Déficit político de Guillier enciende alarmas en la Nueva Mayoría

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El lunes en la mañana durante una actividad para fomentar la monasterio de firmas a su candidatura, Alejandro Guillier protagonizó un tenso episodio con una periodista, que ha sido comentado a todo nivel en las filas del oficialismo, porque no se trata solo de una mera salida de argumento o un error, sino que para un sector no último de la Nueva Mayoría es el refleja fiel del complicado momento que vive el defensor del PS, PPD, PC y PR. Es que hace días que hay suficiente preocupación entre sus propios aliados, que lo observan agobiado, incómodo, errante y sin dar con el tono preciso para padecer de buena guisa y de la mano su rol de adalid con el liderazgo político que ineludiblemente va unido a ese papel.

El domingo en el programa de TVN “El sillón de Pedro”, el candidato presidencial lanzó una frase que caló hondo en la Nueva Mayoría: “No es mi tarea estar alineando a los partidos, para eso tienen a sus presidentes y tendrán que ponerse de acuerdo. Lo que yo ando haciendo es otra cosa, ellos tienen que resolver sus problemas (…) ellos sabrán lo que hacen. Lo que no me pueden pedir es que yo les vaya a arreglar el asunto, porque ellos son los políticos, yo no”. Precisamente por esa declaración, al día siguiente durante una actividad en la afueras del Partido Radical y del PS una periodista le preguntó al abanderado si había “abdicado a liderar los partidos”, a lo que Guillier acusó –perdiendo su ponderación habitual- que eso era un querella de valencia, una opinión, que “si siguen editorializando y dando intenciones a lo que uno dice distorsionan y afectan el derecho de los ciudadanos a estar bien informados. Eso era clase de ética fundamental en las escuelas de periodismo”.

En el Congreso, en las filas de la Nueva Mayoría hay preocupación, dicen que ven a su candidato cansado, ojeroso, superado por los problemas políticos en la coalición, agobiado, que no observan en él la “actitud” de un candidato presidencial de tomo y envés. “No encuentra la línea, está muy presionado por los partidos, no ha dado con el tono adecuado para fijar su relación con los partidos, hay una tensión no resuelta ahí”, explicó un diputado socialista.

Esto ha instalado ciertas cuotas de nerviosismo en las huestes oficialistas –las que incluso han llegado hasta La Moneda- puntualmente por el temor que hay en estos días a que el candidato decida tirar la toalla antaño de agosto, y no llegue hasta el final de la carrera presidencial. Más de un parlamentario ha hecho conmover esas dudas al entorno de Guillier, con la intención –dijeron- de despejar la posibilidad que el sillar PS-PPD-PR y PC se quede sin jefe a porción del camino.

Ese miedo ha sido alimentado, reconocen a nivel parlamentario, por la tendencia a la víctima en las encuestas –al menos 8 puntos en tres meses- que ha afectado a Guillier sistemáticamente desde enero a la aniversario, la dilación en el proceso de convento de firmas para inscribir legalmente su candidatura para noviembre y los problemas para formar un comando de campaña de peso, que subsane su evidente amor de no tener un equipo de trabajo que sustente su despliegue electoral.  No hay que olvidar que se tuvo que postergar del domingo 4 de junio hasta el día 11 el emanación oficial del comando guillierista, por que han existido problemas para cuajar al equipo, puntualizar sus integrantes, los representantes de los partidos y sus roles, como igualmente ha habido demoras para fijar las rutas programáticas concretas que sostendrán la campaña.

Los permanentes giros de opinión de Guillier en diversos temas, están imprimiendo un sello extravagante a su candidatura, que no solo genera ruido interno en la Nueva Mayoría por la yerro de identidad política que tiene su campaña hasta ahora, sino que ahondan esa sensación que recorre el oficialismo de notarlo incómodo en el papel de jefe.

Guillier trata por todos los medios de tomar distancia de los partidos que sustentan su candidatura y más aún de todos aquellos que, a su litigio y de su entorno, representan la citación vieja política. Por eso costal frases complicadas como que no es político, a pesar de ser un senador y adalid presidencial. Por eso, confirmaron desde su entorno, las últimas semanas –tras el episodio de las inversiones en SQM- ha tratado de evitar aparecer próximo al timonel del PS, Álvaro Elizalde, en las imágenes públicas y se optó por no invitar a nadie de los parlamentarios tradicionales de los partidos, excepto los rostros más jóvenes, a que lo acompañaran de manifiesto al programa de TVN, lo que generó molestia y reclamos.

Una suerte de liderazgo ciudadano, que deja a las colectividades en un evidente segundo plano, una organización que no es ajena a la coalición, porque es muy similar a lo que aplicó la Presidenta Michelle Bachelet durante su campaña de regreso el 2013.  El problema para Guillier, reconocen en la Nueva Mayoría, es que él no es Bachelet y por ende, en las colectividades hay mayores grados de resistor para entregar, nuevamente, un cheque en blanco a un liderazgo basado más que mínimo en el carisma y no en las habilidades para profesar una conducción política positivo.

“La diferencia es que Bachelet tenía un resultado predecible de triunfo y un liderazgo mayor, eso hacía que existiera una mejor disposición desde los partidos a perder soberanía, pero no es el caso de Guillier”, explicaron en el PS.

En la Nueva Mayoría agregaron que es evidente el choque que tiene Guillier entre su liderazgo más de corte social-ciudadano y su rol de representante presidencial, que es indiscutidamente político, que no ha conseguido reconciliar entreambos papeles y genera un halito de incoherencia que genera muecas de descontento en la propia coalición.

Un talón de Aquiles que le pesa al candidato, ya que a su insistencia en desempeñar un liderazgo “ciudadano” distante de los partidos, se suma la marcha de una figura política esforzado en su equipo más reprimido que ordene y fije una partidura de batalla para todos. “Es un desorden, es problema tras problema, error tras error”, cuestionó un parlamentario de la Nueva Mayoría.

La cariño del liderazgo político de Guillier no es un tema beocio, está complicando las cosas al interior de la Nueva Mayoría, alimenta las dudas, no logra convencer y eso atenta contra los grados de compromiso y mística que requiere cualquier cabecilla presidencial por parte de las colectividades que lo respaldan. No es de balde que en ese punto se plantee que su candidatura puede ser afectada por el mismo problema que tuvo la de Eduardo Frei Ruíz-Tagle el año 2009: error de convencimiento, cumplimiento y motivación, frente a una eventual derrota, para empujar un carro que es cuesta en lo alto, ya que la primera opción de triunfo la tiene hasta ahora la carta de la derecha, Sebastián Piñera, igual que hace siete abriles.

Según el guillerismo, todos los cuestionamientos a la desatiendo de liderazgo de su candidato pasan por el interés de la DC de conquistar un acuerdo en materia de gobernadores regionales que les permita empalmar con una negociación parlamentaria para una sola relación de candidatos y no se los margine. “Hubo mucha mala intención en las críticas a su falta de liderazgo, porque no se le puede pedir a Guillier que sea él quien ordene este marasmo de coalición dividida”, explicó uno de sus colaboradores.

Si admisiblemente la mayoría opta por la reserva y esquiva la posibilidad de expresar sus cuestionamientos públicamente, ya han surgido declaraciones que apuntan a la atraso del candidato en aceptar su rol en toda su magnitud. El senador PS, Carlos Montes, agradecido laguista, dijo –en Radiodifusión Cooperativa el martes 23- que el “liderazgo es algo que se va construyendo en el tiempo…puede serlo, puede ir siéndolo. Eso se va construyendo, yo no creo que hoy día sea el líder, a medida que se va ordenando el trabajo, él va a asumiendo su propio rol como conductor (…) el problema no son sólo las firmas, éstas tienen que ir ligadas a un contenido”.

En este decorado revuelto, Guillier optó estos días por jugarse una carta conflictiva, el intentar diferenciarse públicamente de sus contrincantes, pero no de Piñera y la derecha, sino que de sus competidoras de las de la misma acera: la abanderada DC Carolina Goic y su par del Frente Amplio, Beatriz Sánchez.

“Carolina Goic se dejó conducir por familia de su propio partido y creyó en eso de la linde propia que ya fracasó en los abriles 60, cuando era un partido mucho más amplio(…) se metieron en un zapato chino y ahora no saben qué hacer “, dijo Guillier. Luego siguió con Sánchez, opción sobre la que precisó que “lo que estamos eligiendo es Presidente de la República, entonces las buenas ideas, las buenas intenciones, fantástico…pero si no tiene senadores, diputados, equipos técnicos, eso puede terminan en un desastre”.

Goic apuntó precisamente en su punto más débil, la anfibología de su liderazgo, y le respondió que “es dispar vestirse de un traje y otro día de otro, un día el candidato de los partidos y otro, independiente, creo que todos los chilenos, nuestros electores, merecen retener con claridad quienes somos (…) voy a seguir trabajando en una sola serie, planteando ideas concretas para implementar en el próximo gobierno, quien quiera pelear, que pelee solo. Cuando se acaban las ideas vienen las descalificaciones y esa es una forma que no comparto de hacer política”.

Más allá de este fuego cruzado, en la Nueva Mayoría el cómputo de lo sucedido estos días es placa y más aún, consideran preocupante cometer el error de “pegarle” a Sánchez y a los aliados históricos del eje progresista, como es la DC, pensando en un tablado de segunda revés, donde –reconocen- será indispensable para Guillier, de producirse al balotage, construir puentes y apoyos para competir a la derecha.

Fuego amigo

Pero el guillierismo tiene otra ojeada totalmente distinta del decorado. Defienden el estilo “más independiente” del jefe y atribuyen los intentos por sacar a su candidato “al pizarrón”, como parte de una campaña sucia de la DC que ha tratado de poner el foco en los “supuestos problemas de liderazgo” que padece su carta presidencial.

El problema que hubo esta semana con el esquema de ley que establece la opción directa de intendentes dejó en evidencia las tensiones que provoca en la Nueva Mayoría hallarse enfrentada a la verdad de tener dos abanderados presidenciales.

La opción de los gobernadores regionales fue siempre un eje del discurso de Guillier como senador, siempre defendió el plan y la importancia que dicha alternativa directa se implementara a partir de este año, como emblema de la descentralización del país. Más de una vez dijo que aunque se quedara solo votaría por el esquema, pero ahora tuvo que morigerar sus palabras, asumiendo que la idea puede estar postergada para el 2018: “Si no se logra ahora, será la primera medida que vamos a adoptar el próximo año con el nuevo gobierno”.

Según el guillierismo, todos los cuestionamientos a la error de liderazgo de su candidato pasan por el interés de la DC de alcanzar un acuerdo en materia de gobernadores regionales que les permita empalmar con una negociación parlamentaria para una sola relación de candidatos y no se los margine. “Hubo mucha mala intención en las críticas a su falta de liderazgo, porque no se le puede pedir a Guillier que sea él quien ordene este marasmo de coalición dividida”, explicó uno de sus colaboradores.

Si correctamente algunos cercanos de Guillier reconocen “haber escuchado marginalmente” la preocupación que hay sectores de la Nueva Mayoría que ven agobiado e incómodo al candidato, igualmente atribuyen esa sensación al fuego amigo e insisten que éste de ningún modo ha tenido dudas de salir hasta el final de la carrera por La Moneda. Y recalcaron que su candidatura goza de buena vigor y que comenzará una nueva etapa de despliegue. “Tiene confianza en que tendrá un buen resultado, la gente es afectuosa con él, no toma muy en serio las encuestas, prefiere la temperatura que le da la calle”, explicaron en su equipo.   

La desidia de autocrítica del círculo de Guillier es un aspecto que no solo molesta en la Nueva Mayoría, sino que incluso preocupa, porque lo consideran –dirigentes y parlamentarios- uno de los factores que lleva al candidato a cometer errores permanentemente. Uno de los pocos que sí deja espacio para contraer cuotas de errores en su cabecilla, es el diputado Pepe Auth, uno de los primeros en impulsar la candidatura del senador: “Es obvio que los candidatos tienen su propia responsabilidad (…) yo creo que él no terminó o no ha terminado aún de empoderarse, de construir fuerza propia. Mi crítica derechamente es justamente no haber construido fuerza propia, a medias por inexperiencia, a medias por falta de conocimiento”, sentenció este miércoles 24 en Radiodifusión Zero.

Pero Auth asimismo puso el acento en que hay una suerte de clima de obstrucción de la elite política del oficialismo a la candidatura de Guillier. “Si bien es cierto las cuatro manzanas no son capaces de inventar un candidato y de imponérselo a la sociedad, si son capaces de boicotear un candidato  y evitar que despliegue toda su potencialidad”.

Cierto o no, en esas cuatro manzanas que palabra Auth muchos guardan silencio, aunque se confiesan poco convencidos con las habilidades del candidato. En La Moneda abundan las muecas pero reconocen que el gobierno quedó en una situación muy compleja con este ambiente de dos candidatos, tiene que “caminar sobre huevos” todos los días, contar cada mueca, cada señal, para evitar que cualquier paso o detalle sea mal interpretado por alguna de las dos candidaturas.  

Así se ha optado por la organización del estabilidad mayor para no herir susceptibilidades y por eso fue que, a posteriori de un comité político extraordinario el martes 23 en la mañana que se prolongó por más de tres horas, La Moneda optó por dejar en manos de los partidos la responsabilidad de alcanzar un acuerdo político a nivel parlamentario sobre el esquema de gobernadores regionales y respaldar lo que ellos decidan.

En reserva las autoridades de palacio reconocían que eso se debió puntualmente al ambiente de dos candidaturas, que caldo a arreciar los problemas y discrepancias que desde el año pasado han existido en la Nueva Mayoría, entre diputados y senadores, sobre la disyuntiva directa de intendentes, sus inhabilidades y sus atribuciones. Por más que el gobierno ha insistido en que era partidario que dicha modificación fuera efectiva a partir de noviembre de este año, se entendió que eso podía ser trillado como un confirmación a la posición de Goic, que estaba alineada públicamente con La Moneda en este tema y emplazando a Guillier por la desliz de liderazgo parta ordenar las huestes de sus cuatro partidos.

 “La Moneda está a contrapelo tratando de evitar la dispersión, no podemos equivocarnos en ningún detalle, hay dos fuerzas que cada vez tienden a distanciarse más y nosotros estamos tratando de llevarlos a un punto de unidad”, explicó una autoridad de Palacio.

En La Moneda se está tratando de surtir contacto directo tanto con Goic y con Guillier, precisamente para que no escale el clima de enfrentamiento en el oficialismo, pero asimismo tienen dudas que se logre suministrar por mucho este precario firmeza.