Defensor de las audiencias: paso hacia la democratización de las comunicaciones

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Recientemente el candidato presidencial Alejandro Guillier ha propuesto crear la figura institucional del Defensor de las Audiencias. Es una innovación a nivel de electoral y da cuenta de nuevos modos de encarar las Políticas Públicas de Comunicación, tema que debería ser central en los programas de gobierno.  Si correctamente a nivel tópico suena inédito, a nivel internacional hay experiencias de distintos perfiles, según los contextos nacionales. Por un costado, está la experiencia sueca que enfatiza la mediación entre los ciudadanos y los medios masivos, en el ámbito de una civilización y ética signada por la cohesión y el valencia de lo consuetudinario en las prácticas sociales. Por otra parte, la Defensoría del Manifiesto de Argentina incluida en la Ley de Medios (Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual) que tiene un impresionado afectación en los procedimientos institucionales explícitos de interacción entre los ciudadanos  y los medios masivos.

No obstante, las tradiciones del Ombudsman medial se remontan al Defensor del catedrático de la prensa escrita. En nuestro país distintos medios han generado este tipo de prácticas, las que deben ser consideradas como parte de los procesos de autorregulación desde los propios medios y asociaciones de los mismos. Actualmente y adentro de las nuevas  dinámicas  de las plataformas digitales de los medios de comunicación  se ha integrado otra función: presentar las diversas tendencias de opinión (comentarios)  que despiertan determinados textos periodísticos, un ejemplo es lo que realiza Lola Futuro, Defensora del Maestro del diario El País.

En todos estos casos  -entre otros, obviamente- se despliegan los diversos modos de instalar contemporáneamente  lo que Guillier ha  denominado Defensor de las Audiencias. ¿Y hay razones para esto? En esta término y en nuestro país han crecido cualitativa y cuantitativamente las posiciones críticas  y denuncistas respecto a determinadas propuestas de los medios de comunicación. Caso  fresco y muy buen ejemplo es el de Nabila Rifo. Esto ha sido especialmente visible en el caso de la televisión Las evidencias entregadas por el  Área de Estudios del Consejo Doméstico de Televisión -permite conocer los avatares de este central medio de  comunicación. Durante el 2010 ingresaron 838 denuncias; el 2014 se registraron 4331 y el año pasado 1662. No hay falta que comentar delante tales guarismos, aunque habría que interpretar que este importante memorial ciudadano debería ser tanto más visibilizado como constituir un objeto formativo,  para que  así más personas pudieran expresar sus visiones.

Es probable que este crecimiento de las denuncias se relacione con la disminución  de la satisfacción con la televisión. En el caso de la televisión y a partir de los datos de las encuestas nacionales, que realizada el mismo CNTV,  el nivel de satisfacción en el 2016 fue de 35%, muy similar al 33% del  2011. O sea dos tercios de los chilenos y chilenas no están satisfechos con la televisión abierta.

Otro indicador es el punto de confianza en los medios masivos. Si consideramos los datos de la  serie histórica de la sondeo del CEP, observamos que tanto en radiodifusión, diarios y televisión hay una disminución entre los abriles 2014 y 2017. Así la radiodifusión en el 2014 recibía 47% y el 2017 37% de confianza ciudadana; en los mismos abriles los diarios obtienen un 26% y 21% y la televisión desvaloración de un 26% a un 20%, respectivamente. En definitiva y, al igual que casi todas las instituciones, disminuye la confianza pública sobre los medios consultados.

Tanto el bajo nivel de satisfacción como la feble confianza en nuestros medios de comunicación, forma parte de la más amplia desafección en las elites que, no por “manoseada”, sea menos cierta. La comunicación mediada no escapa a este hábitat crispado que inunda el espacio sabido. Luego, es pertinente, útil y justo  combatir sobre la propuesta, la que debería ser positivamente recibida por los medios masivos en la medida que facilitaría una veterano fluidez en la relación con los públicos y, obviamente, permitiría a los ciudadanos y la sociedad civil disponer de canales explícitos  para hacer escuchar sus puntos de paisaje,  más allá  de la opacidad de las cifras de rating y la visión parcial que ofrece la investigación cualitativa, cuando asegura a objetivos y cuestiones muy específicos.

La audición activa y resolutiva de la ciudadanía, en su dimensión comunicativa,  es un primer paso necesario tanto para la décimo como democratización de la comunicación, componente central de nuestra mellada convivencia doméstico. Así podremos avanzar en una veterano, diferente y eficaz décimo de los propios sujetos en una actividad central tanto a nivel manifiesto como privado. Se podrá canalizar y representar demandas y críticas responsablemente, de modo que finalmente nos acerquemos más a la esencia de la comunicación: poner en popular.

  • El contenido residuos en esta columna de opinión es de monopolio responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la andana editorial ni postura de El Mostrador.

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