“Cuando llegué a Bagdad tenía mucho miedo”: las nuevas deportaciones de iraquíes bajo el gobierno de Donald Trump

0
643
loading...

Eran las dos de la alborada del miércoles 19 de abril cuando un pequeño avión despegó de la ciudad de Alexandria, en el estado de Luisiana (EE.UU.). A borde iban ocho iraquíes. Raied Jabou era uno de ellos.

“Estuve encadenado y esposado todo el camino hasta que aterricé en Bagdad”, dice desde Irak en una convocatoria por WhatsApp.

“Cuando el avión empezó a aterrizar, me quitaron las cadenas de los tobillos y las esposas alrededor de mi cintura y de mis manos”.

Jabou es uno de más o menos de 1.400 iraquíes que están siendo deportados como parte de un acuerdo al que llegó el gobierno de Estados Unidos con Irak.

Tras negociaciones el pasado marzo, la Casa Blanca sacó a Irak del polémico veto migratorio del presidente Donald Trump, la registro de países de mayoría musulmana con prohibición temporal de ingreso a país estadounidense.

En la primera traducción de la orden ejecutiva sobre inmigración que firmó Trump el 31 de enero, Irak estaba incluido en el relación próximo a Somalia, Yemen, Irán, Siria, Irán y Libia.

No así en la segunda interpretación, por el momento asimismo frenada por los tribunales de probidad.

Aunque no se conocen detalles del acuerdo entre entreambos gobiernos, una de las condiciones fue que el país de Medio Oriente aceptara a los iraquíes que Estados Unidos quería deportar.

  • ¿Cómo eligió Donald Trump los 7 países en su polémica prohibición de entrada a Estados Unidos?
  • Trump firma nuevo veto migratorio que suspende la entrada de ciudadanos de 6 países de mayoría musulmana

En ocasiones anteriores, el gobierno iraquí se había opuesto a tomar a sus ciudadanos deportados porque muchos de los que arribaron a EE.UU. huyendo del conflicto armado no tienen documentos que comprueben su ciudadanía.

Ahora los aceptarán de regreso así no cuenten con documentación.

“Cuando llegué a Bagdad tenía mucho miedo”

Las deportaciones iniciaron con un primer revoloteo el pasado abril. En días recientes, funcionarios de inmigración estadounidenses han arrestado a docenas de iraquíes en el estado de Michigan, en el norte del país, y en otros estados.

Cerca de la ciudad de Detroit, la caudal de Michigan, miembros de la comunidad iraquí-estadounidense protestaron mientras un autobús trasladaba a un familia de hombres a un centro de detención.

El nuevo panorama ha preocupado todavía más a la comunidad de caldeos, una minoría cristiana principalmente procedente de Irak.

  • “Temo que nos meterá en otra guerra”: así piensan los votantes de un superficie esencia para que Trump llegara a la presidencia de EE.UU.

El radio metropolitana de Detroit acoge a la viejo comunidad de caldeos por fuera de Irak, unos 121.000.

Miles de estos cristianos huyeron de Irak luego de deber sufrido persecución religiosa desde la invasión liderada por EE.UU. al país de mayoría musulmana.

Raied Jabou es cristiano caldeo. Ha vivido en Estados Unidos la longevo parte de su vida. No palabra árabe ni conoce a nadie en Irak. “Cuando llegué a Bagdad tenía mucho miedo”, explica.

En el aeropuerto de la haber iraquí, lo entregaron a un universal del gobierno. Jabou dice que no pudo contactar a su clan por tres días.

No tenía teléfono, pero decidió preguntarle al marcial si podía usar el suyo para designar a su madre en Estados Unidos.

Cuando escuchó a mi madre y a mi hermana patalear y gimotear, el hombre automáticamente empezó a fluir asimismo”, dice. Según Jabou.

El funcionario se preocupó por su seguridad, y con razón: Jabou luego fue trasladado a una zona cerca de la ciudad de Mosul, donde se libra una lucha armada entre el autodenominado Estado Islámico y las fuerzas de coalición.

  • “Niños como escudos humanos”: por qué Mosul es el decano batalla que ha enfrentado el ejército de Irak en su lucha contra Estado Islámico
Desde que su hijo fue deportado, Juliette Kassyonan está ayudando a administrar el negocio que él dejó.

Era el único extensión en el que conocía a cualquiera, un amigo de un amigo.

Jabou dice creer que es un blanco para los secuestradores. “Sé en un millón por ciento que podrían secuestrarme y matarme”, dice.

“Porque para ellos soy un estadounidense y un cristiano. Nacido en Irak pero criado en Estados Unidos”.

“No soy un criminal”

Como muchos de los iraquíes detenidos recientemente por funcionarios estadounidenses de inmigración, Jabou tiene historial criminales por cargos no violentos.

Fue arrestado por posesión de mariguana hace 17 abriles. No pasó tiempo en la prisión por el delito pero perdió su plástico de residencia como consecuencia.

El gobierno estadounidense lo deportó a Irak en 2005. Le permitió regresar posteriormente de que prestó ayuda al ejército de EE.UU. en Irak (no quiso dar detalles sobre la naturaleza de su trabajo).

No soy ningún violador. No soy un enemigo ni un criminal”

Raied Jabou, ciudadano iraquí deportado por la autoridad de EE.UU.

Pero un día del año pasado, mientras conducía al trabajo, fue detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés). Pasó casi un año en la prisión.

Al no vislumbrar el fin de su detención, Jabou retiró su derecho a comparecer delante un enjuiciador. Lo deportaron el 19 de abril.

“¿Qué quieren que haga en la calabozo?”, pregunta, “¿puede alguno de estos condenados suceder una sola oscuridad en prisión y ver cómo se siente?”.

  • En qué consisten las nuevas directrices del gobierno de Donald Trump para deportar de EE.UU. a más indocumentados

Jabou dice sentirse traicionado. No ha sido el único de su comunidad que ha ayudado al gobierno de EE.UU. Su hija es marcial activa del ejército estadounidense en Japón.

Dice que ya se había sobrepuesto hace mucho tiempo al arresto por tener mariguana. “No soy ningún violador. No soy un perjudicial ni un criminal“.

Comunidad agitada

Su deportación, así como los recientes coraje han conmocionado a su comunidad en Michigan.

Hay alrededor de 121.000 iraquíes cristianos caldeos en la zona metropolitana de Detroit, Michigan (EE.UU.) y muchos son dueños de pequeños negocios.

Muchos de los iraquíes que viven allí abandonaron su país hace abriles. Según la Fundación de la Comunidad Caldea, lo hicieron en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo así como de libertades religiosas y políticas.

Ahora, algunos podrían ser devueltos al mismo país del que huyeron ellos o sus padres.

“La muchedumbre está absolutamente desesperada”, dice Eman Jajonie-Daman, una abogada que representa a unos 25 iraquíes que se enfrentan a la deportación.

“Las familias están angustiadas. Estoy recibiendo llamadas ininterrumpidas que reportan de detenciones. A algunos los detienen camino al trabajo, a otros los atacan a las cuatro de la crepúsculo en sus casas y los sacan de la cama”.

  • Cómo se preparan los latinos frente a el plan de deportaciones de Trump en Estados Unidos

Jajonie-Daman, quien es cristiana caldea, dice que pensó inicialmente que ICE solo iría tras los criminales más violentos.

“Pero ahora están agarrando a parentela sin informes criminales. De hecho, uno de mis clientes que fue detenido la semana pasada no tiene ni siquiera una infracción de tránsito, menos un antecedente criminal”, explica.

Un funcionario de ICE argumentó en un correo electrónico que todos los iraquíes que habían estado en el revoloteo de abril a Bagdad “recibieron el oportuno proceso bajo la ley y fueron removidos de acuerdo con las órdenes del magistrado en cada caso”.

La historia de Bob

Uno de los clientes de la abogada Jajonie-Daman es el dueño de un taller mecánico en un suburbio a las alloz de Detroit. Pidió no revelar su cierto nombre, por eso le llamaremos Bob.

Bob caldo a Estados Unidos en 1974, con cuatro abriles de tiempo. Dejó Irak adyacente a su madre, quien, como él, es cristiana.

Para él, Irak es una tierra extranjera. “No regalo mínimo de allá”, dice. “Tenía cuatro abriles, no tengo ni idea. No hablo el idioma”.

Cuando era un adolescente, Bob empezó a traicionar drogas y a los 17 abriles lo acusaron de posesión y de intentar comercializar tres gramos y medio de cocaína.

Bob (no es su nombre real) es iraquí, vive en EE.UU. desde los cuatro años, y podría ser deportado. En la imagen aparece arreglando un auto en su taller mecánico en Michigan.

En ese entonces obtuvo la soltura condicional, pero continuó vendiendo cocaína y a los 20 abriles lo sentenciaron a 17 abriles de prisión.

Bob dice que en la calabozo quiso cambiar su vida, así que ahorró hacienda y pudo pagarse la universidad. “Conseguí una estudios en Dirección de Finanzas de la Universidad de Ohio”, cuenta.

Cumplió su pena y fue libertino en 2004. Comenzó a trabajar largas horas, hasta que ahorró lo suficiente para rasgar un taller mecánico. Hoy en día, emplea a 13 personas.

Pero su pasado criminal lo hace débil a la deportación.

Desde hace 13 abriles, Bob asiste a controles de inmigración con regularidad y, en cada ocasión, un mediador le ha permitido quedarse en el país.

Protesta en rechazo a la deportación de iraquíes en Michigan el 12 de junio de 2017.

Con el acuerdo nuevo entre EE.UU. e Irak, teme que lo deporten.

“Hay miedo”, dice. “Definitivamente hay pánico. Por lo que entiendo, simplemente te sueltan en Bagdad y ese es el peor miedo del mundo”.

Muchos de los iraquíes cristianos de esta pueblo son dueños de pequeños negocios. Hay un restaurante llamado Bagdad no muy acullá del comercio de Bob. Asimismo hay otro llamado Sahara.

Tradición republicana

Históricamente, la comunidad de caldeos ha respaldado al partido Republicano en EE.UU., bajo el entendimiento de que representa los títulos cristianos y sus gobiernos son mejores para los negocios.

Bob no es ciudadano estadounidense y por eso no pudo elegir en la sufragio presidencial de noviembre del año pasado.

Pero dice que como caldeo siempre ha apoyado a los republicanos. Hubiera votado por Donald Trump. “Parece ser el primer presidente al que le importan los cristianos iraquíes”, dice.

¿Se sentirá igual Bob si lo deportan a Irak? “Es es otro asunto”, responde. “No cambiaré de opinión. Eso no cambiaría lo que creo”.

Hay voces que creen que el acuerdo aprehendido por entreambos gobiernos era necesario.

Una mujer reza en una iglesia católica en Irak.

Como Mark Krikorian, del conservador Centro para los Estudios de Inmigración (CIS, por su sigla en inglés), con sede en Washington.

“Esto debió ocurrir hace mucho tiempo”, dice en narración a la fresco deportación de iraquíes. “El hecho es que estas personas debieron deber sido devueltas a Irak cuando cometieron crímenes o cuando salieron de prisión”.

Krikorian argumenta que EE.UU. deporta a ciudadanos de Centroamérica, México y otros países y que los iraquíes no deberían ser la excepción.

Encima, dice encontrar difícil acaecer por encima de su pasado delictivo. “Simplemente no estoy de acuerdo con que la clan pida quedarse aquí cuando cometieron delitos graves”.

Pero para Bob, se siente como un castigo doble. Pasó casi dos décadas en prisión y ahora podría ser deportado.

“Creo que mientras me enfoque en el sueño norteamericano y caleta negocios y contrate familia y pague mis impuestos debería tener permitido quedarme aquí”.

Eso sí, al despedirse, Bob apunta que la próximo entrevista quizá tenga que darla desde Bagdad.

loading...