El incómodo desembarco del “interventor” Ubilla

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En La Moneda no hay dos lecturas. El regreso “part time” del exsubsecretario de Interior, Rodrigo Ubilla (RN), tiene una sola explicación y un solo fin: subsanar el gran adeudamiento político que hay al interior del Gobierno, precisamente en uno de los momentos más delicados y complejos que deberá confrontar la oficina piñerista las próximas semanas y meses, oportuno a los mercancía sanitarios, políticos, económicos y sociales que generará la pandemia de Coronavirus. Un tablas tan complicado, que no deja mucho espacio a desaciertos, desprolojidades y errores como los que se evidenciaron en los últimos dos meses.

Cuando en la derecha y el oficialismo en caudillo hablan de endeudamiento político del Gobierno, en la habilidad todos apuntan al Servicio del Interior, hoy manejado por la dupla conformada por Gonzalo Blumel (Evopoli) y Juan Francisco Galli (RN). Una cartera que en el papel debería sufrir las riendas políticas de la contemporáneo despacho, pero que en los hechos ha quedado en deuda en este punto.

El viernes 8 de mayo, cerca de las 21 horas circuló un escueto comunicado oficial de presidencia en el que se notificó la audacia del Mandatario de traer de reverso a palacio a Ubilla, esta vez como parte del staff de asesores del segundo tierra. Una valor que se tomó esa misma tarde y de la cual la mayoría en palacio se enteró por la prensa.

Durante esta semana, en La Moneda prefirieron bajarle el perfil a la “poco sutil” osadía presidencial, porque esta de inmediato generó roces e hirió susceptibilidades en algunas oficinas de palacio, especialmente en las del Patio de Los Canelos.

Considerando que el manejo de la pandemia se puso cuesta en lo alto, en el Gobierno explicaron que al Presidente no le habría quedado otra opción que nombrar a una suerte de interventor político en las sombras, cualquiera que coordine la “operatividad” de decisiones gubernamentales complejas, como lo es la cuatentena total que comienza a regir esta perplejidad en las 32 comunas del Gran Santiago y en otras seis de su entorno. La selección de Ubilla para esa tarea pasó por tres factores, su cercanía histórica con Piñera de casi tres décadas, su reconocida muñeca política y sus amplias redes políticas.

Su calidad de piñerista histórico y la confianza que tiene por parte del Mandatario, han instalado a Ubilla desde esta semana en el cerrado y exclusivo círculo de poder con el que Piñera ha tomado muchas de las cuestionadas decisiones para manejar la pandemia, una mesa en la que solo se sentaban hasta ahora el dirigente de asesores del segundo suelo, Cristián Larroulet, y el ministro de Sanidad, Jaime Mañalich.  Con el primero la relación nunca ha sido buena, solo formal y distante, mientras que con el segundo es mucho más cercana, se conocen desde el primer gobierno donde entreambos trabajaron coordinadamente el 2010 lo que fue la reconstrucción pos terremoto del 27/F y crisis como el estallido de Freirina. De hecho, la “experiencia” del ex subsecretario apagando los incendios que enfrentó la primera agencia piñerista es otro de los puntos a su patrocinio.

Ubilla es cercano al ministro de Relaciones Exteriores, Teodoro Ribera, tiene lista directa con el presidente de RN, Mario Desbordes, y tiene una estrecha amistad con el senador Andrés Allamand, quien sería el creador del “extraño” aterrizaje del ex subsecretario al Instituto Facilidad y Crecimiento, hoy dirigido por la UDI, Marcela Cubillos.

En sectores de La Moneda reconocieron que el regreso de Ubilla como asesor fue manido y entendido como una crítica velada al trabajo que se estaba realizando y que la confianza política que hay entre el ex subsecretario y el Mandatario, deja a varios -entiéndase al ministro Blumel y a Galli- en una evidente situación de desventaja a la hora de intentar imponer sus criterios en las decisiones gubernamentales.

No es la primera vez que Ubilla juega este papel ni siquiera que Piñera lo manda a chillar para que lo ayude a “salvar” una situación. La oscuridad de la primera revés presidencial de noviembre de 2017, el paladín de Pimiento Vamos recibió un balde de agua fría falta con los resultados que obtuvo: si perfectamente lideró las preferencias (36,6%) y sacó más de diez puntos de delantera a Alejandro Guillier ( 22.7%), el rendimiento electoral había estado casi diez puntos por debajo de lo pronosticado y cuatro menos del tierra leve que se estimó entonces para estabilizar el balotaje.

Esa misma incertidumbre Piñera llamó a Ubilla para que asumiera como encargado territorial de la campaña de la segunda revés, lo que desplazó a Lucas Palacios, presente ministro de Riqueza, de dicha tarea. El resultado obtenido en la segunda reverso (54,5% ) a auspicio del flagrante Presidente, fue adjudicado en gran parte a la bordado territorial, la capacidad de papeleo y a las redes del ex subsecretario.

Una historia que ha saledizo a colación en estos días en el oficialismo y que ha servido de contrapunto a los cuestionamientos internos que hay en el Gobierno sobre las falencias en la papeleo política desde el Tarea del Interior, puntualmente por su poca coordinación con las carteras de sanidad y defensa, como todavía a nivel territorial en regiones, principalmente con los alcaldes e intendentes.

Para el director de la Escuela de Gobierno de la Universidad Central, Ámbito Tostado, el ex subsecretario Ubilla “no es un técnico con expertís en el diseño, implantación o evaluación de políticas (razones que entregaron desde el gobierno para su llegada), lo suyo es la política y especialmente la interna del partido”. Agregó que este “regreso”  tendría una segunda derivada, la de  “recomponer el piñerismo y blindar al Presidente con su círculo de colaboradores más estrecho. Su relación con Chadwick y Larroulet es parte de la última línea de defensa de Piñera y ahí vuelve Ubilla”.

Su calidad de piñerista histórico y la confianza que tiene por parte del Mandatario, han instalado a Ubilla desde esta semana en el cerrado y exclusivo círculo de poder con el que Piñera ha tomado muchas de las cuestionadas decisiones para manejar la pandemia, una mesa en la que solo se sentaban hasta ahora el jerarca de asesores del segundo suelo, Cristián Larroulet, y el ministro de Sanidad, Jaime Mañalich.  Con el primero la relación nunca ha sido buena, solo formal y distante, mientras que con el segundo es mucho más cercana, se conocen desde el primer gobierno donde los dos trabajaron coordinadamente el 2010 lo que fue la reconstrucción pos terremoto del 27/F y crisis como el estallido de Freirina. De hecho, la “experiencia” del ex subsecretario apagando los incendios que enfrentó la primera distribución piñerista es otro de los puntos a su beneficio.

En el Gobierno dijeron que Larroulet resintió congruo la arribada de Ubilla. No por cero el ex director del Instituto Emancipación y Ampliación, realizó gestiones para contrarrestar el beneficio de argumento que un principio se pensaba para el exsubsecretario, ya que el propósito diferente era que Ubilla fuera el coordinador de la crisis pasando por sobre el ministro Blumel, el hijo político de Larroulet, pero al final se acomodó su papel solo como asesor directo del Presidente.

La sombra de Chadwick

La permanencia del ministro Blumel en Interior no ha sido nulo manejable. Es cierto que asumió ese papel cuando nadie más quería, en pleno estallido social, pero esa devoción no ha sido suficiente, ya que hasta hoy carga con el peso de la sombra que dejó su antecesor, Andrès Chadwick, quien a pesar de dejar oficialmente el ministerio, sigue siendo desde fuera de La Moneda uno de los “orejeros” y consejeros principales del Mandatario.

En la derecha explicaron que Blumel sigue luchando por demostrar sus capacidades, una pelea en la que cuenta con el respaldo no beocio de Larroulet, lo que lo sostiene al final del día a pesar de las críticas por su carente gobierno política. Pero el hecho que Ubilla fuera durante cuatro abriles en el primer gobierno y luego, un año y medio nuevamente la dupla de Chadwick en el Servicio del Interior, hizo que no pocos en el entorno de Blumel vieran el regreso del RN como un “desembarco” velado del ex ministro en La Moneda.

Eso, porque no solo volvió Ubilla, sino que igualmente lo hizo Andrea Balladares, la ex jefa de división de Gobierno Interior, quien fue habitación esencia de Chadwick en su papeleo territorial en las regiones y que había dejado el Gobierno para trabajar con él en la campaña por el “Rechazo” para el plebiscito. Balladares, cumplió hasta hace unas semanas funciones como delegada presidencial en La Araucanía y hoy, al igual que Ubilla, está en el segundo adoquinado de palacio y en el Gobierno afirmaron que entreambos vinieron a “tapar hoyos”.

Es sabido que Piñera nunca ha dejado de murmurar con Chadwick, pero en estos días -señalaron fuentes de palacio- esta comunicación es casi diaria. Una influencia que en el Servicio del Interior cae pésimo, donde reconocieron que “es una afrenta” para el trabajo y esfuerzo que han realizado cada vez que se hace ropaje o se publica en los medios que Chadwick sigue presente y activo en las decisiones gubernamentales.

Rencillas más y roces menos, lo concreto es que los números de la pandemia se han transformado en un dolor de habitante para el Mandatario, las cosas no salieron como apostaron y las próximas semanas de mayo y junio serán una prueba de fuego para La Moneda, donde se verá en los hechos si la experiencia de Ubilla lo ayuda y otra vez, le arregla la carga a Piñera.