Congreso brasileño decidirá este miércoles si Temer será enjuiciado por corrupción

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La Cámara de Diputados de Brasil retomó este martes sus sesiones tras un desvío de dos semanas y todavía reinició el trámite previo a la votación en que mañana decidirá si el presidente Michel Temer será sometido a un discernimiento penal por corrupción.

En la primera etapa tras el suspensión, fue ilustrado en la Cámara depreciación un noticia consentido por una comisión que rechaza las acusaciones de corrupción pasiva formuladas por la Fiscalía sobre la colchoneta de unas confesiones de directivos del especie JBS, que han dicho que sobornan a Temer desde 2010 y que ello se mantuvo una vez que llegó al poder.

La lección de ese referencia en el pleno era un requisito necesario para proceder a la votación prevista para mañana, que definirá si se autoriza que la Corte Suprema instaure un pleito penal contra Temer, quien en ese extremo sería suspendido del cargo durante 180 días y destituido si al lugar del proceso fuera ostensible culpable.

Esa votación, como admitió el propio Supremo, tendrá un carácter netamente político, un demarcación propicio a Temer y a su mayoritaria almohadilla parlamentaria, que precisa el apoyo de al menos 172 de los 513 diputados para que la denuncia sea archivada.

Según los cálculos del Gobierno, el oficialismo cuenta con por lo menos 250 votos, lo que haría inviable el esfuerzo de la minoritaria concurso, que deberá reunir una mayoría calificada de dos tercios (342 diputados) para dar curso a la denuncia.

En lo político, Temer tiene supuestamente en contra los sondeos, que dicen que solamente un 5 % de los brasileños aprueba su dirección y que un 81 % de los ciudadanos considera que debe contestar frente a la razón por supuestos delitos de corrupción.

Sin bloqueo, ese descontento no se ha expresado en las calles, en las que durante las últimas semanas no se ha pasado una sola protesta contra Temer, por lo que no acaba de convertirse en un musculoso divisor de presión contra una Cámara de Diputados que, a su vez, asimismo tiene una pésima imagen frente a los brasileños.

A esa error de apoyo popular, Temer le ha opuesto su manejo de la política y ha laborioso el separación parlamentario para complacer a los diputados de su almohadilla, a los que se calcula que ha libertino unos 2.100 millones de reales (656,2 millones de dólares) en partidas del presupuesto para proyectos en sus bases electorales.

Según cálculos del propio Gobierno, durante las dos semanas que ha durado el apartamiento Temer se entrevistó personalmente con unos 160 diputados, que le han asegurado su apoyo en la votación de mañana.

Esos contactos personales fueron reforzados incluso hoy, cuando el mandatario participó en un refrigerio ofrecido por 52 diputados de partidos de la coalición gobernador.

Si acertadamente fueron aprobadas en el interior del situación permitido, las enmiendas presupuestarias concedidas por Temer han sido denunciadas por la concurso como una “compra de votos” por parte del Gobierno en su empeño por mantenerlo en el poder y librarlo de un pleito penal.

La minoritaria concurso, que en su totalidad votará por darle curso al proceso, ha admitido la superioridad de la almohadilla oficialista pero aún así se dispone a obstaculizar la sesión de mañana, a fin de que la votación sea postergada.

La intención sería dar tiempo a que la Fiscalía pueda presentar alguna otra denuncia contra Temer, quien igualmente es investigado por los presuntos delitos de obstrucción a la rectitud y asociación ilícita, lo cual se prevé que complicaría su situación política.

Sin confiscación, el presidente de la Cámara desvaloración, Rodrigo Maia, dijo hoy que toda maniobra destinada a impedir la votación no prosperará.

“Vamos a votar porque es una obligación. Brasil no puede tener a un presidente denunciado sin que el Parlamento delibere sobre el asunto”, declaró.

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