Nieta mulata de jerarca nazi de la ‘lista de Schindler’: “He luchado contra un secreto tóxico”

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Jennifer Teege descubrió por azar en 2008, en una biblioteca pública de Hamburgo, Alemania, que su yayo era Amon Göth, el comandante facha del campo de concentración de Plaszow, en Cracovia, conocido por la película ‘La nómina de Schindler’ de Steven Spielberg, y por sus sádicas costumbres, como disparar a los prisioneros del campo desde su terraza o pegar a sus sirvientas judías con un vergajo (Minga del toro que, sequía y retorcida, se usa como correa), consigna hoy el diario castellano El País.com

La mujer, cuya piel es mulata, cuenta su historia en su ejemplar “Mi yayo me habría pegado un tiro” (Nagrela editores), editado en Alemania en 2013 y que ahora se publica en castellano.

“La culpa genética no existe. Mi única responsabilidad como alemana es no callarme. He luchado contra un secreto tóxico”, reflexiona Teege, quien agrega: “Necesitaba su distancia y también incluir, de su mano, otras voces. Era la forma de centrarme en mi propio viaje sin dejar fuera el resto de la historia”.

Bajo al mando de su anciano, al menos 8.000 prisioneros fueron asesinados y otros 80.000, en su mayoría hombres, mujeres y niños judíos, fueron enviados a las cámaras de gas de Auschwitz.

En 1946, un año posteriormente del arranque de su hija, fue condenado a asesinato y ahorcado.

Cuando la madre de Teege tenía seis meses y la paseaban en un coche, un hombre la acuchilló en el cuello. Se salvó de prodigio, señala el medio hispano.

“Ese padre es el tema de su vida, algo que constituye su identidad. Algo que ha ocupado tanto que quizá no le quedaba espacio para otras personas, para el papel de madre, para mí”, advierte la mujer en su ejemplar.

“Cada historia es diferente, pero lo cierto es que muchas de las familias de los nazis han crecido con una carga difícil de gestionar y sin la oportunidad de construirse una identidad que no esté ligada a su familia”, recalca.

“Con mis hijos he sido transparente y cuidadosa, les he protegido mucho para que conozcan la verdad sin que les duela y, cuando sean adultos, que decidan por ellos mismos dónde la colocan en sus vidas”, concluye.