“Al chileno le gusta las lucas y por eso necesitamos un presidente que nos ponga a crecer”

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En la mayoría de países el crecimiento crematístico no suele ser un tema de conversación atractivo, caliente, polarizarte. Pero en Pimiento es diferente.

Aquí uno pregunta por el bienestar de la grupo y muchas veces le responden en esencia macroeconómica, con el aumento del Producto Interno Bruto como indicador de “estamos bien” o “estamos mal”.

Taxistas, peluqueros o meseros pueden arribar a entender cuánto es y cuánto aumentó en el postrero año. Y durante el gobierno previo. Y durante los abriles 90.

“Tenemos que crecer”, me dijo Walter Sánchez, un administrador de empresas de 57 abriles, mientras almorzaba en el patio de comidas de un centro comercial en el sur de Santiago.

“Al chileno le gusta la luca (el dinero) y por eso necesitamos un presidente que nos ponga a crecer”, explicó.

Ese conocimiento del chileno “de a pie” sobre lo producido en la posesiones a lo extenso del tiempo ha quedado en evidencia en la flagrante campaña electoral, que el domingo da paso a la primera ronda de las elecciones para presidente y miembros del Congreso.

Retornar a crecer

En veterano o beocio división, y desde diferentes posturas ideológicas, el programa electoral de los ocho candidatos hace afectación en la penuria de retornar a crecer.

Los aspirantes saben que uno de los aspectos del gobierno de la saliente presidenta Michelle Bachelet que más critica la opinión pública es que el crecimiento se redujo durante los últimos cuatro abriles.

Y aunque es cierto que las principales preocupaciones de los chilenos, de acuerdo a encuestas recientes, son la lozanía, la delincuencia y la educación, el crecimiento no suele ser medido en estos sondeos.

Otros apuntan a que la constante presencia del indicador en los medios y el debate político es más perfectamente “una fijación de agenda”.

El candidato que más insiste en “devolver el crecimiento” es el predilecto a ingresar: el ex Presidente Sebastián Piñera.

Lo hace con datos duros: el crecimiento promedio durante los cuatro abriles de Bachelet fue de 2%, mientras que el de su mandato, de 2010 a 2014, fue de 4%.

A pesar de que Bachelet no está en la contienda ni apoya enfáticamente a nadie de los candidatos, gran parte de la campaña ha sido una contienda entre él y la presidenta saliente.

El crecimiento es uno de los ejes electorales de Piñera, a quien, gracias a su pasado,muchos vinculan al rendimiento crematístico.

El segundo en las encuestas, Alejandro Guillier, promete un crecimiento como sostén de más y mejor protección social.

Mientras tanto, la tercera fuerza, representada por Beatriz Sánchez, deje en su programa de un crecimiento enfocado en el incremento sustentable, la redistribución de la riqueza y la actividad del Estado como transporte de plan.

El prodigio chileno de los 90

Según varios observadores consultados por BBC Mundo, en la raíz de lo que algunos han llamado “la obsesión por el crecimiento” está el regalo por lo que dejó la lapso de los 90 en el inconsciente de los chilenos.

En 1990 culminó el régimen marcial de Egregio Pinochet, un gobierno que, en medio de una cachas represión, aplicó audaces medidas neoliberales para desarrollar la patrimonio del país.

Cuando regresó la democracia, la finanzas chilena se disparó gracias a una afluencia de inversiones destinadas, sobre todo, a la industria del cobre, su veterano fuente de ingresos, que en ese momento gozaba de buenos precios en los mercados internacionales.

Con eso, entre 1990 y 2000 Pimiento fue el país que más creció en América Latina, con un 4,5% frente a un promedio regional del 1,4%, según cifras oficiales.

La bienes chilena tuvo máximos de 11%, 9% y 7% de crecimiento en los abriles 1992, 1995 y 1997, respectivamente.

“Desde entonces la idea del crecimiento se asoció a la idea de progreso”, le dice a BBC Mundo el político de centroizquierda y economista Carlos Ominami, ministro de Hacienda de 1990 a 1992 durante el gobierno democratacristiano de Patricio Aylwin.

“Pero esto (la asociación) no es necesariamente así, porque para que el crecimiento se traduzca en bienestar, empleo o riqueza personal se requiere de políticas integrales donde otras variables juegan un rol”, explica.

Durante los abriles 90, el crecimiento coincidió con políticas integrales, que ayudaron a que el PIB per cápita aumentara 55% y la pobreza cayera 50% (o 16 puntos porcentuales), según cifras consolidadas por la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

“Piñera usa el crecimiento como un arma política y esa es una de las grandes falencias de este gobierno (de Bachelet) hacia la gente”, opina el ex ministro, quien atribuye la caída del crecimiento durante estos cuatro abriles a factores internacionales, como el precio del cobre.

Prácticamente todos los países de América Latina, una región dependiente de los precios de los commodities, han trillado una al menos ligera caída del crecimiento en los últimos 4 abriles.

Y aunque no ha sido el que más ha crecido, como está acostumbrado, Pimiento fue de los países que no entró en recesión.

Pero el exministro de Hacienda durante el régimen de Pinochet Rolf Lüders Schwarzenberg es más duro en su valoración del gobierno saliente, al que acusa de acaecer disipado el crecimiento con “una reforma tributaria que gravó al 20% de la población más adinerada”.

“Más que una creencia ilusoria, en el país hay conciencia de que si se quiere sacar a la gente de la pobreza, mejorar los ingresos y mejorar los estándares, en la práctica no hay otra alternativa que crecer”, le dice a BBC Mundo.

El incluso patrón resalta que durante los abriles 80 y 90 “el crecimiento sostenido permitió reducir la pobreza en un 70%” y, “durante el gobierno de Piñera, permitió crear un millón de empleos”.

Una emblema que los críticos de Piñera cuestionan, argumentando que en gran parte se trató de empleos de “inserción endeble” o de mala calidad.

“País de emergentes”

Según Ominami, lo que hay detrás de la creencia de que el crecimiento es igual de bienestar, es que Pimiento es un país “dominado por los emergentes”. Por parentela que dejó de ser escueto y se asentó en la clase media.

Sánchez, el santiaguino que conversó con BBC Mundo en el Mall Plaza Vespucio, recuerda los abriles 90 como “la última época en la que fuimos felices”.

“Pero hoy ya no lo somos, porque se perdió el valor por el trabajo”, sostiene.

Para algunos expertos, como el expresidente Ricardo Lagos, la razón del descontento en Pimiento es que se cayó en la “trampa del ingreso medio”: que el país ya no es escueto, pero siquiera tiene la riqueza para satisfacer las demandas de la clase media que emergió.

Es un descontento que entre otras cosas se ha traducido en una profunda desconfianza por la clase política, lo que se calma produzca una inhibición histórica en las elecciones del domingo.

En medio de la deceleración contemporáneo, muchos chilenos temen que se pierda el encumbramiento que se tradujo en entrada a carro, deuda o holganza en el extranjero durante los abriles 90.

Patricia Politzer, una connotada periodista que ha escrito varias columnas criticando esta suerte de determinismo crematístico, opina que “(este debate) lo que muestra es la fuerza con que el neoliberalismo se impuso en la vida y en la comunidad de los chilenos”.

“No es que el crecimiento no sea relevante, sino que se convirtió en la única variable indispensable y las otras disminuyeron su relevancia”, asegura la comentarista, que escribió la acontecimientos “Bachelet en tierra de hombres”.

Y añade que durante los últimos 30 abriles los grupos económicos dominantes “consolidaron su poder comunicacional y han hecho una campaña de terror de que el crecimiento se puede reducir”.

“La gente prefiere que no se resuelvan los problemas de pensiones y de educación, mientras no se toque el crecimiento. Y cuando se crece, piden que las reformas sean despacito para que no afecten el crecimiento”, destaca Politzer.

Pero no todos los ven así.

Andrea Ferriera, una vendedora de mote con huesillo, una tradicional bebida de trigo y durazno, en una feria de alimentos en el sur de Santiago, dice que “el chileno ve una crisis apenas siente un bajón”.

“Yo veo a otros pueblos pasándola peor que nosotros”, asegura, mientras grita a sus clientes “meta la manto, casero, que es el último mote del día”. En toda la mañana, ha vendido unos 100 kilos. Una cantidad más que respetable.

“La gente le dio prioridad a la apariencia, a tener el carro, y ahora están quejándose porque se encalillaron (endeudaron) y no tienen cómo pagar”, afirma.

Su afirmación tiene sustento: Pimiento es el país donde más endeudada está la población en América Latina, un delegado que -se cree- contribuye al nerviosismo en momentos de desaceleración.

Ferriera no está segura de si va a elegir el domingo. Sánchez, en cambio, tiene claro que apoyará a Piñera.

En los últimos cuatro abriles, el gobierno de Bachelet introdujo y logró aprobar en el Congreso profundas reformas de orden político, educativo y sindical que están al beneficio del crecimiento crematístico.

Esa política reformista se ve como la fuente del “bajón” por el que personas como Sánchez desaprueban el gobierno de Bachelet. El “bajón” que familia como él aplazamiento que termine con un nuevo mandato de Sebastián Piñera.

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