Emmerson Mnangagwa promete una nueva democracia para Zimbabue

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El exvicepresidente Emmerson Mnangagwa, que sustituirá a Robert Mugabe como presidente de Zimbabue de forma provisional, prometió una “nueva democracia” para el país tras suceder cerrado de forma definitiva los 37 abriles de reinado del derrocado líder.

El próximo líder de esta nación del África meridional regresó este miércoles tras haberse desterrado en Sudáfrica posteriormente de su destitución como vicepresidente el pasado 6 de noviembre, forzada por la banda pariente a las ambiciones de la primera dama, Grace Mugabe, de convertirse en la sucesora de su marido en el poder.

Según afirmó hoy, su expatriación en el país vecino se debió a que, tan solo dos horas posteriormente de ser cesado, fue informado de que existían planes para finalizar con su vida.

La revés a Zimbabue de Mnangagwa se produjo tan solo horas a posteriori de acontecer sido nominado para habitar provisionalmente la presidencia por su partido, la gobernador Unión Doméstico Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF), que lo confirmará en su congreso de diciembre como candidato para las presidenciales de 2018.

Mnangagwa adelantó que tomará posesión de su nuevo cargo el viernes en dirección a las 10.00 hora particular (08.00 GMT). Aunque la dimisión ayer de Mugabe haya dejado al país en un interregno de facto, técnicamente es el vicepresidente, Phelekezela Mphoko, quien actúa como principal de Estado en funciones.

Sin secuestro, Mphoko se encuentra en Japón y, según el diario regional “NewsDay”, estaría buscando refugio en países como Mozambique o Zambia frente a el temor a ser procesado, ahora que ya no cuenta con la protección del caído Mugabe, su principal valedor.

Luego, el camino parece allanado para que Mnangagwa cumpla por fin sus deseos de convertirse en presidente: su nombre ya había estado vinculado a planes y conspiraciones para sustituir a Mugabe desde hace casi 15 abriles.

“Crecimiento económico, paz y trabajos” son las promesas que hoy hizo frente a sus seguidores en el primer discurso como presidente electo -por su propio partido- frente a sus seguidores, a los que agradeció “la disciplina y el pacifismo” demostrados durante los días siguientes al alzamiento marcial contra Mugabe.

Aunque ahora es gastado como el salvador de la democracia, Mnangagwa, conocido con el apodo de “Cocodrilo”, tiene un pasado tenebroso: como ministro de Seguridad tras la independencia en 1980 jugó un papel esencia en la matanza de más de 20.000 miembros de la etnia Ndebele.

La emplazamiento operación Gukurahundi, que muchos califican de exterminio, fue una purga étnica contra simpatizantes de la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue, que se saldó con la fusión de esa formación con la ZANU-PF y le valió a Mugabe su mejora definitivo a la presidencia, ya que hasta entonces gobernaba como primer ministro.

Mientras que el ya expresidente, de 93 abriles, mantuvo malas relaciones con los principales potencias mundiales (excepto con China, que lo llamó “buen amigo” incluso a posteriori de su dimisión), quienes lo tachaban de “dictador”, Mnangagwa dijo situar por cooperar con socios regionales, de África y de todo el mundo para reconducir la riqueza.

Esta es, sin duda, una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, ya que el país ha pasado cómo empeora en los últimos meses una crisis que arrancó con la hiperinflación de 2008 y que se ha llevado por delante hasta la propia moneda de Zimbabue, tristemente popular por haberse llegado a emitir billetes de cien billones.

“Me comprometo a serviros”, recalcó el nuevo líder, antaño de pedir a “todos los zimbabuenses patrióticos que aúnen esfuerzos y trabajen juntos” en una nueva etapa para el país en la que “nadie será más que nadie”.

Pese a este optimismo, Mnangagwa criticó las “intensas intentonas para hacer descarrilar al proceso” de zanjar con la presidencia de Mugabe, que finalmente no prosperaron oportuno a que “la voluntad de la gente siempre se impone” y a que el Ejército, con el que mantuvo “contacto constante” durante la crisis, gestionó “de forma pacífica” la situación, según declaró.

Poco de lo que no habló en su discurso son las elecciones presidenciales, previstas para 2018, para las que será candidato de la ZANU-PF y cuya celebración está todavía en el viento, pese a que la provisionalidad de su nuevo cargo parece indicar que su presidencia se limitará a durar hasta dichos comicios.

Un día a posteriori de su dimisión, no se sabe falta de Mugabe ni de su paradero, y su futuro parece un intriga: unos apuntan a que se exiliará en Singapur, donde posee activos y donde viaja a menudo para cobrar tratamiento médico, mientras que otros afirman que ha llegado a un pacto de impunidad con el Ejército.

Sin bloqueo, hoy pocos parecen preocupados por esto en el país. Su nuevo líder ha llegado y les promete todo aquello que les ha sido inepto durante los últimos abriles: democracia, trabajos, crecimiento crematístico y paz.

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