Qué significa la suspensión de la declaración de independencia de Cataluña y qué efectos puede tener

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Los luceros del mundo estaban puestos este martes en Cataluña y, por encima de todo, en el hombre que unió su destino personal a la causa de separar a esta próspera región del resto de España.

La presión sobre el presidente catalán, Carles Puigdemont, era enorme: por un flanco el gobierno castellano le exigía “volver a la legalidad”, dar un paso antes y no fallar la independencia tras meses de tensiones y enfrentamientos.

Por otro, los sectores más duros del independentismo le reclamaban una revelación particular con posesiones inmediatos.

Tras una etapa frenética, Puigdemont anunció delante el Parlamento autonómico de Cataluña que “asume” el mandato del pueblo catalán para constituirse en un Estado independiente y pidió a los diputados que suspendieran los pertenencias de la manifiesto de independencia.

Lo hizo, dijo, como un “gesto de responsabilidad y generosidad” para retornar a “extender la mano al diálogo”.

Pero la equívoco de sus palabras hizo surgir dudas acerca del capacidad de lo que había dicho: ¿”admitir el mandato” era resolver la independencia y luego pidió su suspensión o directamente había solicitado la suspensión del proceso de manifiesto de independencia, sin proclamarla?

En cualquier caso, el anuncio fue recibido con críticas desde Madrid y los partidarios de la pelotón de España y incluso con rechazo e incluso algún llorera entre los manifestantes independentistas que se reunieron en las inmediaciones de un parlamento.

Adicionalmente, luego, en un desvío sorprendente, los 72 diputados de las fuerzas independentistas (de un total de 135) firmaron un documento en el que declaraban la constitución de una “república catalana, como estado independiente y soberano, de derecho, democrático y social”.

¿Qué huella puede tener lo sucedido?

La manifiesto firmada por los diputados no se registró ni se debatió ni se votó en el pleno de la cámara, por lo que medios españoles afirman que no tiene valencia permitido.

Así fue la reacción de algunos manifestantes cuando Puigdemont pareció determinar la independencia y luego, cuando pidió su suspensión.

Encima, la propia ley catalana del referéndum, aprobada para convocar la votación que se celebró el pasado 1 de octubre y fue declarada inconstitucional, establece que debía convocarse una sesión ordinaria del Parlamento para la revelación “formal” de la independencia.

Tras ella, se daría inicio al “proceso constituyente”, poniendo en marcha la maquinaria reglamentario catalana, especialmente la ley de transitoriedad jurídica, una especie de constitución temporal.

La ley catalana igualmente contempla que los resultados oficiales del referéndum fueran presentados por la sindicatura electoral, poco que siquiera sucedió pues el víscera fue disuelto por la presión de las autoridades españolas.

“Esto es un acto político, es un acto de afirmación”, declaró Josep Rull, consiliario de País y Sostenibilidad del gobierno.

“El presidente de la Generalitat ha pedido al parlamento que se suspendiesen los efectos de la ley de transitoriedad y, por tanto, la efectividad de esta declaración de independencia con el objetivo de abrir un proceso de diálogo y esto es lo que nosotros esperamos”, añadió.

Sin secuestro, la solemnidad de la firma fue máxima. Los 72 diputados, uno a uno, desfilaron por el auditorium del parlamento tras la leída de la enunciación, anunciada por el diputado y cantautor Lluís Llach.

72 diputados firmaron una exposición de independencia.

Luego, todos a una, se pusieron en pie y cantaron a la vez “Els Segadors”, el himno doméstico de Cataluña.

En ese momento parecía que estaban dejando antes las agudas tensiones del día, durante el cual se vio a los diputados del partido independentista y anticapitalista CUP dejar con seña duro una reunión con miembros del gobierno ajustado antiguamente del pleno.

Siquiera pasó desapercibido el hecho de que fueron los únicos en las filas independentistas que no aplaudieron cuando Puigdemont terminó su discurso.

¿Qué rebusca el gobierno catalán?

El presidente catalán aseguró que la suspensión de la independencia supone un visaje de “generosidad” que búsqueda una reacción más oportuno al diálogo que la que ha tenido hasta ahora el gobierno castellano.

De hecho, las peticiones al diálogo y la mediación fueron numerosas, asimismo por parte de personas con gran peso específico en el proceso independentista, como el expresidente catalán Artur Mas, quien calificó la confesión de Puigdemont como una “oferta” para el diálogo.

Las reacciones de los manifestantes frente al parlamento fueron muy variadas.

“La oferta que hace el presidente Puigdemont es: hay que respetar el resultado del 1 de octubre, pero como él mismo ha anunciado que a efectos del gobierno de la Generalitat, los efectos de este resultado quedan momentáneamente suspendidos, esto abre la posibilidad de un diálogo con el estado español si se acoge a esta posibilidad”, dijo.

Pero una cosa es lo que asegura pretender el gobierno catalán y otra muy distinta es cómo se interprete.

“Ha sido una declaración un poco extraña y ambigua”, le dijo a BBC Mundo Lluis Orriols, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III y analista en medios de comunicación españoles.

“La lectura que se va a hacer es que se entiende por asumir el mandato como una declaración, aunque sea periférica, y que luego se pide que se suspenda en sus efectos para la negociación”.

Pero a esto ya respondió la vicepresidenta española, Soraya Sáenz de Santamaría: “Ni el señor Puigdemont ni nadie puede pretender, sin volver a la legalidad y a la democracia, imponer una mediación”.

En una protesta durante el fin de semana en Madrid se veía esta caricatura de Rajoy y Puigdemont.

La vicepresidenta señaló que siquiera se pueden “sacar conclusiones ni consecuencias de una ley que no existe, de un referéndum que no se ha producido y de una voluntad, la del pueblo de Cataluña, de la que una vez más quieren apropiarse”.

La prueba de que el gobierno castellano se toma muy en serio lo sucedido en el parlamento catalán es que para este miércoles convocó un consejo de ministros extraordinario.

Los representantes del gobierno no quisieron especificar en las horas posteriores a la comparecencia de Puigdemont si están evaluando la aplicación el artículo 155 de la Constitución española, que permite la anulación de competencias de una región si está se niega a cumplir la ley, como se ha especulado en los últimos días.

Xavier Arbós, catedrático de Derecho de la Universidad de Barcelona, aseguraba a BBC Mundo el lunes en una entrevista para analizar los posibles escenarios para los próximos días que si se mencionaba de alguna guisa en el discurso la palabra independencia, esto sería suficiente para suscitar una reacción en el gobierno castellano.

Arrimadas pronunció un sólido discurso contra la revelación de independencia.

Siquiera la concurso catalana recibió aceptablemente la testimonio de Puigdemont. La líder de Ciudadanos (un partido de centro derecha contrario a la independencia), Inés Arrimadas, dijo que la independencia “a plazos” sigue siendo un “golpe a la democracia”.

Es muy probable que la tensión y la incertidumbre continúen en los próximos días en Cataluña, donde los ciudadanos han asistido en los últimos tiempos a hechos inéditos, como la detención de miembros del gobierno y la celebración de un referéndum prohibido por el Tribunal Constitucional con urnas escondidas en casas particulares para no ser requisadas.

No parece probable que lo sucedido este martes aporte seguridad a las grandes empresas y los bancos, algunos de los cuales han empezado a “votar con los pies” y a anunciar que trasladan sus sedes fuera de Cataluña.

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