Errores de la nueva normalidad le pesan a La Moneda y agotan la paciencia en el oficialismo

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Cada vez que se le ha consultado a una autoridad de Gobierno por las evidentes contradicciones que han tenido en el manejo de la crisis sanitaria, rara vez en palacio se ha agradecido públicamente un error como tal y básicamente la logística ha sido esquivar los dardos, culpando segundas intenciones de la examen, a la prensa o incluso, a la ciudadanía por no respetar instrucciones. Pero tras el aumento de la cifras de contagiados por coronavirus el postrero fin de semana en el situación de la llamamiento nueva normalidad y el retorno seguro por el que apostó La Moneda, esta vez la despacho piñerista tuvo que carear cuestionamientos desde su propia camino, el oficialismo, donde ya se instaló la molestia y la preocupación.

El viernes 1 primero de mayo, el Presidente, Sebastián Piñera, dijo que “tenemos que volver a poner en marcha nuestra sociedad, porque si nos quedamos acuarentenados vamos a tener una crisis social de desempleo”, pero tres días a posteriori dio un desvío en sus palabras y ayer llamó a “respetar las cuarentenas” y a cumplir con todas las medidas preventivas que se están adoptando para evitar los contagios por COVID-19.  Desde La Moneda pidieron entender los “contextos” en que el Mandatario hizo cada una de sus declaraciones, una explicación que -a dos meses de iniciada la crisis sanitaria y con una seguidilla de errores a cuestas- en la propia derecha afirmaron que ya no los convence.

Es que ni en el extremo comité político realizado ayer ni en otras instancias que se escapen de una reunión doble, La Moneda ha agradecido frente a los suyos alguna falencia o equivocación en la organización política, comunicacional y sanitaria que ha puesto en marcha frente al coronavirus. El punto es que desde Pimiento Vamos recalcaron que al no rajar el espacio para la discrepancia interna, el Gobierno ha remolcado a todo el oficialismo en sus errores.

Los ánimos se tensionaron en la derecha aún más el domingo a posteriori que el ministro de Vigor, Jaime Mañalich, anunció -tras una reunión de emergencia con el Presidente Piñera- el aumento de las comunas en cuarentena y advirtió que nuevas decisiones se comunicarán cuando la situación lo amerite y no sólo una vez a la semana. Un tono más duro y en sentido totalmente opuesto al discurso del “retorno seguro” que se desplegó las últimas dos semanas.

Entre quienes han hecho de escuderos del Gobierno, confesaron que la errática logística impulsada desde palacio ya les colmó la paciencia de varios en Pimiento Vamos, porque son ellos los que deben dar explicaciones a sus electores y que cada vez más les cuesta más que la multitud entienda lo que tratan de hacer desde La Moneda.

Públicamente la coche crítica desde La Moneda brilla por su marcha, pero a puerta cerrada algunos aseguraron que hay instancias en las que sí se han agradecido errores, como el no activo sabido aterrizar correctamente frente a la opinión pública en que consistía la famosa “nueva normalidad” por la que se estaba apostando.  Desde palacio explicaron que lo que se trató de hacer fue anticiparse a una efectividad que sí o sí se va a durar una vez que pase el peor momento de la pandemia y que se creyó que hacerlo con tiempo era lo más adecuado, aunque a la luz de los resultados y las críticas, claramente no se tuvo el tacto necesario para cumplir ese objetivo.

En sectores el oficialismo no hay dos lecturas. La nueva normalidad y el retorno seguro fue a todas luces una organización desplegada a destiempo y con marcados errores conceptuales. Hay coincidencia en que La Moneda debió habría que poseer esperado que pasara el peak de los contagios, para explicar a la ciudadanía con decano claridad en que consiste el necesario y paulatino regreso a la cotidianidad. En la derecha insistieron que los reclamos se han hecho venir a las más altas autoridades de palacio, incluido el Presidente Piñera.

Hace dos semanas desde La Moneda intentaron cerrar filas de sus huestes detrás de eslogan del retorno seguro, pero el panorama interno se le desordenó estos días, ya que en Pimiento Vamos impera -reconocieron desde las bancadas del Senado- la “desconfianza” en lo que hace su propio Gobierno. Parlamentarios oficialistas advirtieron lo arduo que es tener que “poner la cara para llamar a la nueva normalidad y un tiempo después, poner la misma cara para rogar que se respete la cuarentena”.

Hace unos días el Presidente Piñera dijo que se había reunido con su clan y nietos, que incluso se abrazaron, una testimonio que no gustó carencia en la derecha, porque es una más de las contradicciones públicas que ha tenido la autoridad estos dos meses. Al respecto, el timonel de RN, Mario Desbordes, dijo en una entrevista en La Tercera que “todos tenemos que seguir las instrucciones que nos ha dado la OMS: ojalá no ir a ver a los adultos mayores (…) y obviamente cuidarnos hasta que no estemos fuera de esta pandemia”. Agregó que “lo que planteó el Mandatario sería un mal ejemplo”.

Trapos sucios se lavan en casa

Públicamente la automóvil crítica desde La Moneda brilla por su desaparición, pero a puerta cerrada algunos aseguraron que hay instancias en las que sí se han agradecido errores, como el no ocurrir sabido aterrizar correctamente delante la opinión pública en que consistía la famosa “nueva normalidad” por la que se estaba apostando.  Desde palacio explicaron que lo que se trató de hacer fue anticiparse a una existencia que sí o sí se va a ganar una vez que pase el peor momento de la pandemia y que se creyó que hacerlo con tiempo era lo más adecuado, aunque a la luz de los resultados y las críticas, claramente no se tuvo el tacto necesario para cumplir ese objetivo.

Si acertadamente se tuvo una buena evaluación original de la idea de apagar el incendio de la “nueva normalidad” con otro eslogan que diera más certezas, como fue “retorno seguro”, finalmente en La Moneda se comprobó que no tuvo eco en la ciudadanía. Hoy, dados los magros resultados, nadie se hace cargo y ambas iniciativas se le atribuyeron a Mañalich.

En La Moneda saben que el domingo el ministro de Vigor pareció un poco “desesperado” pero se consideró acertado y correcto su cambio de tono, cuando acuñó frente a las cámaras la frase de “la batalla de Santiago” para referirse al incremento de los casos. Donde sí hubo roces internos fue en el entorno del Presidente, agregaron, con en la carta que se jugó Mañalihc al atribuir la responsabilidad a la ciudadanía en el aumento de contagios, lo que asimismo habría sido una propuesta del ex apoderado caudillo de la Clínica Las Condes.

Los espacios de automóvil crítica son conveniente limitados en palacio y no son muchos los que la ejercen. De hecho, algunos de sus inquilinos confesaron que se resisten a aceptar el fracaso de la recta seguida las últimas semanas, por lo que todas las expectativas -agregaron- están puestas en el crónica epidemiológico que se debería entregar esta semana a las autoridades. Dicho documento debería mostrar que se logró “sostener la meseta” de contagios y por lo tanto, que la ruta seguida por el Gobierno ha sido la correcta, pero su arroja un quiebre al ascenso, ahí sí que no quedará espacio para no contraer la equivocación.