El peligroso proteccionismo de Trump

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En el fondo, todo es muy sencillo: quien prometa reducciones tributarias a los estadounidenses, tiene prácticamente ganadas las elecciones. Hillary Clinton quería aumentar la carga tributaria del 1 por ciento de los más adinerados. Más impuestos y menos posibilidades de evadirlos eran su récipe para satisfacer las arcas. Suena a un manejo presupuestario sensato.

Pero con semejantes planes no se deseo elecciones. Donald Trump, en cambio, prometió de todo, a los pobres y a los ricos: una reducción del impuesto del tramo superior, del 40 al 25 por ciento, y exención de impuestos a la renta de las personas de menores ingresos, a partir de 2017. De ello se beneficiarían más de 60 millones de hogares. ¿Se sorprende cualquiera de que los votantes apoyen masivamente al populista? Ellos no tienen que sacar cuentas; puntada con que crean.

Pero si uno saco las cuentas, llega a una herido de ingresos impositivos de entre 2,6 y 3, 9 billones de dólares en los próximos 10 abriles. Son agujeros que ni siquiera un Donald Trump puede tapar.

Vacío comercio en peligro

Las promesas electorales poco realistas no son un aberración específicamente estadounidense. Populistas hay en todas partes. Mucho peor para la capital mundial y el comercio internacional sería que Trump cumpliera otra de sus promesas: se propone dejar sin vigor el tratado de excarcelado comercio con México y Canadá, no ratificar el acuerdo transpacífico TPP y no seguir sección el TTIP con la Unión Europea. Quiere dificultar el golpe al mercado a países como China, Corea del Sur o Japón, de ser necesario todavía mediante aranceles punitivos. Todo ello, supuestamente, para proteger a la industria particular de prácticas desleales de competidores extranjeros.

Hay una palabra que designa ese pensamiento: proteccionismo. Como hombre de negocios, Trump debería conocer que la competencia es positiva. Si se protege a las empresas locales artificialmente con aranceles y otras trabas comerciales, no se le hace positivamente un cortesía al país. Al contrario: las empresas descuidan la investigación y la innovación, y pierden competitividad.

El proteccionismo, los aranceles punitivos y las barreras comerciales tendrían, encima, desastrosas consecuencias para el comercio y la pertenencias mundial. Desde hace abriles, el comercio mundial crece poco y, si se resta la inflación, se llega a la conclusión de que está estancado. En efectividad, se necesitarían ahora nuevos impulsos, mediante más tratados de excarcelado comercio. Pero Trump no piensa así.

Peor que el “brexit”

Asimismo las empresas alemanas sentirán el impacto. Desde que se ha débil la demanda de Europa y China, Estados Unidos se ha convertido en el principal comprador de exportaciones alemanas, superando a Francia. En Alemania, cerca de un millón de empleos dependen directa o indirectamente de las exportaciones a Estados Unidos. La política de Trump podría convertirse, por lo tanto, en un problema para la capital germana.

En mayo, ningún europeo podía imaginar aún que los británicos verdaderamente optarían por renunciar la Unión Europea. Pero lo que tenemos ahora por delante tendrá consecuencias mucho más profundas que el voto a crédito del “brexit”. Porque no se trata de la crematística británica, relativamente pequeña. Se trata de la posesiones más poderosa del mundo.

Incluso hay populistas en Europa

El populismo de Donald Trump incluso tiene sus equivalentes en Europa. Y estos se verán alentados por el triunfo del candidato republicano. El 4 de diciembre, los italianos decidirán en un plebiscito sobre la reforma del Senado. Si fracasa la propuesta, podría suceder que en elecciones anticipadas se convierta en primer ministro un excomediante.

La vencimiento de Trump, sin secuestro, no justifica que los europeos frunzamos el ceño. No solo hay que pensar en populistas como Berlusconi o Beppe Grillo en Italia, Viktor Orbán en Hungría o Jaroslav Kaczynski, el hombre que mueve los hilos tras bambalinas en Polonia. Igualmente está la amenaza de Marine Le Pen en Francia y de Geert Wilders en Holanda. ¿Descuido cierto? Pues sí: en Alemania florece el partido AfD. Todavía este se sirve del sector de los ciudadanos desfavorecidos, indignados con “los de en lo alto”; y ellos son equitativamente los que llevaron a Donald Trump a la vencimiento al otro costado del Atlántico.

 

Fuente:T13.cl

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