El deporte chileno completó 28 años sin medallas olímpicas

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El deporte chileno volvió de los Juegos Olímpicos de nuevo con las manos vacías, y ya la sequía suma 28 abriles, desde aquel alejado septiembre de 1988 cuando desde Seúl llegó la comunicado de la medalla de plata para Alfonso de Iruarrizaga en el tiro skeet.

¿Qué igualmente hubo preseas para Pimiento en el 2000, 2004 y 2008? Sí, sí, pero no son del deporte chileno, no fueron generadas por ninguna estructura doméstico, corresponden a actividades ultraprofesionales ajenas a plan alguno del gobierno o del Comité Orgulloso.

En Sidney 2000, una selección de fútbol Sub 23 de la ANFP y con algunos refuerzos de peso como Iván Zamorano, se colgaron la medalla de bronce. Cuatro abriles posteriormente, los muy talentosos Massú y González, que lograron meterse entre los más top de la ATP gracias a la inversión ordinario, consiguieron la ansiada medalla oro y por partida doble en el caso del viñamarino. En Beijing 2008, el “Bombardero de la Reina” consiguió la plata en individuales al caer en la final frente a Rafael Nadal.

¿Qué tuvo que ver el IND en estas medallas del siglo 21? Falta.

¿Cuánto aportó el Comité Descarado de Pimiento? Carencia.

Y hay otro cifra peor: aquella medalla de Iruarrizaga en Corea del Sur rompió una sequía de 32 abriles tras las cuatro preseas (dos de plata y dos de bronce) obtenidas en Melbourne 1956.

En los últimos 60 abriles el deporte doméstico no solo se ha estancado, todavía ha retrocedido en relación a otros países de la región que han pasado por encima. El mejor ejemplo es Colombia: hasta 1996 tenían solo seis medallas en toda su historia, dos menos que Pimiento hasta la misma data y ninguna dorada. Desde el Sidney 2000 hasta Rio 2016, los deportistas colombianos se colgaron 21 preseas, cinco de ellas de oro.

El gran brinco de los cafeteros no es casualidad. El estado aumentó mucha la inversión en la reincorporación competencia tras el fracaso de Atlanta 1996; obtuvieron fortuna frescos de un impuesto a los celulares; se enfocaron en deportes con tradición y opciones de éxito; establecieron centros regionales, y lograron un gran impulso con los Juegos Sudamericanos de Medellín 2010.

En Pimiento se nos escapó la tortuga con Santiago 2014 pero todavía queda tiempo para una reingeniería de los planes de inversión del gobierno, tomando muy cuenta lo que se hizo en Colombia.

Una gran motivación, poco así como la zanahoria delante del rudo, podría ser organizar los Juegos Panamericanos de 2023. Para eso, claro, habría que avisarle al Ocupación del Deporte que debe presentar la postulación con aprieto y que si no hay cambios urgentes, la sequía que empezó en Seúl 1988 seguirá posteriormente de Tokio 2020.

Fuente:T13.cl

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