Con Guillier como telonero “Pepe” Mujica fue el gran rock star en el cierre de campaña del oficialismo

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El país no se cae a pedazos o esta no es una campaña de bajo presupuesto. El Paseo Bulnes, en la Plaza de la Ciudadanía, de espaldas a La Moneda, es el emplazamiento escogido por el comando de Guillier para hacer el obturación de su campaña. Hay cuatro torres de luces, dos cámaras cabrestante, cada una con un cirujano y otra que corre de un costado a otro por un riel.

Por los parlantes suena esforzado el jingle; todavía gastaron en producción musical. Correctamente podría ser un éxito radial playero y suena menos confuso que el programa de Gobierno. “Basta de corrupción, basta de colusión, descentralización es lo que queremos”, dice, y luego, tiene líneas que sin problemas podría usar la derecha: “Un Chile Justo es lo que quiero” (Pimiento Cabal se llamaba la fundación de Longueira que le boleteó a SQM), “para mi tierra más confianza y seguridad”, “nuestra familia es lo primero”. Toda esa parte conservadora es seguramente lo que molesta al Frente Amplio, que hasta ahora votará por Guillier pero no formará parte de su eventual Gobierno.

El sombra del Frente Amplio

La presencia del Frente Amplio flota en el círculo. En el acto, detrás de las vallas papales, están los mismos de siempre, los que han hecho aventajar elecciones a la Concertación, a la Nueva Mayoría y, ahora, al falleba de esta publicación, Fuerza de la Mayoría. Es un piquete proporcionadamente compacto pero bullicioso, de clan con banderas DC y de las Juventudes Comunistas, que gritan “¡aquí estamos otra vez!”.

“No hay que odiar al mundo conservador. Tenemos que unirnos. Solo así seremos más fuertes. Hay que combatir el odio, hay que multiplicar la pasión y compromiso, pero jamás multiplicar el odio que nos separa entre compatriotas”. Antes contó su encuentro con Piñera. No en los términos de Roger Waters sino por el contrario: “Elijan a quien tengan que elegir. Tienen la oportunidad de hacerlo entre dos personalidades formidables, lo que no es común en América Latina”.

Hay otras pocas banderas del Partido Radical, unas cuantas del PS. Más tarde, cuando muestren un video de la franja televisiva con el actor Pablo Schwartz diciendo que “la derecha desde 1810 tiene el 30% de los votos”, pienso en que no hay mucho de que ufanarse porque, del otro costado, los que siempre han estado son pocos. Las otras banderas, las nuevas, las puede tomar cualquiera, según le convenga: “A mí me regalaron una porque estuve mucho rato con las manos vacías”, dice cualquiera.

En la explanada, poco antaño de las 19:00 horas, hay un rama de adherentes de la Región del Biobío, mujeres proporcionadamente peinadas, de peluquería nuevo, colgantes étnicos y pañuelos de compresa estampada en el cuello, que se sacan fotos. Improvisan un queja, un cehacheí clásico: “Viva Chile con Guillier”. Desde Pinochet, los presidentes con patronímico francés han hecho que la creatividad de los gritos siga estancada.

Ellas son como alegría aislada. No hay épica, es como un triunfo calculado, con los de siempre, es como un concierto de la Nueva Canción Chilena con los invitados solistas de ahora. Y no al revés: jóvenes invitando viejos.

Fotos con las bases

Hay por cierto, jóvenes viejos. Escucho que uno le dice a otro “la pasada de cuenta tiene que ser buena. Si deciden hacerla, yo me sumo a esa instancia”. Guido Girardi y Atria se sacan fotos con las bases, igual que los ministros Alberto Undurraga, Andrés Rebolledo y Paola Tapia. Gonzalo Navarrete presidente del PPD, deje por teléfono en un rincón. Patricio Tombolini con un periodista del “duopolio”. Fuera de las cámaras y las pantallas led, es en buena parte el mismo catálogo de la campaña de Frei en 2010 y la de Bachelet en 2013.

Antaño que todos, eso sí, llega Alberto Mayol, y los camarógrafos se activan. A su costado Esteban Silva, ex PS y ex asesor de Alejandro Toledo, cuando era Presidente de Perú. Y con ellos, un incombustible Arturo Barrios, ex Presidente de la FECH, subsecretario de Civilización en el primer gobierno de Bachelet y que probablemente ve en Mayol los destellos de la promesa que él fue a mediados de los ’90.

Mayol explica por qué ha llegado hasta el clausura de campaña, cuando sus compañeros difícilmente han aparecido de Twitter para manifestar su apoyo a Guillier. “Si yo digo una cosa la materializo, no me parece que no estemos dispuestos a la foto de esas palabras. Sabemos en el Frente Amplio lo que significa la imagen en la sociedad contemporánea. Dar la palabra y no dar la foto, me parece que no es suficiente”, dice y niega, que esta sea una señal de que está habitable para algún cargo.

Suben al ambiente Adela Secall, nieta de Luis Corvalán y Alejandro Goic, militante PS, que besalamano a los militantes de los partidos. Goic empieza a abroncar “No más AFP” y nadie lo sigue, tal vez por miedo a producir una confusión con el equipo crematístico del candidato. Comienza a tocar un colección de flamenco fusión. Ya no está Bastián Bodenhofer, pero el hijo de Guillier toca la flauta traversa. Luego es el turno de la Regia Comparsa, el género que acompañaba el montaje de La Negra Ester. Me siento en abril de 1990. Cierra Inti Illimani, la perfil que lidera Jorge Coulon con una conjunto de hits, incluyendo El Pueblo Unido de ningún modo será vencido. Pero a nadie parecen entrarle mugrecitas al ojo, cantar suena como parte del acto programado.

Mujica, el mesías

Quienes si tienen una emoción difícil de controlar son dos mujeres que se abrazan frente a mi, cuando anuncian a José Mujica, el ex Presidente de Uruguay. Las dos se abrazan como si estuvieran esperando hace mucho tiempo este momento.

Mujica sale al escena y los aplausos que ninguna arenga sobre los peligros de la derecha logró antaño, se escuchan esforzado. El ex Presidente de Uruguay comienza hablando diciendo que es uruguayo pero “mi nación es Latinoamérica” y brotan las expresiones de contento. Antiguamente ha habido silencio total, ni murmullos ni cuchicheos. “Vivimos en el continente más rico en recursos naturales, pero más injusto” y las expresiones de exultación brotan nuevamente. Mujica no viene a ser complaciente y por eso enfatiza que “no me canso de predicar, y se lo tengo que decir a los chilenos, ustedes tienen la conformación que les dio la historia, también la Cordillera de los Andes. Están cerca pero a veces están lejos. Se abren para el mundo pero muy poco para los vecinos”.

Mujica fue francotirador de los tupamaros en Uruguay, lo hirieron con seis balazos. Y su permanencia más larga en la calabozo fue de trece abriles. Por eso, es que cuando deje de terminar con el odio, es muchísimo más plausible que cuando esa petición viene de cualquiera a quien le fue muy admisiblemente durante la dictadura.

“No hay que odiar al mundo conservador. Tenemos que unirnos. Solo así seremos más fuertes.Hay que combatir el odio, hay que multiplicar la pasión y compromiso, pero jamas multiplicar el odio que nos separa entre compatriotas”. Antiguamente contó su batalla con Piñera. No en los términos de Roger Waters, sino por el contrario. “Elijan a quien tengan que designar. Tienen la oportunidad de hacerlo entre dos personalidades formidables, lo que no es popular en América Latina.

El ex Presidente, uno de los fundadores del Frente Amplio uruguayo, que ha sido ilustrativo para el resto de las fuerzas de izquierda en América Latina, admitió que “me convocaron antes pero la gente progresista estaba media peleada y yo no participo en las peleas de mi familia (…) no significa que hay que pensar lo mismo (…) Hay que desterrar el odio todas las relaciones humanas”.

Y dejó un postrero mensaje para los militantes del Frente Amplio recinto. “Pertenezco a una generación que apostó el todo o nada. Y la apuesta del todo o nada, casi siempre es nada. Y cuando es nada, el que sufre es el pueblo más débil, los que tienen menos. (…) fui Presidente de mi pequeño país y lo mejor me quedó en el tintero. Siempre lo que hacemos no nos conforma(…) Viva América Latina, viva Chile, gracias”,+.

Minutos a posteriori salió al tablas Alejandro Guillier, que más admisiblemente parecía el telonero que el protagonista principal.

Mujica abandonó el tablado y saludó a algunas personas en la primera fila.

Guillier tomó la palabra y todo volvió a ser lo de antiguamente, lo de siempre.