruido, al menos radicalmente transformado. Este no puede ser simplemente apropiado por las clases subalternas, y puesto a trabajar a su servicio, pues necesita ser estructuralmente transformado. A forma de ejemplo, el sistema productivo capitalista funciona sobre la colchoneta de fuentes de energía fósiles, responsables del calentamiento general – el carbón y el petróleo – de modo que un proceso de transición al socialismo solo sería posible cuando se diera la sustitución de esas formas de energía por energías renovables: por ejemplo el agua, el singladura y, sobretodo, la energía solar.

Por eso, el eco-socialismo implica una revolución del proceso de producción, de las fuentes energéticas. Es increíble separar la idea de socialismo, es opinar de una nueva sociedad, de la idea de nuevas fuentes de energía, en particular del sol – algunos eco-socialistas hablan ya de un “comunismo solar”, pues entre el calor, la energía del Sol, el socialismo y el comunismo habría una especie de afinidad electiva.

-¿Puntada con solo transfigurar el dispositivo productivo?

-No, es necesario modificar asimismo el patrón de consumo, todo el modo de vida en torno al consumo, que es el patrón de capitalismo basado en la producción masiva de objetos artificiales, inútiles, y peligrosos. Por eso se trata de crear un nuevo modo de consumo y un nuevo modo de vida, basado en la satisfacción de las verdaderas deposición sociales, lo cual es poco completamente diferente de las presuntas y falsas deyección producidas artificialmente por la publicidad capitalista. De ello se desprende pensar la revolución eco-socialista como una revolución de la vida cotidiana, como una revolución por la eliminación de la civilización del hacienda y de la mercancía impuesta por el capitalismo.

El eco-socialismo no es sólo la perspectiva de una nueva civilización, una civilización de la solidaridad- en el sentido profundo de la palabra, solidaridad entre los humanos, pero asimismo con la naturaleza-, es todavía una organización de lucha, desde ya, aquí y ahora. No se trata de esperar hasta el día en que el mundo se transforme, sino a comenzar desde ya, ahora, a batallar por esos objetivos. Se trata de promover la convergencia, la articulación entre luchas sociales y luchas ecológicas, las cuales tienen el mismo enemigo: el sistema capitalista, las clases dominantes, el neo-liberalismo, las multinacionales, el FMI, la OMC. Los indígenas de América Latina, desde las comunidades andinas del Perú hasta las montañas de Chiapas, están en la primera segmento de este combate en defensa de la Madre Tierra, de la Pachamama, en contra del sistema.

-Noam Chomsky ha afirmado en abriles recientes que la crisis ecológica es más importante que la crisis económica: ¿qué opina sobre esta frase?

-¡Estoy enteramente de acuerdo con Noam Chomsky! La crisis económica es oneroso, porque le sirve a las clases dominantes, al hacienda financiero, para aplicar sus recetas neo-liberales, agravando el desempleo, destruyendo conquistas sociales, privatizando los servicios públicos, etc. Pero la crisis ecológica es poco mucho más importante, y mucho más peligroso porque amenaza las condiciones de vida de la humanidad en el planeta.

-¿A que se refiere cuando usted palabra de un posible eco-suicidio planetario?

-La civilización capitalista industrial moderna es un tren suicida que avanza, con una prontitud creciente, cerca de un sima: el cambio climático, el calentamiento completo. Se trata de un proceso dramático que ya empezó, y que podrá tolerar en las próximas décadas a una catástrofe ecológica sin precedente en la historia humana: elevación de la temperatura, desertificación de las tierras, desaparición del agua potable y de la mayoría de las especies vivas, multiplicación de los huracanes, elevación del nivel del mar -hasta que Londres, Ámsterdam, Venecia, Shanghái, Rio de Janeiro y las demás ciudades costeras queden bajo el agua. ¿A partir de un cierto nivel de elevación de la temperatura, será aún posible la vida humana en este planeta? Nadie puede contestar con seguridad esta pregunta.

¿Es dicho eco-suicidio planetario una situación hipotética, o correctamente es una posibilidad concreta para las próximas décadas?

-Los científicos, como James Hansen -durante muchos abriles el climatólogo da la NASA en Estados Unidos- nos explican que el cambio climático no se desarrollará en forma progresivo, sino que con saltos cualitativos. A partir de un cierto nivel de calentamiento -2° centígrados más allá de las temperaturas pre-industriales- el proceso se tornará irreversible e imprevisible. Esto puede suceder en las próximas décadas, sobre todo si se confirman una serie de evidencias científicas recientes: derretimiento de los hielos de los polos con más celeridad de lo previsto; masivas emisiones de metano (un gas con mucho decano impresión de invernadero que el CO2) por el derretimiento del permafrost en Siberia, Canadá, etc. Nadie puede prever cuando se dará el variación, y por lo tanto no tienen sentido las previsiones que se refieren al año 2100.

-Una serie de científicos han comenzado a alertar sobre una gran crisis planetaria en el caso de que el calentamiento total supere los 2 grados centígrados, produciendo con ello un importante quiebre de los sistemas agrícolas. Ideas similares han venido siendo discutidas en el ámbito de los estudios energéticos, planteándose la posibilidad de una crisis estructural cercana del capitalismo como producto del agotamiento del petróleo y los combustibles fósiles (aberración denominado como Peak Oil)[3]. ¿Cómo se relacionaría la idea en torno al peligro de un eco-suicidio planetario con la posibilidad de un aberración de colapso capitalista, aquello como consecuencia del avance de la crisis ecológica en el futuro próximo?

-En primer puesto: no tiene sentido discutir del Peak Oil como se hacía aún hace algunos abriles. El problema no es el agotamiento del petróleo, sino que hay demasiadas reservas de petróleo y carbón. Si se queman estas reservas fósiles, el calentamiento mundial será obligatorio y catastrófico.

Ahora acertadamente, la crisis ecológica, por sí misma, no lleva a un colapso del capitalismo. El capitalismo puede sobrevivir en las peores condiciones energéticas y agrícolas. No hay ningún mecanismo inevitable que lleve a un colapso capitalista. Habrá crisis terribles, pero el sistema encontrará alguna salida, en forma de guerras, dictaduras, movimientos fascistas, etc. Así fue en los abriles 1930 y así puede advenir en el futuro. Como decía Walter Benjamin: “el capitalismo nunca va morir de muerte natural”. Si queremos poner un fin al sistema capitalista, esto solo será posible por un proceso revolucionario, una acto histórica colectiva anticapitalista. El capitalismo solo desaparecerá cuando sus víctimas se levanten en contra de él, y lo supriman.

-Marx afirmó en el “Manifiesto Comunista” que la historia de la humanidad ha sido hasta hoy la historia de la lucha de clases, y que esta lucha terminó siempre en la trofeo de una clase sobre otra… o correctamente “en la destrucción de las dos clases en conflicto”. En nuestros días, más de siglo y medio a posteriori de aquella afirmación, un equipo de investigadores financiados parcialmente por la NASA ha hecho notorio un estudio en el cual se sugiere, entre otras cosas, que la combinación de los género del cambio climático y los niveles de concentración extrema de riquezas, así como incluso de una futura escasez de posibles a nivel mundial, estarían a punto de producir el derrumbe de la civilización contemporánea. ¿Podríamos proponer hoy que la sincronización entre la crisis ecológica, económica y social constituiría la materialización histórica de aquella posibilidad prevista por Marx en torno a una posible autodestrucción de las clases fundamentales del capitalismo?

-Creo que se tratan de realidades distintas. La concentración extrema de riquezas no conduce a la “destrucción de las dos clases en lucha”: es sencillamente la triunfo de una de las clases, la burguesía financiera parasitaria, en contra de las clases subalternas…

Ahora acertadamente, la crisis ecológica si puede tener como resultado el derrumbe de la civilización presente, y la autodestrucción de las clases de la sociedad moderna, según la previsión de Marx. Si se permite al capitalismo destruir al planeta, todos los seres humanos serán víctimas. Pero la mentalidad de los capitalistas, en particular la oligarquía fósil -los intereses de la industria del carbón, del petróleo y sus asociados de la electricidad, del transporte, de la industria química, etc.- podría ser resumida con la famosa frase del rey francés Luis XIV: “Después de mí, que venga el diluvio”.

-Durante las primeras décadas del siglo XX, algunas importantes figuras del Marxismo tales como Lenin, Trotsky o Gramsci, debieron enredar los horrores de las Guerras Mundiales y el Fascismo. En nuestro caso, en cambio, pareciera que tenemos frente a nosotros un horizonte destructivo muy superior al que dichos revolucionarios podrían acaecer siquiera imaginado. Un ejemplo de esto puede graficarse en los enseres híper-catastróficos que podría ascender a tener pronto el cambio climático, así como todavía en el aparición de lo que algunos importantes referentes científicos han denominado como la VI Acabamiento Masiva de la Vida Terráqueo. Otra denominación en ciadura de este aberración es la de Antropoceno y su posible relación con un aberración de cese inminente de la propia especie humana[5]. ¿Es correcto para usted afirmar que nos encontraríamos a las puertas de un brinco destructivo inédito de la dinámica capitalista?

-Hay un consenso creciente entre los científicos en torno a que hemos entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno, una era en la cual la bono humana -de hecho, la civilización capitalista industrial moderna- determina los equilibrios del planeta, para comenzar el clima. Una de las características del Antropoceno es el proceso de la VI Terminación Masiva de las Especies Terrestres, que ya empezó.

La elevación de la temperatura integral encima de 2° centígrados tendrá sin dudas posesiones “híper-catastróficos”, que no se pueden comparar con otros eventos históricos (guerras, etc.), sino sólo con eventos de otras eras geológicas cuando, por ejemplo, la mayoría de las costas de los continentes actuales estaba bajo el mar.

No creo que se pueda afirmar que la cese de la especie humana sea “inminente”. Es un peligro efectivo, una amenaza, pero en las próximas décadas.

-Hace más de un siglo Rosa Luxemburgo lanzó una de las tal vez más oscuras advertencias de la tradición marxista: esto es, su famosa frase de “Socialismo o Barbarie”. En el caso de Walter Benjamin es igualmente conocida su advertencia en torno a la exigencia de “cortar la mecha antes de que la chispa llegue a la dinamita”, esto haciendo referencia a la posibilidad de un “fin catastrófico” (imagen) del exposición capitalista. Hoy, cuando ha pasado más de un siglo en el cual el capitalismo ha seguido imponiendo su voluntad a costa de la humanidad completa… ¿es posible sostener que la barbarie ha triunfado… o aceptablemente que se encontraría cerca de hacerlo?

-La barbarie no ha triunfado aún. Siquiera sabemos si se encuentra cerca de hacerlo. Todo depende de la capacidad de resistor de las víctimas del sistema: es asegurar, incluso, de nosotros. El fatalismo es un error político. Como decía Gramsci, necesitamos el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad.

-En décadas recientes, algunas de las ideas-fuerza más importantes que la intelectualidad capitalista integró en su programa ideológico fueron aquellas más o menos de los conceptos de “fin de la historia”, “fin de la lucha de clases” y “fin de la clase obrera”. Dejando a un costado el evidente triunfalismo capitalista que acompañó el ampliación de dichas ideas durante los 80’s y 90’s… ¿pueden considerarse hoy dichos conceptos, de cara al posible eco-suicidio planetario que podría traer consigo la crisis ecológica, como verdaderas “intuiciones teóricas” (inconscientes) de la clase capitalista respecto a la dinámica auto-destructiva (terminal) que se abría con el ciclo neoliberal? ¿Es el peligro del “fin de la historia” hoy un peligro efectivo?

-El posible eco-suicidio planetario es un peligro verdadero, pero cero tiene que ver con los discursos ideológicos del “fin de la historia” o de la lucha de clases, que proclamaban la perpetuación del capitalismo neo-liberal. Al revés, la lucha de clases es el método para poner un fin a la dinámica auto-destructiva del hacienda.

-¿Cómo podemos pensar esta situación desde el Marxismo y prepararnos para un círculo de crisis con una magnitud posiblemente muy superior a la que enfrentó el campo de las luchas sociales en los últimos siglos?

-El Marxismo nos permite entender la naturaleza destructiva del capitalismo, su tendencia inexorable a la expansión perpetua, y luego su contradicción con los límites naturales del planeta. El Marxismo nos permite ubicar en las víctimas del sistema, en las clases y grupos oprimidos y explotados el sujeto posible de una transformación anticapitalista. Finalmente, el Marxismo nos propone, con el programa socialista, los fundamentos de una alternativa radical al sistema. Pero, sin dudas, como hemos planteado más en lo alto, necesitamos una reformulación eco-socialista de las concepciones marxistas.

-¿Es la Revolución Social y una política anti-capitalista que se plantee la desposeimiento de la burguesía y la toma del poder de los trabajadores un paso necesario ya sea para frenar el desastre que se avecina, o admisiblemente para prepararnos para resistir el colapso?

-Frenar el desastre es una tarea inmediata. Cada cañería de petróleo que se interrumpe, cada central eléctrica de carbón que se cierra, cada bosque que se protege contra la voracidad destructora del hacienda, frena el desastre. Pero sólo se podrá impedir el derrumbe de la civilización humana destruyendo al sistema con una Revolución Socio-ecológica.

-¿Es necesario adaptar el programa y la política de la Revolución Socialista de cara a los nuevos peligros que supone la combinación entre crisis ecológica, económica y social durante el presente siglo? ¿Qué rudimentos nos entrega el Manifiesto Eco-Socialista para esta tarea?

-El “Manifiesto Eco-Socialista” no tiene la respuesta a todos estos interrogantes. Sencillamente plantea que el socialismo del siglo XXI tiene que ser un socialismo ecológico, y vice-versa: de poco nos sirve una ecología que no sea socialista. Su principal conclusión es que el sistema capitalista es incompatible con la preservación de la vida en nuestro planeta. El programa socialista tiene que transformarse en programa eco-socialista, integrando de guisa mucho mas central la cuestión de la relación con la naturaleza que en la tradición socialista o comunista del siglo XX.

-Uno de los principios fundamentales del Marxismo Revolucionario ha sido el de defender el rol de la clase obrera como sujeto social de la Revolución Socialista. Ahora admisiblemente, si consideramos que un posible colapso civilizatorio inminente se asociaría al derrumbe de la sociedad industrial y, por ende, a la desintegración del propio sujeto artesano en vastas regiones del planeta… ¿es posible seguir defendiendo la centralidad del movimiento operario en la lucha de clases y el esquema socialista?

-La combinación de las crisis “tradicionales” del capitalismo y la crisis ecológica crea las condiciones para una amplia alianza de fuerzas sociales en contra del sistema. Potencialmente, como lo planteaba “Occupy Wall Street”, los 99% que no tienen un interés fundamental en la mantención del sistema, son actores posibles para su superación. De hecho, desde la Conferencia Intergaláctica de los Zapatistas en Chiapas en 1996, y los eventos de Seattle en 1999, hasta los movimientos recientes de Indignados, vemos los primeros principios de esta coalición anti-sistémica. Participan en ella sindicalistas, ecologistas, movimientos indígenas, campesinos, movimientos de mujeres, asociaciones cristianas, corrientes revolucionarias, movimientos de la adolescencia, grupos de vecinos, militantes socialistas, comunistas y anarquistas. Hoy en día en América Latina las comunidades indígenas y campesinas están en la vanguardia de las luchas socio-ecológicas, anti-neo-liberales, anti-imperialistas y anti-capitalistas. Pero en extremo exploración, la principal fuerza de esta coalición son los trabajadores, en el sentido amplio: los que viven de la traspaso de su fuerza de trabajo, o de su proprio trabajo individual o comunitario. Esta amplia clase de trabajadores, que no debe ser confundida solamente con los obreros industriales, constituye la mayoría de la población, y sin su batalla colectiva ninguna revolución será posible.

-Otro de los principios tradicionales del Marxismo durante el siglo XX fue el de defender la falta del control artesano de la producción, la planificación mundial de la heredad y la distribución socialista de las riquezas como vías para satisfacer las deyección materiales del conjunto de la humanidad. Ahora acertadamente, si consideramos que la crisis ecológica que se avecina (y el tipo de quiebre nutritivo que aquella traerá consigo a nivel integral) podría implicar que incluso dichas medidas serán ya insuficientes (ineficaces) para dar respuesta a las deyección de la población mundial, esto oportuno a la alcance que tendrá la crisis ecológica y la inexistencia de tecnologías capaces de afianzar una adecuada producción agrícola frente a un escena de cambio climático híper-catastrófico… ¿Qué hacer? ¿Cómo resolver esta visible paradoja en la cual un sector de la humanidad pareciera estar ya perdida (muerta) para el esquema socialista? Más todavía… ¿es posible resolverla?

-Creo que es prematuro discutir de qué hacer cuando el calentamiento total supere a los 2° centígrados… Nuestra tarea en las próximas décadas es tratar de impedir esto, promoviendo las luchas socio-ecológicas, las varias resistencias anticapitalistas y la consciencia ecosocialista. El objetivo es la eliminación del capitalismo, la planificación ecosocialista – en escalera nave, doméstico, continental, y, en algún momento, mundial- la distribución de la riqueza y el control tolerante (no sólo “obrero”) de la población sobre la producción y el consumo.

Por supuesto, es posible que seamos derrotados, y que la humanidad sea llevada por el capitalismo a una catástrofe. Pero en el momento histórico contemporáneo, tenemos que sufrir delante, con todas nuestras fuerzas, este esencial combate para evitar el desastre.

-Teniendo en cuenta la alcance de las amenazas implicadas en la crisis ecológica presente… ¿por qué aquellas han sido tan escasamente tratadas en el ámbito de las organizaciones de la izquierda? ¿Es necesario discutir estas amenazas: por ejemplo la pronta agudización del problema alimenticio mundial y de la escasez de agua, el posible quiebre de las cadenas productivas de fortuna básicos, el exposición de eco-guerras imperialistas, o aceptablemente la propia posibilidad del colapso del capitalismo y la civilización, tomándolos como nuevos problemas estratégicos fundamentales de la teoría y la practica marxista del siglo XXI?

-Hay varias explicaciones posibles para el retraso en la toma de consciencia ecológica de la izquierda:

1) El dogmatismo, la repetición de lo tradicional, la resistor a aceptar cambios en la teoría y la destreza.

2) El economicismo, la reducción de la política a intereses corporativos inmediatos: por ejemplo “salvar el empleo”, esto sin cuestionar las consecuencias humanas, sociales o ecológicas de estos “empleos”.

3) La influencia de la ideología burguesa del “progreso”, identificado con la expansión, el “crecimiento” de la pertenencias, la producción de más y más mercancías, y el consumismo.

4) El carácter futuro de las amenazas ecológicas -colapso de la civilización- en comparación con los problemas económicos inmediatos: la crisis, el desempleo, etc.

-En el caso de la izquierda anti-capitalista chilena y argentina (por ejemplo en el ámbito trotskista, anarquista, guevarista o indigenista) ninguna estructura ha integrado hasta ahora estas discusiones en los respectivos debates teóricos y estratégicos centrales de sus corrientes, así como siquiera al nivel de sus programas, examen de la existencia internacional, políticas de bono, tácticas de intervención, etc. Una muestra de aquello son en Pimiento los grupos anarquistas que toman como referente a la ex presidente de la FECH Melissa Sepúlveda, o perfectamente el caso del PTR y su dirigente Bárbara Brito a nivel estudiantil. Otro ejemplo lo constituye el PTS argentino y su víscera La Izquierda Diario. ¿Qué llamado podría hacer a las organizaciones de izquierda y a los movimientos sociales en América Latina para comenzar a combatir estos problemas con la importancia que merecen?

-En varios países del mundo -en Europa, Estados Unidos, América Latina- vemos cada vez más sectores de la izquierda anticapitalista que se definen como ecosocialistas. Es lo que ha pasado, ya hace varios abriles, con la Cuarta Internacional. En Estados Unidos existe una importante corriente ecosocialista que se manifiesta en revistas marxistas como “Monthly Review”, “Capitalism, Nature and Socialism”, “Against the Current”, etc. Hay que mencionar incluso la ecología social de sensibilidad anarquista, fundada por Murray Bookchin, que es sobrado cercana al ecosocialismo. Uno de los grandes pensadores del indigenismo en América Latina, Hugo Blanco, proclama que las comunidades indígenas ya practicaban el ecosocialismo hace siglos. Podríamos dar varios otros ejemplos.

Pero sin duda muchos grupos de la izquierda anticapitalista están allá aún de suceder integrado, de guisa decisiva, la cuestión ecológica en su concepción del socialismo y de la revolución. Es nuestra tarea convencerlos, pacientemente, en una discusión fraternal. Pero quizás más que nuestros argumentos, serán los hechos, cada vez más graves en los próximos abriles, los que harán cambiar sus ideas.