Del exitismo a la realidad: el turbulento tramo final de la campaña de Guillier

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Los últimos días no han sido fáciles ni sencillos en el seno de la candidatura de Alejandro Guillier, roces y cierto desorden interno, tensiones, errores del propio candidato y de su equipo de colaboradores han mermado –ad portas del cerrojo de la campaña de segunda vuelta-  la mística y confianza que se proyectó desde la misma indeterminación del 19 de noviembre. Así, el exitismo que embargó hasta la semana pasada al núcleo duro del cabecilla, se transformó en realismo político en su comando delante la imposibilidad de proyectar fehacientemente un eventual resultado en las urnas la perplejidad del domingo y nerviosismo que el sentido antipiñerista que ha tenido esta última período de la carrera por el sillón de La Moneda no sea suficiente para percibir el balotaje.

Los consecutivos errores cometidos por el candidato de derecha, Sebastián Piñera, y su evidente pérdida de control al hallarse en un escena de segunda revés que nunca imaginó, alimentaron las semanas anteriores el exitismo principalmente en el círculo de confianza de Guillier, integrado por su hijo, el periodista Andrés Almeida, Enrique Soler y Juan Enrique Forch, al punto que en el propio comando reconocieron que más de uno se tentó con la repartición anticipada de ministerios y embajadas.

El culminación de dicho exitismo fue precisamente entre el lunes 4 y el martes 5 de diciembre, cuando Piñera puso un estrato de dudas sobre el sistema electoral al conversar de votos marcados en la primera reverso, lo que gatilló una borrasca de críticas desde el gobierno y la Nueva Mayoría, varias explicaciones distintas del candidato de derecha, pero sobre todo que la ex abanderada del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, saliera a título personal a anunciar que votaría por Guillier.

Un exceso de confianza que no era compartido en todo el comando y que terminó por pasarle la cuenta a Guillier, ya que contribuyó a cometer errores estratégicos en este extremo tramo de la campaña. El domingo en El Mercurio, el miembro del equipo crematístico del guillerismo, Luis Escobar sentenció que “el fin de las AFP no es una cosa tan simple. (…) Nosotros creemos que no es necesario” y agregó que “un impuesto al 1% más rico no es tan fácil de implementar como ellos creen. (…) Esas cosas suenan muy bien. Son buenas para el bronce, pero no sirven para hacer políticas públicas (…) nosotros no somos el Frente Amplio”.

La idea diferente de esa entrevista, explicaron en el comando, era dar una señal de “tranquilidad y gobernabilidad” a la derecha empresarial, una arista que se desplegó las últimas semanas con declaraciones que en varias ocasiones pusieron paños fríos delante las demandas del Frente Amplio. Pero acullá de cumplir ese finalidad, los dichos de Escobar complicaron todo el entendimiento tras bambalinas con el FA, fue criticado en el seno del comando, considerado un moribundo error, porque el economista pecó de una equivocación absoluta de manejo político, que habló exclusivamente desde lo técnico y que no se sopesó el impacto que tendría en esta etapa de la campaña.

“En esa entrevista hubo mucha falta de talento político, era innecesaria además, a estas alturas de la campaña dan lo mismo esas señales de calma a la derecha, no era el momento”, reconoció un dirigente político esencia en el comando guillierista.

Escobar no solo fue cuestionado públicamente por el FA, sino transversalmente por dirigentes políticos de la Nueva Mayoría que cumplen distintas funciones en el comando, quienes sentenciaron no compartir las declaraciones del economista.

Luego caldo la pública diferencia de criterio en un tema esencia en esta campaña: la gratuidad en la educación superior. Guillier la semana pasada dijo que se condonaría la deuda del CAE al 40% más inerme y con los días agregó que se trataba de una medida permanente, pero luego su dirigente programático, Osvaldo Rosales, el mismo domingo en la incertidumbre aclaró que la propuesta es una suspensión del cuota por un tiempo determinado.

Ese revés fue el dolor de capital de Guillier la confusión del lunes en el debate presidencial de Anatel, se le notó –asumieron en el comando- incómodo y incómodo al punto que tras varios minutos de rodeos en sus respuestas, sentenció que el candidato era él y que había que creerle a lo que él decía, que la condonación era permanente. No es casual que este miércoles saliera Escobar –en entrevista en Radiodifusión Cooperativa- a tratar de arreglar el injuria, afirmando que el papel de los técnicos es precisamente “compatibilizar” lo que dijo Guillier con la existencia de las arcas fiscales.

Ese revés fue el dolor de capital de Guillier la perplejidad del lunes en el debate presidencial de Anatel, se le notó –asumieron en el comando– incómodo y embarazado al punto que tras varios minutos de rodeos en sus respuestas, sentenció que el candidato era él y que había que creerle a lo que él decía, que la condonación era permanente. No es casual que este miércoles saliera Escobar –en entrevista en Radiodifusión Cooperativa– a tratar de arreglar el ultraje, afirmando que el papel de los técnicos es precisamente “compatibilizar” lo que dijo Guillier con la sinceridad de las arcas fiscales:  “nosotros, con Osvaldo Rosales, pensábamos inicialmente que era poco equitativo condonar para siempre a la gente que pillaras en el 40 por ciento de más bajos ingresos en el punto inicial, pero el candidato tomó otra decisión y la tarea de los técnicos es ver cómo se compatibiliza eso con los equilibrios fiscales y con la responsabilidad financiera”.

Si el tema fue complicado para Guillier en el debate presidencial, lo cierto es que el arqueo que se hizo en el seno del comando sobre el desempeño del candidato fue imagen, la mayoría quedó “descontenta”, muchos se pusieron “nerviosos”. Nunca se le vio replicar en forma precisa y clara, que desaprovechó una buena oportunidad en materia de contenidos, considerando los casi 50 puntos de rating que tuvo la transmisión.

En el seno del comando comentaron que parte de esa incomodidad del candidato respondió en parte igualmente al “tironeo” político al que fue sometido previo al debate, entre su círculo de hierro que consideraba que Guillier debía usar esa plataforma para “golpear políticamente a Piñera”, emplazarlo con dureza por su tendencia a juguetear al confín de lo lícito y la ética. Explicaron que querían que hiciera poco similar a la performance del líder de Podemos en España, Pablo Iglesias, cuando cuestionó la honestidad del presidente castellano Mariano Rajoy, pero el ala más política del comando no comulgaba con esa juicio, la consideraban un error y que sería un búmeran para el defensor mostrarse así de “agresivo”, criterio que al final primó.

Todas las turbulencias de estos días han instalado –confesaron asesores y dirigentes– la sensación en el círculo de hierro de Guillier como en el comando que “salieron mal parados” estos días y por ende, el temor que el antipiñerismo, que es el principal delegado aglutinante de los apoyos al candidato en la segunda dorso, no ámbito para desbancar a la derecha.  “Claramente lo sucedido estos días bajó los niveles de exitismo y mermó la confianza”, afirmaron desde el comando.

El nerviosismo en el comando está alimentado adicionalmente por la incertidumbre que embarga a los dirigentes políticos, los timoneles de partido, muchos de los parlamentarios de la Nueva Mayoría. Nadie se siente capaz de proyectar lo que sucederá el domingo, se confiesan “a oscuras” para vaticinar el resultado que surgirá de las urnas y sin capacidad para interpretar al electorado, ya que todos los pronósticos que hubo en la primera revés y las parlamentarias fueron errados.

Los optimistas

La intranquilidad que se apoderó del comando esta semana fue contrarrestada las últimas horas con dos golpes de timón ayer en la tarde: el apoyo de los principales líderes del Frente Amplio, los diputados Gabriel Boric y Giorgio Jackson, que anunciaron que a pesar de sus reparos y críticas, votarán por Guillier el domingo y la arribada a Pimiento del ex Presidente uruguayo, José Mujica, para coronar el acto de obstrucción de campaña esta tarde, una figura potente, respetada y admirada por la centro izquierda y la izquierda chilena.

Donde impera una confianza férrea es en La Moneda, puntualmente en la Presidenta Michelle Bachelet. Si acertadamente algunas autoridades de palacio son más cautas y creen que el antipiñerismo no alcanzará para traducirse en los votos que necesita Guillier para acontecer al representante de la derecha, en el gobierno comentaron que la Mandataria está segura que su sucesor en esta ocasión será el senador por Antofagasta.

Es más, en Palacio confirmaron que Bachelet en distintos círculos de gobierno ha comentado en varias ocasiones los últimos días que Guillier va a percibir, que lo que ha recogido como “sensación de la calle” en todas sus actividades en ámbito, es que la concurrencia va a ir a elegir y que lo hará en contra de Piñera, porque se entendió que está en repertorio la continuidad y profundización de las reformas. “Tengo fe en la percepción de la Presidenta, ella ha actuado estas semanas con convicción y pasión, quiere ganarle a Piñera”, reconoció un subsecretario.

Pero conexo al “olfato” de la Presidenta, el segundo tierra de La Moneda ha realizado focus group que arroja que la Mandataria ha recuperado “el cariño” de la ciudadanía, que su papel estas semanas ha sido esencia y que hay una tendencia a que votaría el domingo más multitud que en los balotajes anteriores. “Pese a los errores del candidato, la gente va a ir a votar, el 19 hubo 400 mil nuevos votantes que sufragaron, la clave está ahí, en cuántos de ellos van el domingo”, precisó una autoridad de Palacio.

A luceros del Gobierno, Piñera y la derecha no se han libre en ningún momento en la campaña de segunda dorso de un nerviosismo y ansiedad que sacó al candidato de su organización de gobernante y líder de la pelotón, que ha vuelto a ser la figura que se conoció abriles detrás, esa que –agregaron en La Moneda– “capaz de decir cualquier cosa por ganar”.

La tendencia mundial es que en más del 80% de los casos de segunda revés, el balotaje lo apetencia el candidato que pasó a esta etapa en primer sitio, lo que significa que esas son las chances reales de Piñera, que el 19 de noviembre obtuvo un 36% y Guillier un 22%.

Ese casi 20%, que son las excepciones a la regla, tiene dos características –explicaron en el oficialismo– que preciso son las que se dan en el caso chileno: voto voluntario y que la campaña de segunda revés sea totalmente desconectada de la primera, que es lo que sucedió posteriormente del 19 de noviembre, donde el discurso se polarizó y se transformó en una disyuntiva donde lo que prima es el antipiñerismo y el antiizquierdismo.

Las últimas semanas se ha hablado mucho de la posibilidad que el resultado sea angosto, tanto que la diferencia entre uno u otro no repercusión al punto porcentual, lo que en la actos implica una diferencia de menos de un voto por mesa, lo que no deja fuera de los posibles escenarios en las horas siguientes al recuento una impugnación común del resultado de parte de una de las candidaturas.

Sin incautación, en el entorno de Guillier no todos creen que será así de adecuado, y más de un entendido electoral cree que la diferencia –ya sea Guillier o Piñera el triunfador– será de cuatro a cinco puntos. Recuerdan que la segunda dorso más estrecha que se ha vivido en este país  fue la del año 1999, entre Ricardo Lagos y Joaquín Lavín, donde el ex Mandatario terminó como triunfador con más de 300 mil votos de delantera.