La arremetida del obispo castrense para suceder a Ezzati

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A mediados de noviembre del año pasado, un correo electrónico llegó hasta la cuenta de gmail del sacerdote Felipe Berríos. Lo que leyó le sorprendió. Era una presentación formal del nuevo presidente de la Conferencia Obispal, Santiago Silva. “Te saludo como amigo. He leído algunas cosas que has dicho. Con algunas estoy de acuerdo y con otras no. Me gustaría que nos juntáramos”, cerraba el mail amistoso que Berríos nunca había recibido de parte de una autoridad eclesiástica, menos al admitir.

“Es lo que uno esperaría de un pastor. Que tutee, que sea amable, cercano, que tenga las puertas abiertas. Ahora, a veces, cuando sale alguna informe, yo altiro se lo comento por WhatsApp. Me parece una persona muy amable”, comenta por teléfono el sacerdote jesuita, desde Antofagasta.

La cercanía que intenta Silva es poco que ha extrañado a muchos sacerdotes desde que asumió la presidencia de la Conferencia Obispal (CECh), el 11 de noviembre de 2016. Incluso, entonces, para muchos era un desconocido y causaba resquemor su investidura. En septiembre de 2015 y en reemplazo de Juan Barros Madrid –el controvertido prelado de Osorno–, Silva fue reputado prelado castrense. Tiene rango de universal de tropa y es el encargado de atender el servicio religioso de las Fuerzas Armadas. Hasta entonces era prelado auxiliar de Valparaíso y presidente de la Comisión Doméstico de Animación Bíblica de Pastoral.

Sin confiscación, hay rasgos en la personalidad de Silva que han ido haciendo que su nombre vaya más allá de la instancia que preside y sea mencionado como una nueva carta probable para satisfacer el cupo que monseñor Ricardo Ezzati dejará malogrado cuando abandone el arzobispado de Santiago.

Ezzati cumplió 75 abriles el 7 de enero de este año –la años confín para padecer delante el entrenamiento de ese cargo– y el nombre de quien lo sucederá es crucial para trazar el camino de la Iglesia católica, sobre todo en tiempos en que la sociedad debate proyectos valóricos. El arzobispado de Santiago es una habitación fundamental en el tablero cuando se trata de tener poder político y la figura de Silva se ha izado como un nombre fresco, saliendo al paso de otras figuras eclesiásticas, como Fernando Chomalí, prelado de Concepción, o Juan Ignacio González, prelado de San Bernardo, hasta hace poco nombres seguros a la hora de dialogar de probables sucesores de Ezzati.  

El lobby de Goic

Santiago Silva ya recorrió un primer trecho. Fuentes del organismo comentan que el ser conocido presidente de la Conferencia Obispal fue un portazo para las aspiraciones de sacerdotes más conservadores y el propio prelado Alejandro Goic fue su promotor más importante. “El lobby que él realizó, permitió que Silva contara con el apoyo necesario para ser electo por unanimidad”, señalan en la Iglesia.

Silva es considerado un prelado moderado, “buena persona”, quizás con un carácter más dócil que lo que se necesita para un cargo como el de prelado de Santiago. “Es biblista. Esto lo hace tener una sensibilidad mayor y más humana”, comenta una fuente religiosa.

El único peso que Silva tiene sobre sus hombros es un hecho que se hizo sabido en 2011. Ese año se conoció que un ex seminarista envió a Roma una denuncia por acoso del ex rector del Seminario San Rafael, en Valparaíso, Mauro Ojeda. El texto señalaba que en 2004 Silva ya estaba al tanto de los hechos, sin confiscación, no ayudó a la víctima. Un ex seminarista que conoció la situación cuenta que el afectado fue contactado, pero nunca nadie le prestó apoyo.

Su nombre todavía rompería la tradición elitista que tienen las autoridades católicas. Su patronímico no es extranjero ni vinoso. Se crió en Calera. Estudió con los hermanos maristas. Es magíster en Teología Dogmática de la Pontificia Universidad Católica de Pimiento y graduado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. A comienzos de 2002, fue renombrado por el papa Juan Pablo II como prelado titular de Bela y auxiliar de la diócesis de Valparaíso. “Viene de una grupo de clase media. Su papá era trabajador de una empresa de cementos. No lleva la bandera de la Teología de la Huida, pero sí es más altruista que los curas conservadores. Incluso fue el traductor de la llamamiento Sagrada Escritura de América”, cuenta una fuente ligada a la Iglesia.

Uno de sus amigos en la Iglesia –según comentan fuentes de la misma– es el ex párroco de Reñaca y agradecido hincha de San Expedito, Enrique Opazo, “a quien pasaba a ver algunos fines de semana cuando viajaba hasta Concón a descansar a un departamento que tiene, en el mismo edificio que la hermana del cardenal Fresno”, confidencia una fuente que compartió misas con Silva.

Pese a que diversas fuentes de la Iglesia señalan que el nombre de Silva es una carta probable, igualmente hacen hincapié en los tiempos de la institución: pese a que Ezzati cumplió su ciclo de perduración a comienzos de este año, su estancia en el cargo fue prorrogada –hasta ahora– por un año más y el organismo se encuentra en compás de calma, “sobre todo teniendo en cuenta que es un año de elecciones. Es bueno esperar a saber quién será el nuevo Presidente de la República para escoger el perfil del arzobispo de Santiago”, señalan al interior de la institución religiosa.

La sombra de Ezzati 

Uno de los consensos a nivel interno en la Iglesia es que el nuevo prelado de la haber debe ser, sobre todo, lo más alejado posible de la figura del cardenal Ricardo Ezzati. Su criticada política a la hora de atender casos como el de Karadima o la poca empatía que tuvo en el caso Zamudio, son situaciones que no pueden repetirse si el organismo quiere caminar en dirección a otro nivel de pastores.

Quizás, en ese sentido, el único peso que Silva tiene sobre sus hombros es un hecho que se hizo manifiesto en 2011. Ese año se conoció que un ex seminarista envió a Roma una denuncia por acoso del ex rector del Seminario San Rafael, en Valparaíso, Mauro Ojeda. El texto señalaba que en 2004 Silva ya estaba al tanto de los hechos, sin requisa, no ayudó a la víctima. Un ex seminarista que conoció la situación cuenta que el afectado fue contactado, pero nunca nadie le prestó apoyo: “Después que se conoció la denuncia, el cardenal Medina llamó al afectado y le dijo que el Santo Padre quería hablar con él. Ante Medina, él relató todos los hechos. Sin embargo, no pasó nada más. Nadie investigó”.

Posteriormente de ser electo presidente de la CECh, otro ex seminarista reiteró las mismas acusaciones. En esa oportunidad, Mauricio Pulgar señaló que Silva era encubridor de delitos de atropello sexual al interior de la Iglesia católica, cargos que el contemporáneo prelado castrense contestó: “Aseguro con certeza que no soy ni he sido encubridor de nadie”, dijo.

Otra de las críticas que caen sobre Silva es que, al momento de ser renombrado presidente de la Conferencia Obispal, realizó un expresión interesante al pedir a monseñor Alejandro Goic, a René Rebolledo y al prelado de Copiapó, conformar una minicomisión para evaluar la situación de Osorno con la criticada aparición de Barros. “Sin embargo, hoy no se ha comprometido con la situación”, puntualizan feligreses de Osorno.

Son todos estos factores los que pesarán cuando el nombre de Santiago Silva se ponga en la terna final, al momento de designar al sucesor del cuestionado Ricardo Ezzati.

“Si llegara a ser él el elegido, sería el primer obispo castrense en llegar a Santiago”, comentan en la Iglesia.

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