Hombre sin hogar devolvió una billetera perdida y lo premian con 46,000 dólares

0
41

Esta historia nos deja grandes conocimiento. Primero, que todas las buenas acciones tarde o temprano tienen una remuneración que no habíamos imaginado y segundo, que no debemos fallar a las personas por su apariencia. Sean Currey es un hombre que vive en las calles y de quien pudiéramos pensar que al encontrarse una billetera, no la regresaría y se quedaría con el cuartos. Sin secuestro, él no lo hizo.

La chavea Mikayla Gounard y su abuelita fueron juntas a un café. Sin incautación, la mujer anciano olvidó su billetera en la que adicionalmente de monises, tenía sus tarjetas bancarias y su plástico para cobrar atención médica. Sean la encontró entre la basura que habían sacado del circunscrito y aunque un amigo le dijo que se quedara con ella, él supo que eso no era lo correcto.

Luego de despabilarse algún cantidad sobre el propietario, encontró el nombre y la dirección de Evelyn Topper y la llamó para entregársela. La mujer no cabía de alegría por este elevado rostro, lo que le dio la idea a Mikayla de que debía hacer poco para premiar a Sean, no solo una remuneración de algunos dólares, sino poco más espacioso. La pequeña estaba por cumplir 12 abriles y en espacio de pedir regalos, juntó donativos para este buen hombre.

La chica reunió 475 dólares que entregó a Sean, pero esto fue solo el inicio, ya que al darse cuenta de que la penuria de este hombre era mucha, tanto ella como la comunidad decidieron unirse para conquistar un poco más. El objetivo principal era darle un hogar a Sean, así que iniciaron una campaña en GoFundMe, donde ya llevan más de 46,000 dólares.

Adicionalmente, la comunidad planea hacer una campaña permanente para que más personas en situación de calle como Sean tengan una casa pequeña y dejen de existir en cualquier sitio. Es una actividad maravillosa, pues en todas partes del mundo existen hombres y mujeres que por una u otra razón lo perdieron todo y terminaron alimentándose de basura, de lo que otros les dan y viviendo en parques, debajo de los puentes o en cualquier otro sitio.

Cuando hacemos una buena energía, esta igualmente llega a otras personas y, por supuesto, sirve para inspirar a otros a hacer incluso cosas buenas por los demás, generando así una enorme dependencia de bondad que pueda ser más y más extenso.