Javiera Blanco agota su línea de crédito en La Moneda

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No es la primera vez que está en el ojo del huracán ni siquiera en el que le llueven críticas desde todos los flancos, pero sí es cierto que nunca antiguamente Javiera Blanco había enfrentado -como ahora- cuestionamientos públicos sin contar con el férreo respaldo político del segundo pavimento de La Moneda del que siempre gozó por ser una de las figuras del oficialismo de decano confianza de la Presidenta Michelle Bachelet. Es que el vagagundo manejo tras bambalinas que tuvo la flagrante ingrediente del Consejo de Defensa del Estado (CDE) las últimas semanas para sortear el noticia de la comisión investigadora del Sename y el hecho de aparecer salpicada con la arista del cuota de gastos reservados en el caso “pacogate”, finalmente debilitó el plancha político que siempre tuvo desde Palacio. Lo que la dejó ahora totalmente a la intemperie política frente al temporal de acusaciones que le caen encima.

Nadie desconoce en La Moneda que el miércoles 21 los tres ministros políticos -Mario Fernández (Interior), Nicolás Eyzaguirre (Segpres) y Paula Narváez (vocera)- desplegaron múltiples gestiones para tratar de alinear a las huestes parlamentarias de la Nueva Mayoría para que no apoyaran el oficio que las bancadas de derecha lograron aprobar con sus 40 diputados, en el que se solicita formalmente a la Presidenta Bachelet la remoción de Blanco como consejera del CDE. No solo eso, delante la sentencia del crónica Sename que estableció la negligencia de la ex ministra de Imparcialidad, la vocera Narváez aseguró en el Congreso que “las conclusiones de ese referencia no las compartimos como Gobierno. Son tremendamente injustas, no revelan la existencia; no nos parece que recaiga en una persona, la ex ministra Blanco, la responsabilidad de lo que ha sucedido por muchos abriles en el Sename. Fue ciertamente este Gobierno, del que Blanco fue parte, donde se han iniciado todas las acciones para hacernos cargo del problema que trasciende a estos cuatro abriles”.

Sin bloqueo, en la propia sucursal bacheletista explicaron que si acertadamente a simple aspecto todo ese despliegue puede entenderse fácilmente como un nuevo coraza a la figura de Blanco, la existencia no es esa y que el único objetivo de las autoridades de palacio es proteger a la Presidenta Bachelet, para evitar que la derecha intente hacer resquilar conflictos como el del Sename y los gastos reservados para “sacudir” a la Mandataria. En esa confín, no pocos en la Nueva Mayoría afirmaron que el oficio de la derecha generó el mismo impresión “aglutinador por obligación” que provocó, en julio del 2016, la interpelación que presentaron en su contra cuando la abogada aún estaba a cargo del servicio de Equidad y era duramente cuestionada por el Sename, el mal manejo del paro del Registro Civil y los problemas de las jubilaciones en Gendarmería.

En Palacio cuesta encontrar en estos días a cualquiera que defienda a Blanco, porque se le cuestiona una talante errática y sobregirada al achacar operaciones políticas en su contra de toda índole, lo que no ha sido perfectamente gastado especialmente en el segundo adoquinado de La Moneda. “Su blindaje ya no es el de antes, porque la confianza depositada no ha sido retribuida con una conducta apropiada que permita defenderla”, sentenció un influyente inquilino de La Moneda.

Es que los conflictos de la ex ministra de Neutralidad avanzan por carriles separados, pero todos confluyen para crear este escena de soledad política que atraviesa. En el gobierno y en el Congreso reconocen que han recibido permanentes señales de la creciente molestia que hay en el seno del Consejo de Defensa del Estado por la presencia de Blanco en dicha institución, donde les incomoda profundamente tener a una constituyente que adecuado a sus problemas “políticos” han puesto al CDE en tela de razón, complicando su calado.

A principios de febrero, la Presidenta Bachelet designó a Blanco como consejera del CDE, un cargo con más de siete millones de remuneración mensual, sin la obligación de la dedicación monopolio, casi inamovible hasta los 75 abriles, exceptuado que sean removidos con previo acuerdo del Senado, un cupo que estuvo vacante casi dos abriles. La Mandataria lo resolvió sin consulta en las huestes del gobierno ni intentos por flaquear la ola de críticas internas que recibió en ese minuto, porque fue manido transversalmente como un premio de consuelo y fue cuestionado por la desliz de habilidades técnicas de Blanco para conseguir al CDE. Pero en palacio se tragaron los cuestionamientos y explicaron la nominación como una “compensación” que quiso hacer Bachelet a su ex colaboradora, de quien tenía una reincorporación valoración profesional, personal y la consideraba una víctima de circunstancias que obligaron a su salida del ministerio.

Pero claramente esos eran otros tiempos. El domingo 18 de junio Reportajes de La Tercera publicó un documento  -nómina de excel- que especifica que en los abriles 2006 y 2007 la subsecretaría de Carabineros, entonces liderada por Blanco, recibió más de $ 25 millones por concepto de gastos reservados de Carabineros, información que surgió en el situación de la investigación por malversación de fondos en la política uniformada que lidera el fiscal de Magallanes, Eugenio Campos, un desfalco que ya llega a los $22 mil 500 millones.

La información cayó como piedra en el CDE, donde desde hace más de un mes ya había suficiente ruido interno por el hecho que Blanco había concreto -el 10 de mayo- como declarante en las dependencias del Consejo por el caso “pacogate”. Pero igualmente hubo molestia en La Moneda, donde aseguraron que si la situación de Blanco en este caso sigue escalando -se teme que en alguna etapa pueda ser imputada- su permanencia en el CDE se hará insostenible, especialmente por la presión de los propios consejeros.

Si se llega a ese marco, el problema pasa por las dudas que hay en la gran mayoría del gobierno sobre la capacidad de la ex ministra de dar un paso al costado por el correctamente de la institución, ya que dada la inamovilidad del cargo en el CDE, su salida dependería de eso o de formalizarla a través del Senado. “Si no renunció cuando estaba en Justicia y le hacía daño a la Presidenta que se quedara, menos lo hará ahora”, se lamentaron en La Moneda.

En palacio aseguran que no hay muchos fundamentos con que defender a Blanco y es difícil que la Mandataria cometa el error político de inmolarse -como lo ha hecho otras veces- por la ex ministra para blindarla.

La tormenta perfecta

Los otros dos flancos de la consejera del CDE corren por el carril del Congreso, aunque generaron repercusiones profundas en La Moneda, al punto de convertirse en las gotas que rebalsaron el vaso de la paciencia gubernativo y terminaron por fracturar el antaño férreo plancha que tenía Blanco.

En La Moneda confesaron que esta lance fue traza “como un chantaje” por parte de Araya y Blanco, que “fue un exceso” y superó todos los límites al poner en aviso una iniciativa emblemática para la contemporáneo compañía como es el fracaso, más aún viniendo de un senador que generalmente fue partidario del gobierno en votaciones esencia, especialmente las de la memorándum valórica. Fuentes estrechamente ligadas al gobierno aseguraron que el enojo en palacio es tal que en el segundo tierra se han referido con ironía al senador y la ex ministra como “el parcito”.

Tanto en el gobierno como en el Congreso coincidieron en que desde la semana pasada la ex ministra habría hecho un intenso y desproporcionado lobby político -que cayó muy mal entre parlamentarios y autoridades gubernamentales- para evitar que su nombre quedara en referencia de la comisión Sename en el que se le acusó de “negligencia inexplicable”. Una maniobra que no tuvo éxito, porque a pesar del intento por dejar fuera del documento final el nombre de Blanco y de la ex directora del Sename, Marcela Labraña, finalmente fueron incluidas y responsabilizadas, en parte, por la crisis que atravesó la institución y que detonó públicamente el 2016 con la homicidio de la beocio Lissete Villa.

Blanco habría quedado molesta con el gobierno porque La Moneda optó por proteger a la contemporáneo directora del Sename, Solange Huerta, malestar que habría escalado cuando ese hecho generó comentarios transversales en el Congreso sobre la soledad política de la ex ministra, porque a luceros de todo el mundo en palacio dejaron de defenderla contra rumbo y marea.

Pero si el lobby desatado cayó mal, el traspié en la tramitación del plan de pérdida en tres causales que debía ser discutido el lunes en la comisión de Constitución del Senado fue lo que terminó por enojar a los inquilinos de palacio, ya que el plazo político que se autodefinió La Moneda para que el Congreso despachara esta emblemática iniciativa es el 15 de julio. Ello, porque si la UDI cumple sus amenazas de padecer el plan al Tribunal Constitucional, el tema alcanzaría a ser discutido con la décimo de su presidente Carlos Carmona, que se retira en agosto y quien representa el voto esencia de la instancia ya que dirime el igualada técnico que existe.

El esquema sería discutido el lunes 19 en la comisión, se aplazó para el día sucesivo para permitir a los parlamentarios de derecha asistir al funeral de la hermana del ex Presidente Sebastián Piñera. A esa misma hora en el Congreso se discutía el documentación del Sename y varios parlamentarios confesaron que el senador independiente pro DC, Pedro Araya, flagrante pareja de Blanco, habría condicionado su apoyo al monstruo en tres causales al hecho que la ex ministra no quedara como responsable en el crónica de la comisión peculiar.

Si acertadamente las indicaciones están presentadas desde marzo, el senador Araya se plegó el martes a la postura de la bancada DC de exigir para respaldar la iniciativa que la problema de conciencia pueda ser aplicada por todo el equipo médico involucrado y no solo al médico que lidera la intervención.

En La Moneda confesaron que esta ruindad fue presencia “como un chantaje” por parte de Araya y Blanco, que “fue un exceso” y superó todos los límites al poner en amenaza una iniciativa emblemática para la flagrante dependencia, más aún viniendo de un senador que generalmente fue asociado del gobierno en votaciones esencia, especialmente las de la memorándum valórica. Fuentes estrechamente ligadas al gobierno aseguraron que el enojo en palacio es tal que en el segundo suelo se han referido con ironía al senador y la ex ministra como “el parcito”.

Lo sucedido con el plan de malogro desató un nuevo conflicto entre el PC y la DC. La diputada comunista, Camila Vallejo, increpó a Araya por su hacer y lo vinculó a su relación de pareja con Blanco. “Los trabajos de comisiones hay que evaluarlos en su mérito. El sacar un crónica de la comisión investigadora no fue liviana. Tuvimos que ser responsables en establecer las responsabilidades. Por su parte el plan de la interrupción del impedimento en tres causales igualmente hay que evaluarlo en su mérito. Es uno de los proyectos emblema de la Presidenta. Se le ha regalado emergencia y ha habido un compromiso político (…) Entonces estas cosas tienen que avanzar por carriles separados. Y si existe una relación allegado o amorosa entre personas involucradas, no puede significar nulo al momento de la votación política”.
Si perfectamente las palabras de la parlamentaria no contribuyeron en carencia en aquietar las aguas en la Nueva Mayoría, excesivamente tensionada por las dos candidaturas presidenciales, y se ganó detractores en el gobierno, en palacio confiesan que estaban previamente avisados del “golpe” que la diputada PC daría a la dupla Araya-Blanco.

En las bancadas de la Nueva Mayoría entendieron lo sucedido con Araya como una abierta expresión de molestia por la situación en que quedó Blanco en el documentación Sename, pero igualmente como un refleja de la soledad política de la ex ministra. “Nunca ha tenido una barra muy fuerte en la DC y no hay nadie del partido realmente operando, haciendo lobby o tratando de buscarle apoyos”, confesó un ex constituyente de la mesa doméstico de la tropa.

Las gestiones que desplegó La Moneda para evitar que en el oficialismo algún diputado votara formado con la derecha el oficio a la Presidenta por Blanco tuvieron éxito: 30 parlamentarios de la Nueva Mayoría lo rechazaron en la sala, pero no fue suficiente para ganarle el gallito a la examen, porque el cuerpo de las bancadas se encontraba fuera de la sala en ese momento.

Los seis diputados PC brillaron por su partida, lo mismo 10 parlamentarios del PS, misma cantidad de la DC y del PPD, mientras que entre los radicales tres rechazaron, dos se abstuvieron y uno se ausentó.

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