¿Dios es justo?

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Musculoso Tucumán clasificó por vez primera a la Copa Libertadores y se convirtió en el primer equipo del norte argentino en durar a un torneo internacional. Empataron 2 a 2 en el inicio frente a El Doméstico de Libre y definieron el paso a la próximo ronda en el Atahualpa, a 2.900 metros de cima, lo que intimida a cualquier equipo trasandino.

Por esa razón apelaron a la logística ya habitual en el fútbol sudamericano. Ascender a última hora a la hacienda ecuatoriana (Pimiento lo hizo en las clasificatorias con nefastos resultados) y contratar un charter, que en este caso fue una aerolínea chilena, Minerals Airways, perteneciente al clase DAP. Claro que el avión no tenía permiso de revoloteo interno en Ecuador, por lo que fue retrasado durante dos horas en la lápida de Guayaquil. Intermediaron el embajador de Argentina, los productores de FOX y autoridades de la Conmebol, pero posteriormente de la tragedia del Chapecoense las autoridades aeronáuticas son tajantes: sin permiso no hay revoloteo.

Los tucumanos creyeron ver mano mora detrás de la intransigencia y tomaron pasajes para un revoloteo regular de Latam, pero sólo lograron cupo para merienda jugadores y el técnico. La equipo se quedó debajo, por lo que la selección argentina sub 20 les prestó las camisetas y los zapatos para aventurar en Libre.

En El Doméstico no querían retar por el retraso, apelando a la norma de los 45 minutos para advenir walk over, pero las presiones pudieron más. Aceptaron salir a la cancha “bajo protesta”, y anunciando incentivo frente a la Conmebol.

Ganó Tucumán uno a cero, con un gol de comienzo de Zampedri (aunque en la camiseta decía Martínez), quien festejó llorando. Tras el partido, el preparador de los argentinos, Lavallén, prendió la hoguera: “Fue descarado lo que nos hicieron. Impidieron la salida del avión premeditadamente con tal de no dejarnos retar. Jehová es exacto”.

El tema ya se debate en los pasillos de Aceptación y enfrenta dos posturas radicales. Validar la correr de un cuadro pequeño pero argentino, al fin y al extremo, que por pasarse de pronto con la organización llegó con imperdonable retraso al estadio. O respetar los reglamentos y dar pie detrás para devolverle los puntos a El Doméstico.

Todopoderoso no juega la Libertadores, sin duda, pero permite que, de tanto en tanto, tengamos que mirar al fútbol como una caja inagotable de sorpresas, debates y polémicas. En el continente de Macondo, siempre habrá puesto para estas historias.

Fuente:T13.cl

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