La posverdad de Sergio Melnick

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El hombre de contextura gruesa saltó del avión segundos antiguamente de que la nave con nueve personas capotara. “Realmente no me imagino cómo pudo saltar o salir desde el aparato cuando este se desplomaba bocabajo sobre el duraznal”, dijo hace 30 abriles el fiscal de aviación Renato Nuño, a cargo de investigar el contratiempo. Pero una corbata enredada en la copa de un árbol y el hombre con vida hospitalizado en la Clínica Las Condes, son la prueba de que poco así efectivamente ocurrió.

Sergio Melnick, en la indeterminación del 20 de marzo de 1987, era el vicedecano de la Permiso de Patrimonio de la Universidad de Pimiento, cuando iba en revoloteo conexo a dos geólogos estadounidenses, tres ejecutivos de la CAP, dos pilotos y el ex secretario de la Universidad de Pimiento, Raul Bitran, fundador de la Universidad de La Serena. Los diarios de la época afirman que el avión cayó cuando intentaba aterrizar en una pista cercana, luego de que los pilotos comprobaron una defecto en los motores. Al respecto, versiones extraoficiales del casi olvidado incidente, afirman que la audacia de Melnick de inaugurar la puerta durante el revoloteo, impidió que el aterrizaje de emergencia pudiera concretarse con éxito. Todo el resto de los pasajeros murió.

Tras el montaña cero volvió a ser lo mismo en la vida de Sergio Raúl Melnick Israel, ingeniero comercial de la Universidad de Pimiento. Pasó de ser pragmático a esotérico en menos de lo que canta un galliforme.

Pupilo aventajado, se tituló un año antaño de los cinco que dura la carrera. Estudió en plena Pelotón Popular, entre 1970 y 1973. Su madre, originaria de una clan judeo-griega, de la isla de Rodas, y su padre, ingeniero fallecido en 1965, eran –como él mismo reconoce– fervientes allendistas,  igual que el resto de su grupo materna, de quienes se distanció posteriormente que continuamente lo agredieran –según se ha quejado– en el contexto del clima de confrontación política que se vivía en la época. Melnick ha dicho que no es “de izquierda ni de derecha, sino anti-UP”. Mientras que su hermano, el astrónomo Jorge Melnick, es simpatizante de centroizquierda.

Pero los hechos muestran que siempre ha estado vinculado a la derecha más dura. En objetivo, pocas semanas a posteriori del referido casualidad tenue, que ocurrió en Bucalemu –la zona donde veraneaba Respetable Pinochet–,  en abril de 1987, el dictador lo nombra como ministro en la Oficina de Planificación Doméstico (Odeplan), la agencia “antipobreza” de ese gobierno, desde donde se implementaron las bases concretas del sistema neoliberal.

Quien había plantado las raíces de esa nueva forma de trabajar con el Estado como estafermo completamente subsidiario, fue Miguel Kast, padre de Felipe Kast, de quien se declara amigo y un ferviente partidario. Para Melnick, el diputado de Evópoli es el continuador de un eventual segundo Gobierno de Piñera. “Un candidato del futuro”, afirma. Cuando Carlos Peña lo igualó a un “café descafeinado”, Melnick salió inmediatamente a defenderlo, diciendo que el café descafeinado era mucho mejor que “el café que de tan cargado se vuelve amargo e intomable”.

Combatiente por la democracia

Así es Melnick, promotor de sus amigos. Fue él quien convenció a Pinochet de nombrar a José Luis Federici, de quien era cercano como profesor en la otorgamiento, como rector de la Universidad de Pimiento. El resultado, como se sabe, fue desastroso para la dictadura que se vio obligada en octubre del 87 a destituirlo, en medio de las protestas que pavimentaron la derrota de Pinochet en el plebiscito al año subsiguiente. Otro de sus amigos es Luis Larraín Riachuelo, su segundo de a borde cuando estuvo en Odeplan. Cada vez que puede, Melnick alaba los posteos y descomposición en Twitter de Larraín, director ejecutor de Desenvolvimiento y Exposición, el think tank vinculado a la UDI.

Melnick asiduamente fustiga contra el funcionamiento de empresas públicas y el excesivo tamaño del Estado. Pero no ha tenido problemas en conseguir licitaciones públicas. En el primer gobierno de Bachelet, Anticipa S.A., la consultora de Melnick obtuvo contratos con el Ejército, la Municipalidad de Santiago y la Junaeb. Entre 2011 y 2013 con el Sence, el Minvu y Fonasa. Luego en el segundo gobierno de Bachelet, que según él será recordado como “uno de los peores de la historia”, se adjudicó contratos con el Minvu, el Sence y Fonasa.

Mientras era ministro entre abril de 1987 y julio de 1989, Melnick participó en las manifestaciones de apoyo a Pinochet organizadas por el partido nacionalista Avanzadilla Doméstico. En uno de esos actos fue fotografiado con Álvaro Corbalán, el entonces director eficaz de la CNI, la policía política del régimen.  Por eso,  es que la sospecha y dudas cayeron fuertemente sobre él cuando en un capítulo de ‘En Buen Chileno’, de Canal 13, le dijo a Patricio Fernández: “Yo he luchado por la democracia mucho más que tú”. Las redes estallaron.

No hay un solo refrendador que asegure que Melnik haya firmado acuerdos o colaborado con las fuerzas civiles contra la dictadura o que haya hecho  gestiones a valenza de los derechos humanos. Su único vínculo visible con ese costado del espectro político es la antigua amistad que mantiene con el abogado Jaime Hales, tarotista, esotérico y barboso como él, pero adherido a la defensa de los Derechos Humanos durante la dictadura.

No está claro de dónde viene la auge de Melnick que lo mantiene como asesor recurrente y “orejero” de algunos empresarios. Tal vez  es su Phd en “investigación del futuro” de la UCLA, armas con la que convenció a su sobrino Rodrigo Guendelman de estudiar periodismo porque era “la carrera del futuro”, según admitió el periodista.

Siquiera se sabe por qué alguno que se confiesa “malo para administrar” ha sido director y jefe de empresas”. Probablemente su auge venga de su temprana y constante aparición como rostro de televisión. Melnick fue el primer director ejecutor de La Red, la frecuencia era una señal abierta especialmente para Pinochet que no recibía perfectamente las transmisiones en el Melocotón. En los 90 pasó a manos de un clan de inversionistas, ligados a la genio de Hacienda de la Universidad de Pimiento, como Álvaro Saieh y Miguel Hechizo Poduje, que integraron el primer directorio. Melnick era director ejecutor y rostro. Entre sus “inventos” se cuenta el perfil ácido que le dio vida en pantalla a Mauricio Israel, caído en desgracia más de una período a posteriori por problemas de impuestos.

Garay y la foto falsa

La aventura de Saieh y Melnick no resultó. Pero el ex ministro de Pinochet se instaló como la voz de derecha en Tolerancia Cero, de Chilevisión,  donde estuvo hasta 2008. Luego participó en un experiencia similar, Manos Libres de Mega y ahora es panelista estable de En Buen Chileno, de Canal 13. Una averiguación publicada por Adimark en junio de este año, lo sitúa como el panelista mejor evaluado e informado según los encuestados, unido a Gonzalo Muller y Eduardo Saffirio.

Parecen no importar las imprudencias que ha cometido en su cuenta de Twitter, como proponer que “el autogolpe del chavismo es inminente”, o subir una foto de Bachelet mirando un falo de madera, que resultó ser falsa, situación que nunca aclaró. Siquiera que apoyara a Rafael Garay, asegurando que “personas como tú deben ir al ruedo y dirigir. Debes ser senador”. Poco de lo que siquiera se ha retractado.

Melnick asiduamente fustiga contra el funcionamiento de empresas públicas y el excesivo tamaño del Estado. Pero no ha tenido problemas en alcanzar licitaciones públicas. En el primer gobierno de Bachelet, Anticipa S.A., la consultora de Melnick obtuvo contratos con el Ejército, la Municipalidad de Santiago y la Junaeb. Entre 2011 y 2013 con el Sence, el Minvu y Fonasa. Luego en el segundo gobierno de Bachelet, que según él será recordado como “uno de los peores de la historia” se adjudicó contratos con el Minvu, el Sence y Fonasa.

Cuando algunas empresas se privatizaron, Melnick estuvo, entre otras, en los directorios de SQM con Julio Ponce a la cabecera y Chilectra. Ocupó un sillón en el Faja Edwards en 2009 cuando la propiedad era compartida entre la grupo Ergas y Quiñenco del liga Luksic.

La celebridad de Twitter

Si fuera por algunas de sus afirmaciones, Melnick sería el influenciador ideal para los miles de usuarios de Twitter, que siguen temas de ocultismo y conspiraciones.

“Lo que viene es una fusión del hombre con la máquina. La inteligencia artificial, las máquinas más poderosas que el hombre, vienen en 20 años. Vamos a terminar con una realidad tipo Matrix”. “No hemos ido avanzando nulo en el tema espiritual. Nos hemos ido degradando en lo ético, en lo recatado”, son algunas de sus afirmaciones, que podrían convertirlo en una celebridad querida en los tiempos de internet, sin requisa, se hunde con analogías como cuando comparó a una mujer gestante con un “auto chocado”, luego de que la ley prohibiera a las isapres, y considerar el corte como una enfermedad prexistente.

Pero a Melnick parece que no le importa que muchos de sus más de cien mil seguidores en Twitter lo monitoreen para enrostrarle sus caídas, como los rudimentarios Power Points con los que acompaña presentaciones a Codelco y a Icare. Su reputación de guía sigue intacta.

“La gente que está en el mundo racional le tiene poca confianza a los magos, porque son rifleros, comerciantes. Pero cuando se encuentran con uno de ellos que a la vez maneja la economía, les produce una fascinación enorme. Para mi es una fuente de consultoría tremenda”, explicó en una entrevista.

Lo cierto es que el mago sigue como director de empresas, columnista habitual de La Segunda y La Tercera. Está en la Fundación Bono Educar y es parte del directorio de la Universidad Viejo, ambas entidades integradas por antiguos pinochetistas.

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