Daniel Mansuy devela inconsistencia de Piñera en cuanto a la adopción por parte de parejas del mismo sexo

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En una columna publicada en el diario La Tercera, Daniel Mansuy analizó los recientes dichos de Sebastián Piñera, quien afirmó, hace pocos días, no tener nulo en contra de la prohijamiento por parte de parejas del mismo sexo: “No vamos a discriminar”, dijo. Sin confiscación, a renglón seguido, fue consultado por el boda sodomita y respondió: “Yo siento que la institución del matrimonio es entre un hombre y una mujer”.

Según Mansuy, el ex Presidente no se da cuenta “cuán problemática resulta la afirmación de ambas posiciones en forma simultánea. De hecho, la inconsistencia puede ser vista como un síntoma más de la confusión doctrinaria que padece parte de la derecha chilena: no sabe por qué defiende lo que dice defender”.

Y luego argumenta que el ex Mandatario “defiende el matrimonio heterosexual porque así lo siente, pero no logra enunciar un argumento que se haga cargo de la premisa involucrada. Si el matrimonio es entre un hombre y una mujer, la única razón que justificaría esa posición es que dicha institución no responde solo a la dimensión afectiva, sino al propósito de estabilizar una unión que permite la transmisión de la vida. Dicho de otro modo, la legislación le presta especial atención al matrimonio no solo por su carácter afectivo (hay muchas relaciones afectivas que no están reguladas por ley), sino porque asume que el entorno familiar requiere una protección especial, y que la familia implica la unión de lo masculino y lo femenino. Por lo mismo, el hecho de que las parejas del mismo sexo no puedan adoptar niños está directamente vinculado a la concepción del matrimonio como unión entre hombre y mujer”.

Según el profesor de filosofía política, “El día que las parejas del mismo sexo puedan, en cuanto tales, adoptar hijos, la verdad es que podrán entrar a poco idéntico al casorio. Poco análogo ocurre con el argumento de la discriminación: admitir acríticamente ese habla es equívoco, porque en rigor no existe poco así como el derecho a tener hijos. Un hijo es un don que se recibe, no un derecho que se reclama. Por lo mismo, la perspectiva en la apadrinamiento no debe partir por preguntar qué derechos reivindica el adulto, sino qué tipo de entorno es preferible para el párvulo, y cómo entretener la datos personales del mejor modo posible. Allí se abre una discusión difícil, pero el argumento ofrecido por Piñera (“no discriminaremos”) pone el acento en los supuestos derechos, olvidando que esa tratamiento da por sentado precisamente el objeto de la disputa (¿qué criterios deben primar en la prohijamiento?). La pregunta que uno podría formular, llegados a este punto, es qué argumentos están disponibles desde esta razonamiento para impedir, por ejemplo, la admisión por grupos de más de dos personas”.

Y concluye: “Mientras la derecha no se pregunte por los fundamentos de sus posturas, está condenada a conceder premisas indispensables para elaborar luego un discurso coherente. No puede explicarse de otra manera, por mencionar otro caso, que dos alcaldes de oposición hayan aceptado el reglamento sobre niños transexuales sin emitir el menor comentario crítico respecto de su contenido. Es como si estuvieran obligados (por comodidad, por pereza mental o por puro y simple conformismo intelectual) a adherir a una antropología parcial e incapaz de explicar nuestra corporalidad. Hay allí una extraña claudicación que, me temo, puede costarle muy caro al sector: las ideas nunca se abandonan impunemente”.

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