Empresario se queja por lentitud de la Fiscalía tras sufrir insólito robo de toda una planta de hierro en Antofagasta

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La descenso industrial en la minería hizo que muchos procesos quedaran postergados a la demora de un mejor precio del metal rojo. En el caso de Caprica, empresa minera de Francisco Lourenco, no se trata de cobre, sino de hierro. “Desarrollamos la tecnología para sacar hierro sin utilizar agua y nos ha ido bien, pero la suspensión de faenas el año pasado por una causa judicial nos perjudicó”, comenta el patrón. El daño se verificó cuando le robaron la planta de Mejillones, que no tenía seguros y que se encontraba en custodia por orden de la fiscalía Santiago Oriente.

Lourenco señala que al ver el revuelo por el robo de una camioneta que apareció en Bolivia no dejó de pensar en la imagen de la equidad en Pimiento. “En mayo último presenté una querella por el robo de mi planta ante la fiscalía en Mejillones, aportando una serie de antecedentes, pero en dos meses ni siquiera me han llamado con alguna novedad. Seguramente no la hay”, dice el patrón. Sus abogados lograron exponer el tema al fiscal regional de Antofagasta, Alberto Ayala, pero –cree-,  “no pasa de ser un acto testimonial, un téngase presente”.

El robo denunciado por Francisco Lourenco se registró en su propiedad, ubicada a 45 kilómetros de Mejillones, donde en pocas horas hubo gentío capaz de desarmar cinco torres de espada, una de 18 metros y otras cuatro de 10 metros de cumbre cada una, soportantes de bandas magnéticas que separan la piedra del hierro. “Creo que hay que dar cierta seguridad a las inversiones en un área tan sensible como la minería, toda vez que no todo acá es la gran minería, sino que son cientos las empresas pequeñas y medianas que se ven enfrentadas a casos donde ronda una especie de cuatreros industriales”, advierte el patrón.

Lourenco señaló en la querella que las pérdidas alcanzan a 18 millones de dólares por el valencia de la planta principal de chancado y concentración, encima de tres plantas móviles de concentración magnética y una de clasificación. “Son unas cinco mil toneladas solo en acero, sin contar el equipamiento técnico, motores y el campamento sustraído”, estimó el industrial.

Las estructuras fabricadas por PME sirven a toda la minería, por lo que –explicó-, podría tratarse de un robo por encargo para otras faenas o, simplemente, haberlas llevado a fundiciones.