¿Por qué al País Vasco, Cataluña y Galicia se les llama “nacionalidades históricas” y en qué se diferencian del resto de España?

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España es un país poliédrico: un Estado descentralizado y con una compleja estructura territorial en el que conviven, adyacente a la española, identidades nacionales y regionales diversas.

La creciente tensión entre el gobierno castellano y el gobierno catalán, con las sombras cada vez más reales de una posible explicación partidista de la independencia en Cataluña y de la suspensión de la autonomía de este distrito, ha puesto sobre el tablero internacional esta existencia que -sobre todo desde fuera- puede advenir desapercibida.

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Al independentismo catalán -muy visible en los últimos años- se suman otros movimientos nacionalistas que no aceptan la identidad española de sus respectivos territorios.

Banderas del País Vasco.

El nacionalismo vasco es quizá el más conocido y el que viejo apoyo social y representación política tiene, tanto en el País Vasco como (en último medida) en la vecina Navarra.

Asimismo Galicia, Comunidad Valencia, Baleares, Canarias y otros territorios tienen movimientos nacionalistas de último peso cuyas reivindicaciones van desde demandar anciano autonomía hasta demandas de independencia. Los matices se reproducen casi en cualquier comunidad.

Nación vs cuna

Pero las actuales tensiones territoriales en España no son poco inédito ni nuevo.

La Constitución española, aprobada en 1978, tres abriles a posteriori de la asesinato del caudillo Francisco Franco, establece que la “soberanía nacional reside en el pueblo español” y reserva el término “nación” para el conjunto de España.

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Sin bloqueo, el mismo texto introduce la idea de que en España existen diversas “nacionalidades” a las que se les reconoce “el derecho a la autonomía”.

¿Qué significa este concepto? ¿Por qué el término “nacionalidad histórica” se reservó, al menos durante los primeros abriles de la transición, para denominar a Cataluña, País Vasco y Galicia?

“Para entender un poco la situación actual habría que remontarse a la II República, es decir, a la constitución del año 31, porque fue ahí por vez primera en el siglo XX que en un texto constitucional en España se prevé que pueda haber una descentralización política”, le dice a BBC Mundo Miguel Serafín Fresno, profesor de derecho de la Universidad de Oviedo.

República.

“Cuando se hizo la Constitución del 78, una de las ideas era tratar de resolver el problema territorial en España, es decir, que había partes del territorio que habían sentido un cierto sentimiento de diferenciación. Y cuando se habla de nacionalidades históricas, el sentido que tiene no es el de unos territorios que tengan una historia propia, sino que se está pensando en los territorios que en la II República ya habían aprobado un estatuto de autonomía”, apunta el constitucionalista.

Las tres “nacionalidades históricas”

Entre la revelación de la II República en 1931 y el inicio de la Querella Civil en 1936, fueron tres los territorios que llegaron a aprobar sus estatutos de autonomía: Cataluña en 1932, País Vasco y Galicia, en 1936.

Por esta razón, en 1978, durante el proceso de descentralización del Estado tras casi 40 abriles de gobierno de facto del común Francisco Franco, exclusivamente estos territorios fueron considerados “nacionalidades históricas”.

En cambio, la definición y delimitación del concepto, más allá de su interpretación en aquel momento, es difusa.

“Lo de las nacionalidades históricas, ni cuando se plasmó en la Constitución, ni ahora, se tiene claro. Es un término indeterminado y pluridefinible. Nadie sabe a ciencia cierta la diferencia entre nación y país. Y cada uno le dio, ya en el 78, una interpretación. Yo creo que se quiso hacer así para que se sintieran todos cómodos”, plantea María Acracia Núñez, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad Doméstico a Distancia.

Una constitución de consenso

“¿Cuál es la principal característica de la constitución del 78? El consenso. Se trató de hacer una constitución que agradara mayormente. Y este fue el maniquí: un estado en extremo descentralizado que diera cabida a distintas sensibilidades desde el punto de perspicacia de la estructura territorial”, asegura.

rechazo

A la hora de pactar el texto constitucional en plena transición democrática intervinieron actores con concepciones de la estructura del Estado muy diversas: desde la derecha que buscaba un maniquí indivisible, hasta los federalistas y los confederalistas, pasando por los diferentes grupos nacionalistas, fundamentalmente catalanes y vascos.

Sin bloqueo, la delantera original de Cataluña, Galicia y País Vasco por ser consideradas “nacionalidades históricas” -que consistía básicamente en obtener de forma más rápida a un anciano número de competencias- se fue diluyendo.

El Estado de las autonomías

Tras la aprobación de la Constitución del 78, otras comunidades se sumaron a las demandas de autonomía y, en poco tiempo, el proceso autonómico se había generalizado.

Finalmente, España se articuló en 17 comunidades autónomas, a las que hay que sumar las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, situadas en el Boreal de África.

Cada una de esas comunidades se rige por su propio “estatuto de autonomía”, una especie de constitución que regula las competencias del gobierno autonómico.

Ya en los abriles 2000 -cuando se reformaron algunos de esos estatutos- varios territorios como Aragón, Comunidad Valenciana o Baleares, optaron por incluir la denominación “nacionalidad histórica” en los nuevos textos.

Suarez

¿Qué es el Estado de las comunidades autónomas? Es un Estado intermedio entre un Estado federal y un Estado conjunto. No es federal propiamente dicho porque en un Estado federal, los estados que conforman la unión cuentan con poder ejecutor, constitucional y procesal. Nuestras comunidades autónomas todas tienen ejecutor, todas tienen legislador (tienen parlamento), pero no tienen poder procesal, que está centralizado en el Estado”, explica María Acracia Núñez, profesora de derecho constitucional de la Universidad Doméstico a Distancia.

“A nivel de competencias y de poder, las comunidades autónomas tienen más poder que algunos landers alemanes por ejemplo”, agrega.

Diferencias entre territorios

No obstante, todavía hoy perduran diferencias entre comunidades.

Aunque áreas como la sanidad y la educación, por ejemplo, dependen plenamente de los gobiernos autonómicos, solo el País Vasco, Navarra y Cataluña cuentan con cuerpos de policía propios.

Y mientras que algunas comunidades disponen de sus propios medios de comunicación públicos, otras no los tienen.

Galicia

La diferencia más trascendental la encontramos en el País Vasco y Navarra, que gozan de una veterano autonomía fiscal que el resto de comunidades en virtud de su “régimen foral”.

Esta consideración -reconocida en la Constitución como un derecho histórico- otorga a estos territorios la potestad para regular su régimen tributario.

“Creo que esto es en parte lo que genera el sentimiento de agravio en Cataluña. Dicen: “Bueno, somos comunidad histórica, pero, ¿qué más da si al final Murcia o Asturias, por poner dos ejemplos, se han aproximado mucho a lo que tengo yo, pero yo no me he aproximado a lo que tiene el País Vasco?”, explica Fresno.

“Esto es un juicio probablemente temerario, pero yo creo que si hace 10 años tú le dices a Cataluña: “no hay problema, os vamos a dar más capacidad económica”. Y alguna cosa simbólica, incluso el carácter doméstico del demarcación… Seguramente no estaríamos en la situación presente. Aunque esto es especular con el pasado”, sugiere.