Pensar la educación desde el final

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El campeón mundial Capablanca aconsejaba a sus estudiantes comenzar el estudio del ajedrez por el final. Decía que un buen atleta realiza cada movimiento calculando si facilita o no una posición final benévolo. Primero se necesita claridad de qué posición se quiere alcanzar y cómo sacarle el mayor provecho. En Educación 2020 estamos elaborando nuestro Plan Doméstico de Educación y compartimos la premisa de Capablanca respecto de nuestra educación escolar.

Quienes hemos trabajado en colegios sabemos la infinidad de burocracias, obligaciones y programas que roban nuestro tiempo, sin entender por qué ni cómo impacta en nuestros estudiantes. Puntada revisar las investigaciones de equipos directivos en Pimiento, donde una y otra vez reclaman que la longevo parte del día se les va en tareas administrativas, y la último, en tareas relacionadas con el liderazgo pedagógico. Esto no es casualidad, sino el resultado de un sistema poco coherente y con error de visión.

Partir por el final significa que las autoridades educacionales dejen de elaborar políticas educativas con la esperanza de que éstas impacten en el formación de los estudiantes, en su espacio, hay que poner el formación en el centro y luego elaborar políticas que faciliten que éste se produzca.

Sabemos que el formación se juega en la relación docente-aprendizaje-estudiantes (el núcleo pedagógico), entonces por ahí debemos comenzar y preguntarnos: ¿Qué acciones aumentan la motivación de los estudiantes?, ¿qué medidas fomentan el progreso de las capacidades y trabajo colaborativo entre docentes?, ¿cómo se construye un currículum de mejor nivel, que responda a los desafíos del siglo XXI?

Con el núcleo pedagógico como prontuario, revisaremos qué tipo de apoyo forastero necesitan hoy las escuelas para mejorar su trabajo. Así, el rol que deben cumplir los sostenedores y programas de formación estarán en función de lo que las escuelas demandan pedagógicamente, no de lo que otros creen que necesitan. Lo mismo sucederá con temas macro, como financiamiento y liderazgos intermedios, donde la discusión debe centrarse a qué cambios son necesarios para que se facilite el rol de los sostenedores y escuelas.

La única forma de mejorar el formación de nuestros niños, niñas y jóvenes es tejiendo un traje a la medida para los colegios, fortaleciendo un sistema educativo coherente y articulado, donde cada audacia tenga en el centro la alivio de los aprendizajes y la equidad.

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