Iglesia purga sus pecados y critica tardías denuncias de abusos en congregación marista

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“No me corresponde a mí, como obispo, que desconozco la información cabal sobre este caso particular, afirmar o negar que la actuación de la autoridad haya sido un error. Pero admito que causa extrañeza conocer una actitud tan decidida con una tardanza tan incomprensible”, sostuvo el presidente del Consejo Doméstico de Prevención de Abusos del Obispado, Alejandro Goic a La Tercera.

El prelado de Rancagua hace remisión a los historial entregados este lunes por la Congregación de Los Hermanos Maristas a la Fiscalía Centro Ideal y que involucran a uno de sus religiosos, Abel Pérez Ruiz, quien reconoció en 2010 poseer abusado a 14 menores de existencia cuando cumplía el rol de docente en el Instituto Alonso de Ercilla y en el Colegio Marcelino Champagnat de La Pintana.

Si proporcionadamente ese mismo año se le prohibió desempeñar sus labores en los establecimientos destinándolo a tareas administrativas, no fue denunciado hasta ahora a la neutralidad.

“No había protocolos”, justificó Mariano Varona, delegado provincial para la protección de menores de la estructura en CNN Pimiento. “No estaba claro cómo proceder. Nosotros consultamos a dos personas autorizadas y ellas nos recomendaron que si las víctimas no denunciaban, nosotros no interpusiésemos carencia. Según eso procedimos. A posteriori, nos dimos cuenta de que la diligencia no fue la correcta y hemos pedido perdón”, agregó.

El vocero de la congregación detalló que Abel Pérez “está en estos momentos en el Perú pero muy pronto vendrá a Pimiento (…) uno tiene que tener misericordia con el atacante […] todavía hay que dar un trato pastoral al atacante. Abel Pérez tiene todo el respeto a pesar de lo que ha hecho”.

Al respecto, el prelado Goic declaró que “como nos han recordado los últimos dos Papas, la retraso en hacer equidad agrava el daño inmenso que, por sí mismo, constituye todo extralimitación contra menores de permanencia. No es a partir de la imagen institucional. Es por la coherencia con el Evangelio que predicamos. Más allá de la impresión que demos, nuestra encomienda es proteger, cuidar, dignificar. El cumplimiento de la cometido que nos dio Jesús, ese es nuestro centro, nuestro deber recatado que antecede a la obligación jurídica y a nuestra reputación o imagen pública”.

En ese sentido, hizo hincapié en que “será la ley la que determine las condiciones en las que esta persona deberá enemistar la cargo. Lo correcto es que las personas y las instituciones de la Iglesia demos garantías de que no hay motivo en la vida consagrada para quienes abusan o dañan la integridad de niños, niñas y jóvenes”.

Los hechos denunciados ocurrieron entre los abriles 1970 hasta 2000 en los establecimientos mencionados y cuando era profesor y vicerrector en entreambos establecimientos.