Emmanuel Macron gana las elecciones y se convierte en el presidente más joven de Francia

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Emmanuel Macron tiene 39 abriles y este domingo ganó la segunda revés electoral convirtiéndose en el presidente más tierno de la historia de Francia. Los primeros resultados de las encuestas a boca de fanal le entrega el 65,1% de las preferencias, contra el 34,9% que habría obtenido su contrincante Marine Le Pen. 

Hace seis meses, nadie lo hubiese creído.

Pese a ser ministro de Patrimonio del socialista Francois Hollande, desde el principio de su campaña decidió moverse por el centro, tomando cosas de la izquierda y la derecha, muy en el estilo de Charles de Gaulle, el genérico fundador de la Finca República.

En noviembre de 2016, la suya parecía una postulación testimonial, percibida con desdén por los dos sectores. Se consideraba que, a lo mayor que podía aspirar, era pactar una alianza con Alain Juppé, por entonces predilecto conservador, si alcanzaba una improbable número de dos dígitos.

Pero Juppé no llegó –fue derrotado en las primarias de la derecha por Francois Fillon- y Macron nunca fue la candidatura sin futuro que se creía.

Desde los primeros sondeos se mostró como competitivo y empezó a triunfar espacio a medida que los escándalos comenzaban a apabullar al preferido Fillon, hasta convertirse él en el número uno de las encuestas y, luego, en el campeón de la primera reverso de las elecciones.

Un intelectual

En la prestigiosa École Nationale d’Administration -cuna de la elite política- fue un escolar de buenas notas, que se hizo el tiempo para incluso estudiar filosofía, división en la que demostró una aptitud suficiente como para que el reputado filósofo Paul Ricoeur, fallecido en 2005, lo llamara a su costado para que le colaborara en el que sería su extremo gran manual.

Igualmente toca el piano y es un apasionado de la humanidades; incluso, un escritor en el clóset, con una novelística sobre el conquistador Hernán Cortes que escasamente ha enterado su esposa, Briggitte Trogneux.

Por cosas como esas, a Macron se le considera un intelectual, para el lamento de los críticos que aclifican detalles de su performance pública como una pose. Algunos de sus compañeros de universidad, incluso, han recordado que no prestaba mucha atención a los estudios.

El perfil consumado

A la política llegó tras el llamado de Hollande, que lo sacó de la banca de negocios de Rothschild para ubicarlo –primero- como asesor crematístico de la Presidencia y, luego, como ministro. Sin secuestro, en medio de la crisis del gobierno, no titubeó en desmarcarse y, con el tiempo, renunciar al cargo.

La esencia de su discurso despierta suspicacias. Quiere terminar con las prestaciones de retiro y las protecciones a los trabajadores, para rasgar el mercado a los negocios, pero al mismo tiempo asegura que mantendrá las garantías sociales. Se ha dicho que son políticas vagas, sin mucha claridad, demasiado abstractas y tecnócratas.

Para sobreponerse a eso ha hecho traje de sus cualidades de excelente orador y de un encanto que los medios califican como heredero del de los Kennedy en Estados Unidos.

Macron es el rupturista, el político de escasa experiencia de gran parla, el capo de las finanzas (pese a algunas dudas surgidas en biografías) que se casó con quien fuera su profesora de humanidades en el colegio, 24 abriles anciano que él.

El perfil consumado, en definitiva. Un concepto que sobrevive pese al retrato de un hombre de pocos amigos, individualista y alejado de su comunidad que se le ha hecho.

Los apoyos del resto

Consciente de su desventaja delante este rival, que encima en los sondeos aparece muy por delante de ella, Marine Le Pen ocupó las dos semanas entre la primera revés y el balotaje para atacarlo por sus vínculos con los poderosos.

“Usted es el candidato de la precariedad, la globalización, la uberización, el saqueo de los grandes grupos”, le dijo en el debate del miércoles. No dudó siquiera en exhalar acusaciones sin fundamentos, o falsas parte en términos actuales, como una supuesta cuenta en las Bahamas, que el centrista desmintió de plano.

El miedo al triunfo de la ultraderechista alineó a casi todos detrás de Macron: a Fillon, Benoit Hamon –el oficialista que agarró el fierro caliente y se presentó como candidato, consiguiendo una paupérrima votación- y Hollande. Los musulmanes y los judíos hicieron lo propio.

El extremista de izquierda, Jean-Luc Mélenchon, desistió de apoyarlo y dos tercios de su movimiento Francia Insumisa han dicho que prefieren elegir ignorante que a él; no obstante, descartaron sufragar por la líder del Frente Doméstico.

Sus posturas europeístas, opuestas a las de Le Pen, le han puesto a Macron el traje de eventual salvador de la Unión Europea, tras el Brexit y el crecimiento de las ideas de extrema derecha y antiinmigrantes en el Vetusto Continente.

Es parte de lo que está en esparcimiento este domingo, en la segunda dorso de las presidenciales francesas, donde la historia de un candidato señorita de 39 abriles parece perfecta para un final acertado.

Fuente:T13.cl

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