“La catástrofe definitiva”: la fijación de Donald Trump con las armas nucleares desde los años 80

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La advertencia de Donald Trump de que Corea del Finalidad podría indisponer “fuego y furia como nunca antes fueron vistos” ha sido interpretada ampliamente como una amenaza respaldada por el poder destructivo del astillero nuclear de Estados Unidos.

En caso de que el mensaje no hubiese sido los suficientemente claro, a la mañana posterior el presidente se jactó de que las armas nucleares de Estados Unidos son “mucho más fuertes y más poderosas que nunca antes”.

“Ojalá que nunca tengamos que usar ese poder”, dijo el mandatario en un mensaje a través de Twitter, “pero nunca habrá un momento en el que no seamos la nación más poderosa del mundo”.

Sin requisa, la intimidante retórica del presidente sobre el tema nuclear no debería ser olfato como un incidente incidental. Trump ha desplegado por décadas unconstante interés en la utilidad de armas nucleares.

Manifestantes fuera de la Casa Blanca hicieron un llamado para que la tensión entre Washington y Pyongyang se reduzcan.

Es parte de una cosmovisión política que se ha consolidado en creencias firmes para el septuagenario.

Sus ideas en el ámbito comercial han sido influenciadas por el poder industrial estadounidense de la era posterior a la Segunda Exterminio Mundial.

Sus visiones demográficas de la nación se remontan a una homogeneidad étnica que se ha desvanecido.

Y sus ideas sobre el armamento atómico refleja una cierta tensión del entusiasmo de la carrera armamentista de la Conflicto Fría y del golpe diplomático.

“Fortalecer”

En diciembre pasado, el entonces presidente electo enfatizó que Estados Unidos tenía que “fortalecer y expandir en gran medida” su armamento nuclear y exceder a cualquier adversario.

Donald Trump en marzo del año pasado, cuando estaba en plena campaña electoral.

En agosto, el periodista Joe Scarborough del canal de televisión estadounidense MSNBC reportó que el candidato le había preguntado, en reiteradas oportunidades, a sus consejeros de política exterio, por qué Estados Unidos no podía usar sus armas nucleares, poco que el equipo de campaña de Trump negó.

En abril de 2016, Trump fue entrevistado por el periodista Chris Matthews, incluso de la prisión MSNBC, en un foro con subsidio de notorio.

Matthews le preguntó por qué no se negaba a descartar categóricamente el uso de armas nucleares.

“¿Habría algún momento en el que pudiesen usarse?”, le preguntó el periodista.

Trump respondió: “Posiblemente. Posiblemente”.

“¿Habría algún momento en el que (armas nucleares) pudiesen usarse?” Trump: “Posiblemente. Posiblemente”
Donald Trump. Marzo, 2016

Cuando se le preguntó sobre los riesgos de charlar abiertamente sobre el uso de armas nucleares, Trump dijo: “Entonces ¿para qué las estamos haciendo? ¿Por qué las fabricamos?”.

(Estados Unidos no ha vuelto a tramar nuevas ojivas nucleares. Mantiene su astillero presente).

Trump repitió que no iba a quitar ninguna de sus “cartas de la mesa”.

“La catástrofe definitiva”

En 1990, Trump le dio una entrevista a la revista Playboy en la cual el tema del armamento atómico todavía había sido tocado.

“Siempre he pensado sobre el tema de la guerra nuclear; es un elemento muy importante en mi proceso de pensamiento”, señaló.

La calificó como “la catástrofe definitiva” y la comparó con una enfermedad de la que nadie quiere murmurar.

“Considero que la mayor de todas las estupideces es la creencia de la gente de que nunca sucederá” -dijo- “porque todo el mundo sabe cuán destructivo será. Por eso nadie usa armas. Qué (palabrota)”.

Las tropas estadounidenses llevan a angla entrenamientos en Corea del Sur.

En 1984, en pleno apogeo de la Cruzada Fría, Trump le dijo al publicación Washington Post que le gustaría que se le pusiera a cargo de las negociaciones sobre armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia.

“Tomaría una hora y media aprender todo lo que hay que aprender sobre misiles”, señaló Trump. “Pienso que, de todas maneras, ya sé la mayor parte de eso”.

En la época en que se llevó a extremidad esta entrevista, un equipo de computadora se había convertido en un sorpresivo éxito. Llamado “Balance of Power” (“Balance de Poder”), el maniobra simulaba la lucha de la Pugna Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Los jugadores podían boicotear, esquivar y impresionar al borde de una disputa nuclear.

El mandatario estadounidense dijo que su gobierno “siempre estará abierto a considerar negociaciones”, pero destacó que los intentos de diálogo con Corea del Finalidad se han extendido infructuosamente por más de dos décadas.

El truco estaba en que el deportista nunca estaba verdaderamente seguro de cuán cerca podía obtener a estar antaño de que los misiles empezaran a desaparecer. La ascensión podía padecer a una aniquilación inadvertida.

Y si sucedía, salía el próximo mensaje en saber blancas sobre un fondo irritado: “Usted ha iniciado una guerra nuclear accidental. Y no, no hay un presentación animada de una nube (con forma) de hongo con partes de cuerpos volando por el aire. No recompensamos el fracaso”.

“Impredecibilidad”

Si los comentarios hechos en el pasado de Trump sirven de algún tipo de supervisión, pareciera que el presidente hace cálculos de que el cantera nuclear de Estados Unidos es inefectivo si los adversarios no creen que la nación está dispuesta a hostigar el percutor.

Todo es parte de la organización de “impredecibilidad” que repetidamente promocionó durante su campaña presidencial (y que retomó en un nuevo mensaje de Twitter).

Trump y -su secretario de Defensa, Jim Mattis- ha hablado de cómo Estados Unidos prevalecerá en cualquier confrontación marcial con Corea del Septentrión.

En medio de la fanfarronada se ha olvidado el peligro de que un enfrentamiento extendido pudiera rebosar de control y provocar un detención costo de vidas humanas, entre civiles de los dos lados de la zona coreana desmilitarizada y entre el personal marcial estadounidense.

Sería casi seguro que Estados Unidos prevalecería, pero sería difícil verlo como un resultado que no sea un fracaso.

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