Dominga: Bachelet da golpe de autoridad y deja debilitado a Rodrigo Valdés

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En nadie de los diseños de Palacio sobre la organización política y comunicacional de cerrojo de la despacho bacheletista, se pensó que en su etapa final La Moneda se vería enfrentada a una levantamiento pública en el seno del recibidor, el  que ha dejado en evidencia un quiebre profundo entre el banco de ministros políticos con los económicos, como huella directo del rechazo del esquema Dominga. Ha pasado una semana de la votación del comité de ministros y el gobierno aún no logra alinear a su equipo ni apearse el nivel de confrontación, por el contrario, el conflicto escaló a tal punto que la Presidenta Michelle Bachelet se involucró con un contrariedad de autoridad, que solo acrecentó la molestia en el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés.

Ya a fines de la semana pasada era un secreto a voces el gallito de poder que se había instalado en la despacho bacheletista entre la poderosa jefa de gobierno de la Presidenta, Ana Lya Uriarte y el equipo crematístico del gobierno, liderado por el jerarca de la billetera fiscal. Ya en esos días en Palacio se instaló la idea que existía una operación contra la abogada PS para que ella pagara los costos del rechazo de Dominga, que dicha maniobra la lideraba Valdés de hecho y que radicaba en el choque entre la visión netamente económica contra la de un tema que es parte del sello de lo que es un gobierno de centro izquierda.

No pocos en La Moneda consideraron que la molestia del llamado edicto crematístico del ministerio pasaba porque con el rechazo del esquema “se les cayó el negocio”, que a dichas autoridades les interesaba dar una señal al mundo empresarial pensando en su desembarco gremial una vez que concluya el gobierno en marzo. No solo eso, sino que se planteó que la insurrección pública tenía sustento en explotar del hecho indiscutido que a seis meses y medio de concluir la presente suministro, no hay beneficio positivo para pensar seriamente en cambiar a las autoridades económicas sin originar un impacto cenizo.

Pero adjunto a todo esto en Palacio todavía pensaron que los decibeles del conflicto irían amainando y no se esperaban la arremetida que hizo Valdés el lunes en la mañana con sus declaraciones a la salida del tarea, con las que no solo demostró públicamente su voluntad de enfrentarse con Palacio. “Respaldo plenamente las preocupaciones que han expresado el ministro (Luis Felipe) Céspedes y el subsecretario (Alejandro) Micco respecto del tema Dominga (…) tenemos que respaldar, no sólo acatar, las decisiones que se toman interiormente de la institucionalidad, y eso fue el caso, eso no significa que la institucionalidad esté funcionando admisiblemente y en esto tenemos responsabilidad los ministros”, sentenció el principal de la billetera fiscal. No se quedó ahí, con la serenidad que lo caracteriza agregó que “yo constato que algunos no tienen el crecimiento dentro de las prioridades más altas y les cuesta a veces tener una compatibilización de eso con otros objetivos, que son importantes también, y eso ciertamente hace más difícil nuestro trabajo”.

Sus palabras cayeron pésimo en palacio y fueron un serio balde de agua fría, por la “ruptura de la disciplina base” que debe existir en toda delegación entre las autoridades y alrededor de la institucionalidad, como igualmente por la osadía del ministro de Hacienda de acogerse a la fórmula de “mandar mensajes por la prensa” para hacer presente su molestia, lo que consideraron que no corresponde ni es necesario para un secretario de Estado del nivel de poder que tiene el patrón de la billetera fiscal. Por lo mismo, la testimonio de Valdés fue perspectiva y entendida como la constatación de la “operación directa” contra Uriarte y se habló incluso que dicha logística tenía hasta un diseño comunicacional para hacer medrar el conflicto, ya que las declaraciones de Valdés no fueron para falta espontáneas, sino que se convocó a la prensa del sector avisando previamente que iba a conversar.

La respuesta de La Moneda no se hizo esperar y la lideró la propia Presidenta Bachelet, quien puso públicamente en aviso a Valdés, según dicen, molesta porque se puso en tela de sumario la institucional. La Mandataria realizó una invitado fugaz de algunas horas a la VII Región del Maule -la que fue avisada en palacio durante la tarde del lunes- y en la tercera actividad de su memorándum, una simple reunión con mil beneficiarios del Programa de Recambio de Calefactores en Curicó, destinado a disminuir las emisiones contaminantes, fue el momento que eligió para zurrar la mesa: “Chile necesita que crezcamos, sí, necesitamos que la economía crezca, pero necesitamos que el crecimiento vaya de la mano del cuidado del Medio Ambiente. Y, además, Economía Verde y Economía Azul, porque hay gente que cree que si uno se preocupa del Medio Ambiente, ya la economía no va a poder seguir creciendo. Y sí puede, sólo que hay que ponerse otros ‘anteojos’, es decir, miremos esto de otra manera y cómo puede ser una oportunidad”, sentenció Bachelet en una respuesta directa a su ministro de Hacienda.

No solo eso, a dicha actividad llegó el ministro de Medio Concurrencia, Marcelo Mena, principal foco de críticas desde el edicto crematístico por el papel protagónico que jugó en el rechazo de Dominga, se sentó cercano a la Presidenta, se les vio sonreír y conversar al oreja y escuchó cortésmente las palabras de la Mandataria. Antiguamente del discurso, desde el gobierno advertían que había que poner atención a lo que diría Bachelet y que esa actividad no había sido una casualidad.

Así como en Palacio se instaló la idea de la operación contra Uriarte, en el edicto crematístico existiría el convencimiento –explicaron– de que la atrevimiento de rehusar el plan no pasa verdaderamente por criterios medioambientales sino estrictamente políticos, vinculados a evitar que se instale en los patios de La Moneda el espinudo y traumático Caso Caval en una segunda interpretación, adecuado a los terrenos adquiridos el 2014 por Natalia Compagnon a 12 kilómetros de donde se instalaría el plan minero, los cuales a posteriori le compró Bachelet y fueron traspasados a sus hijas.

Rápidamente en el gobierno comenzó el nerviosismo y la tensión, la molestia que imperaba en el Ocupación de Hacienda había traspasado las paredes de Teatinos 120, donde consideraron que en vez de aplacar la tensión, Bachelet había tirado más gasolina al fuego. Pero en La Moneda recalcaron que la Presidenta había hecho lo correcto, que no solo remarcó públicamente su autoridad, sino que fue un recordatorio que la elegida por votación popular había sido ella y que de ahí para debajo, todos eran sus funcionarios. “Si Valdés habla ahora, muere, tiene que retroceder”, insistieron en Palacio.

Una visión que fue compartida por los ministros y autoridades políticas del gobierno, ya que más allá de las consideraciones puntuales de cada uno con el tema Dominga -donde no hay posición única- prima la argumento que las escaramuzas públicas no deben conservarse a la Mandataria ni menos ponerla como foco de conflicto. Esa es, explicaron, la premisa que hay en el Servicio del Interior y la que ha llevado a límite durante todo el gobierno como incluso puntualmente en este quiebre del salita, el subsecretario Mahmud Aleuy (PS).

La otra banqueta

La historia es correctamente distinta contada desde la banqueta económica, aunque sí reconocen que la molestia de Valdés ayer había llegado a su punto más clave, pero que igualmente tiene una explicación mucho más profunda que la traducción palaciega que lo acusa de estar buscando trabajo con miras al 2018. Esta radica en que todo el episodio de Dominga generó un daño a la figura del ministro de Hacienda como tal, lo dejó a luceros del mundo empresarial como una autoridad sin poder.

Eso, porque insisten que las semanas previas a que se citara en forma extraordinaria al comité de ministros para el lunes 21 de agosto, en todo momento las autoridades desde La Moneda les dieron señales que el esquema de Dominga se aprobaría, con error dividido, pero que tendría luz verde y que a última hora se produjo un cambio. Dicen que el viernes que fue convocado extraordinariamente el comité de ministros, nuevamente les dieron señales de tranquilidad en palacio

Incluso, hubo un momento en esas semanas que se manejó el delegado del silencio oficinista -el cual se cumplió el 10 de agosto- que podía imponer a que otra instancia ajena al gobierno resolviera el futuro del plan, pero que eso fue descartado y nunca estuvo en los planes de la empresa Andes Iron.

Así como en Palacio se instaló la idea de la operación contra Uriarte, en el banco crematístico existiría el convencimiento –explicaron– de que la audacia de repeler el plan no pasa positivamente por criterios medioambientales sino estrictamente políticos, vinculados a evitar que se instale en los patios de La Moneda el espinudo y traumático Caso Caval en una segunda traducción, oportuno a los terrenos adquiridos el 2014 por Natalia Compagnon a 12 kilómetros de donde se instalaría el esquema minero, los cuales a posteriori le compró Bachelet y fueron traspasados a sus hijas.

Cuentan que ese lunes 21 en pleno comité de ministros, Céspedes se dio cuenta que “habían dado vuelta el voto” del ministro de Agricultura, Carlos Furche (PS), el que -aseguraron fuentes económicas del gobierno- en todas las instancias siempre dio a entender que apoyaba el esquema Dominga, que los dos informes de su propia cartera ratificaban esa postura y que ya había respaldado antiguamente el plan portuario Cruz Ínclito de CAP, que en términos medio ambientales generaría un impacto veterano que Dominga. Dicha constatación generó el que el ministro de Hacienda hablara en duros términos en la reunión y se retirara sin elegir, disposición que luego en reserva fue respaldada por Valdés.

Furche integró la comitiva presidencial que ese martes 22 salió rumbo a centroamérica. En el banco crematístico dan por sentado que el cambio del ministro de Agricultura está estrechamente vinculado a dicho alucinación con Bachelet, ya que la interpretación en el gobierno es que fue llevado para despabilarse apoyos internacionales a su alternativa para dirigir el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola, osadía que se debe tomar entre el 25 y 26 de octubre en Costa Rica. De ser preferido, debería dejar su cargo en el gobierno en enero.

Ese hecho sumado a que el ministro Mena fue llevado en la misma tournée, puntualmente a Honduras, profundizó la molestia en el banco crematístico, que lo vio como una señal de respaldo innecesario y provocador de la Mandataria, para la persona que había operado directamente para que se cayera el plan Dominga.

Con el reconocimiento conocido que le dio la Presidenta a Mena en Curicó, se agudizó la molestia en Teatinos 120, donde reconocían que Valdés estaba muy enojado. Una reunión en la tarde en La Moneda desató el nerviosismo y la preocupación por que el superior de la billetera fiscal tire la toalla, de un paso al costado y decida desaguarse del gobierno, en el momento menos propicio.

Valdés no se reunió con Bachelet, sino que con el ministro de la Segpres, Nicolás Eyzaguirre -su principal soporte político en el gobierno- por materias vinculadas a la memorándum de educación. Una cita regular, previamente agendada, pero el nerviosismo que generó refleja la profundidad del quiebre interno, que será difícil de subsanar, aunque Valdés acate y retroceda en estos días.