El dilema de Rubilar: cuando el piñerismo no alcanza para sobrevivir en La Moneda

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Todos les han disparado, sin pudor, con y sin micrófono, ya sea por hechos puntuales o por la acumulación de derrotas políticas de la delegación piñerista que se les achaca. Se trata del comité político del Presidente Sebastián Piñera, a quienes desde su propio sector no les han perdonado el desorden interno, el no suceder acabado en estos casi tres meses afiatarse y demostrar que sus características políticas podían favor estado a la prestigio de las circunstancias. Todo apunta, a luceros de la propia derecha, a que la ingeniería de la estructura que ideó el propio Mandatario para detallar esta tríada ministerial de Palacio no aguanta más.

En ese complicado decorado, la más perjudicada ha sido la ministra de la Segegob, Karla Rubilar, quien no cuenta con las redes partidistas necesarias ni padrinos poderosos al interior de La Moneda para sobrevivir, políticamente, a la embestida. Su par de la Segpres, Felipe Ward, es militante UDI y, más allá de los cuestionamientos a su mal desempeño en la cartera, el espacio de poder que ocupa en el centro de la toma de decisiones del Gobierno lo transforma en un actor imprescindible para el gremialismo. Una señal clara de eso fue cuando la timonel UDI, Jacqueline van Rysselberghe, salió a defenderlo sin contemplaciones, al punto de llamarle la atención al propio ministro del Interior, Gonzalo Blumel, al pedirle que no se inmiscuyera en el trabajo de otros.

Blumel, en tanto, tiene un soporte inigualable: ser el prohijado político del patrón de asesores del segundo suelo de La Moneda, Cristián Larroulet, quien hace las veces de sostén ideológico, un intocable en La Moneda y que, a pesar del implacable fuego amigo que ha recibido desde hace meses, mantiene su poder interno, su gran injerencia frente a el Presidente y un respaldo de este que pocos tienen.

Desde la propia Segegob reconocieron que el ser independiente en medio de la disputa de poder propia de Palacio, sin dudas que genera un sentimiento de “orfandad”, al que en el caso de la ministra Rubilar se le agrega un ítem no beocio: está ocupando un cupo que le correspondería a Renovación Doméstico en el comité político, partido que en el cambio de salita del 28 de octubre quedó fuera del táctico círculo ministerial.

Morales responsabilizó en parte al propio Mandatario. “El cuestionamiento al equipo político anuncia un cambio de gabinete para marzo o abril. Para muchos, este gabinete no funcionó, en gran parte, porque el Presidente no se siente seguro en compañía de Blumel, Rubilar y Ward. Piñera se sentía más cómodo con (Andrés) Chadwick. Esa falta de confianza en su equipo político, provoca que las críticas aumenten y que más adelante la presión por el cambio de gabinete se haga insostenible. No es descartable que Piñera –como último recurso– deba recurrir a figuras del Congreso para salir de la crisis”.

Según cercanos, la ministra Rubilar estaría absolutamente consciente que los cargos que ha ostentado en esta despacho, primero como intendenta y luego como vocera, se deben más que falta a su condición de “piñerista” a toda  prueba, más allá de sus reconocidas capacidades y un currículo que toca tierra con el mundo social, al acontecer sido primera mayoría en comunas populares en sus tiempos de diputada. El problema, agregaron, es que la incondicionalidad con el Mandatario ya no es equivalente de fortaleza política suficiente para defenderse del “fuego amigo”, considerando el escuálido 6% de respaldo ciudadano que tiene Piñera y lo cuestionado de su figura y liderazgo en el propio oficialismo.

Eso explica –a luceros de varios en La Moneda– las osadas y destempladas críticas que diferentes figuras de Pimiento Vamos han emprendedor contra los ministros del comité político, nombres que el propio Principal de Estado escogió para sortear este particular momento político tras el estallido social del 18 de octubre.

Con un nivel de exposición que ya se quisiera cualquier político, las principales críticas a la ministra Rubilar –ex-RN y ex-Amplitud– han escrito a que no tendría la capacidad para “interpretar” al Presidente en momentos claves. Más allá de activo tenido que salir a dar la cara por el caso del crónica “Big Data”, que acate la prescindencia ordenada para el plebiscito del 26 abril o que el martes haya surgido a saludar –a la oficina de partes de Palacio– al líder del partido Republicano, José Antonio Kast, el problema radicaría en la diferencia política de la vocera con la estría por la que apostó La Moneda para intentar salir a flote desde iniciado el estallido social.

Otro de los cuestionamientos a Rubilar y al comité político es el poco afiatamiento que han demostrado hasta hoy y que ello habría constituido un negociador no beocio para el rápido desgaste que ha sufrido la tríada ministerial. Cercanos al trabajo de coordinación de los tres ministerios, han inculpado que tanto en la Segegob como en la Segpres los ritmos no estarían a la importancia de la exigencia, mismos cuestionamientos que se le hizo en un principio a Interior, los que en dicha cartera, sin bloqueo, han acabado aplacar.

Respecto de las relaciones internas y de las cuales no pocos se han encargado de destacar que no estarían en su mejor momento, en La Moneda afirmaron que existe una longevo cercanía entre Rubilar y Ward, porque los dos son nuevos en Palacio, mientras que Blumel ya estaba allí desde el 11 de marzo del 2018 y, antaño, era parte del círculo de hierro de la campaña en Apoquindo 3000. “Uno busca apoyo con un igual”, explicaron.

Nadie ha agradecido oficialmente los roces que otros han destacado, pero sí dan cuenta de que no “son necesariamente amigos” con el ministro Blumel, pero que trabajan perfectamente, que la comunicación es fluida, aunque mayormente a través del teléfono más que presencial, lo que respondería a las condiciones del trabajo diario.

Quienes siguen de cerca la agricultura ministerial, hablaron de un desgaste “evidente” de la figura de la ministra de la Segegob, el que ha sido comentario en algunos círculos internos.

Todo esta situación interna en La Moneda, llevó a que el lunes el Presidente Piñera les pidiera a sus tres ministros intentar mostrar públicamente un anciano fiato, un veterano trabajo en equipo, para aplacar lo que sea posible las críticas provenientes desde el propio oficialismo. En la sede ministerial están al tanto de lo arduo que es, para un Mandatario con su nivel de aprobación, obtener su cometido en el dominio que sea y que, cedido ese contexto, la petición que hizo a su equipo develaría la imposibilidad que tiene hoy para ordenar la casa.

Desde la Segegob aseguraron que los cuestionamientos apuntarían a un dita en el trabajo meramente político de la cartera, que, a diferencia de su antecesora Cecilia Pérez, a la ministra Rubilar no le habría sido asignada la “denominación de partidos políticos”, lo que implica aceptar la relación con el oficialismo y hacer de puente político con la coalición. A eso, agregaron que la vocera tiene claro que su cargo puede ser de transición, pero a pesar de ello su desafío está en poner el acento en el radio de sociedad civil del empleo y la dirección de Obras Sociales, las que, si admisiblemente “no traen los réditos del espacio comunicacional político”, cree firmemente que son un espacio en específico en que se encontraría el anciano adeudamiento de esta sucursal.

En la sede del Ejecutor sentenciaron que existe un diseño consensuado con el Presidente y que implica que los demás ministros, con proyectos bajo su responsabilidad, se muestren más en circunscripción, para de esta forma presentar un Gobierno amplio y variado. Y que es bajo ese diseño que actúa Rubilar.

Saben que el principal “fuego amigo” contra la ministra proviene específicamente del senador Andrés Allamand (RN), quien tendría en sus planes –recalcaron en el empleo– hacerse, en persona o a través de uno de los suyos, de un espacio en el comité político de Palacio. En este situación, la disputa interna de RN asimismo se puede ver reflejada en este coyuntura de poder, ya que precisamente es el timonel de RN, Mario Desbordes, quien públicamente y incluso bajo cuerdas, ha respaldado a Rubilar.

Para el colegial y director del Centro de Examen Político de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, los cuestionamientos a la figura de la ministra se deberían a que “ella destacó al inicio del estallido social como intendenta de la RM, pero no ha lucido como vocera. Pero no es necesariamente culpa de ella. Es un problema de diseño comunicacional. Dado que la agenda ha estado concentrada más en el Congreso, entonces el foco de conflicto se traslada hacia los partidos, debiendo Blumel asumir la vocería del Gobierno. Rubilar se ha posicionado más como una portavoz del Presidente que como una defensora del Gobierno. Ese diseño le ha impedido lucir”.

Morales responsabilizó en parte al propio Mandatario. “El cuestionamiento al equipo político anuncia un cambio de gabinete para marzo o abril. Para muchos, este gabinete no funcionó, en gran parte, porque el Presidente no se siente seguro en compañía de Blumel, Rubilar y Ward. Piñera se sentía más cómodo con (Andrés) Chadwick. Esa falta de confianza en su equipo político, provoca que las críticas aumenten y que más adelante la presión por el cambio de gabinete se haga insostenible. No es descartable que Piñera –como último recurso– deba recurrir a figuras del Congreso para salir de la crisis”, sentenció el clásico.

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