¿Hay una organización de "Iluminati" que manipula a la población?

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George Tenet, director de la CIA, escuchando el discurso del presidente George W. Bush tras los atentados del 11-S.
FLICKR / US NATIONAL ARCHIVES

¿Fue la asesinato de Lady Di un homicidio orquestado? ¿Hay una organización de “Iluminati” que manipula a la población? Estas teorías del complot han calado entre más de un tercio de los franceses, según una investigación que alerta del peso político de estas “verdades alternativas”. Según este estudio de la firma demoscópica Ifop y la organización Conspiracy Watch para la Fundación Jean Jaurès, un 27 % de los franceses está “totalmente de acuerdo” con que los “Iluminati” (género secreto popularizado por la humanidades de ficción) mueven los hilos de la sociedad.

Uno de cada tres entrevistados está convencido de que Diana de Gales fue asesinada y hasta el 43 % cree que la industria farmacéutica y el Tarea de Sanidad están compinchados para esconder los perjuicios de las vacunas.

En beocio escalera, otras teorías, como el complot sionista o la implicación del Gobierno estadounidense en los atentados del 11 de septiembre de 2001, son asumidas como realidades ocultas por uno de cada cinco franceses.

Estas convicciones son el refleja de una época, según el director de Conspiracy Watch (CW), Rudy Reichstadt, que matiza que no es poco exclusivo de Francia.

Un estudio minucioso en el Reino Unido el pasado verano mostraba que la corriente de opinión complotista en varios países europeos y en Estados Unidos ha dejado de ser insignificante. “Hay un vínculo entre el éxito de estas teorías del complot en el espacio notorio e internet, que les da una posibilidad de amplificación considerable. Ya existían antiguamente, pero ahora tienen más adeptos”, señala Reichstadt a Efe.

Este tienta, que se realiza por segundo año consecutivo, permitirá a liberal plazo ver si el número de complotistas crece o disminuye.

A modo de ejemplo, solo un 2 % de los preguntados dos días posteriormente del atentado contra el semanario satírico “Charlie Hebdo”, en enero de 2015, pensaba que este había sido organizado por el Gobierno; días a posteriori del ataque en el mercado navideño de Estrasburgo, el pasado mes de diciembre, el 10 % de los franceses veía detrás la mano del Estado.

Si correctamente la porción de la población se muestra hermética a estas ideas, un 21 % cree en seis, siete o más de estas teorías y un 27 % da por ciertas entre dos y cuatro de ellas. Los investigadores franceses arremeten contra YouTube y Facebook, cuyos algoritmos facilitan el visionado de vídeos que dan pie a estas teorías, capaces de abastecer al espectador enganchado durante más de media hora, colchoneta de su maniquí crematístico.

Aún con más dureza denuncian la descuido de ética de plataformas como Netflix o Amazon, que pagan a quienes realizan documentales que prometen “revelar la verdad”, participando en la “financiación de ideas extremistas”.

Como otros tabúes, el de las teorías de la conspiración se ha roto en los últimos abriles. “La mayoría de la clase política se mantenía alejada de estas ideas, pero desde hace dos o tres abriles presenciamos cómo para algunos resulta evidente personarse a estas temáticas, sobre todo en materia de política internacional, en discursos sobre Siria, Ucrania o Venezuela”, apunta Reichstadt.

Preferencias políticas de los “conspiranoicos”

El estudio desglosa las preferencias políticas de los “conspiranoicos”: un 27 % es simpatizante de la líder ultraderechista Marine Le Pen y un 20 % del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, frente al 10 % que votó por Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales de 2017.

“Se trata de la crisis del debate racional en el espacio sabido. Cuando un responsable político de primer orden juega con estas teorías, envía un mensaje de banalización a sus simpatizantes y rinde un pésimo servicio a la democracia”, critica el director de CW.

La creencia en estas “verdades alternativas” se produce en viejo medida entre menores de 35 abriles y en los hogares con menos medios, pero todavía entre quienes creen en el espiritismo y quienes sienten activo fracasado en la vida, según la investigación.

“El conspiracionismo sería un rasgo recurrente de la personalidad de estos ‘perdedores radicales’ (en referencia al término del pensador alemán Hans Magnus Enzensberger), pues les permite presentarse a sí mismos como víctimas de una maquinaria urdida por fuerzas oscuras responsables de su fracaso”, señala el noticia.

Sus autores instan a la prensa a colocar por realizar los hechos, lo que, aunque no logrará convencer a los dogmáticos, sí podría hacerlo con los indecisos.

“La contraargumentación permite no solo proponer si poco es copiado o seguro, sino todavía ver de dónde viene esa teoría o a quién beneficia. El complotismo no es una cuestión de paranoicos, es un discurso político y hay que deconstruirlo como tal”, zanja Reichstadt.

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