La tercera puede que no sea la vencida: las dudas del oficialismo sobre el nuevo eslogan de La Moneda para salir del fondo

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A días del inicio del estallido social y a través de un mensaje interno en círculos de la derecha vía WhatsApp, el antiguamente “coronel” de la UDI, Pablo Longueira, hizo una dura crítica: “No sé de qué nos sorprendemos, este Gobierno cree que el relato es lo mismo que un eslogan. Como el eslogan es ‘tiempos mejores’, la gente ya sabe que eso no llegó (…). Se agotó el eslogan y, como no hay relato, la gente se cansó y el Gobierno se fatigó, todo es una improvisación al ritmo de las encuestas y las redes sociales. Un Gobierno de derecha sin relato, no existe, es un mero administrador, no genera continuidad”.

Un examen descarnado que, si aceptablemente fue hace casi cuatro meses, hoy calza como anillo al dedo, cuando el fin de semana La Moneda presentó un nuevo eslogan comunicacional para tratar de marcar un hito que le permita a la suministro piñerista salir del fondo del pozo en que se encuentra. Se trata de “Nos queda mucho Chile juntos”, que ya generó dudas en el oficialismo e hizo a más de uno dudar sobre la efectividad vivo que tenga.

Este claramente no es el primer intento de La Moneda. Antiguamente desde Palacio se impulsó “Chile en marcha”, una frase con la que el Gobierno trató el 2019 de sortear los tiempos difíciles de la finanzas que golpearon duramente en la aprobación presidencial, organización que naufragó un día posteriormente de la marcha de más de un millón de personas el 25 de octubre, en pleno estallido social. Desde la Secom entendieron que la frase ya no transmitía el mismo significado de hace siete meses, sino que les jugaba totalmente en contra.

Previo a eso fue la promesa de campaña y eslogan con que el Mandatario regresó a Palacio en marzo del 2018: los “tiempos mejores”, que rápidamente perdió su efectividad al chocar con la verdad de las cifras económicas. No solo eso, se transformó en un arsenal de doble filo para el Gobierno, por las expectativas que generó en la opinión pública y como esta le cobró, con el rechazo a su dirección, el incumplimiento total de ese ofrecimiento.

El culto de la Universidad de Milán, Kenneth Bunker, afirmó que “cuando uno piensa en relato, uno piensa en un relato programático. En Piñera I era un Gobierno administrativo que buscaba mejorar, vía reformas pequeñas, lo que se había hecho y mover la varita un poco más a la derecha. El segundo Gobierno de Bachelet era altamente programático y querían hacer reformas estructurales, y cuando uno piensa en esos términos de relato, en este Gobierno no creo que exista”. Respecto al nuevo eslogan, agregó que la frase ‘nos queda mucho’, significa que lo del pasado o lo que existe es útil, mientras que uno ve que la conversación en la calle es otra. Esta apunta a interrumpir el statu quo, se quiere adaptar un maniquí más progresista. Me parece que es una defensa al maniquí, estratégica y políticamente no creo que sirva mucho para administrar, es más un eslogan de marketing”.

Este tercer eslogan, “Nos queda mucho Chile juntos”, acompañará todas las actividades oficiales. Desde Pimiento Vamos ya advirtieron que uno de los problemas que tiene la logística es que no se explicaría por sí sola, ya que para que eso suceda “debería existir un correlato en el accionar de la Presidencia” y eso no es identificable hoy. Los múltiples vaivenes que el Mandatario presentó en los momentos más álgidos del estallido social, sumado esto a la incongruencia entre el discurso y los hechos respecto de las prioridades de las agendas –como la social que “avanza poco y nada” o la de seguridad, que tiene hitos que mostrar– generan más dudas que certezas en esta nueva etapa.

En RN se quejaron que este tercer intento de La Moneda por conseguir “aire” frente a una situación de ahogo, no tiene buenas perspectivas de éxito, ya que solo rebate a una fórmula comunicacional que apuntaría a “más de lo mismo”. Los dardos del partido nuevamente apuntaron a la responsabilidad directa del superior de asesores del segundo adoquinado, Cristián Larroulet, quien “búsqueda no ceder en falta” y que sigue ostentando un poder interno cada vez más sin contrapesos.

En este entendido, volvieron a poner en el centro de las críticas la imposición que estaría imperando desde el sector más duro de la derecha, adentro y fuera de los muros de La Moneda, lo que el Ejecutor –agregaron– no habría sabido cómo “contrarrestar” en momentos en que “se requiere de más sentido común”. Esto se condice con la presión que se ha ejercido desde la UDI y frente a la cual en Palacio han cedido demasiado, una crítica que se ha hecho entrar en varias ocasiones directamente al Presidente.

La error de relato es un estigma que ha cargado Piñera en sus dos gobiernos, falencia que, entregado el tablado presente, un amplio sector de los partidos que lo apoyan no cree que se logre subsanar. Los mismos que hoy cuestionan el que no exista un discurso que toque tierra con la ciudadanía, recordaron nuevamente cuando Longueira fustigaba a la primera oficina piñerista: “El Presiente no tiene relato político, porque habla tres cosas distintas en un día”.

Desde la sede estatal explicaron que la idea del nuevo eslogan es apelar a ese 78% de ciudadanos que dilación que se privilegien los acuerdos de parte de los líderes políticos, según los resultados de la última sondeo CEP. Agregaron que se quiere inspirar dispositivo y transformarse en el techo de los cuatro nuevos lineamientos anunciados el fin de semana tras el consejo de salita: memorándum social; empleo y clase media; proceso constituyente; y seguridad y orden sabido.

Al interior de La Moneda es popular escuchar que gran parte de los déficits que se detectan guardan directa relación con problemas comunicacionales en los que están trabajando y que, por ello, el despliegue en circunscripción al que llamó el Presidente Piñera, sumado al “moldeable” nuevo slogan que aparecerá con diferentes versiones según cada región o evento, debería ser la decisión.

Esa vistazo desde el Ejecutor es la que genera reparos y dudas en el oficialismo, porque no solo es una fórmula superficial que no alega al problema de fondo del Gobierno, sino que una vez más –agregaron– “creyeron haber encontrado el antídoto”, resolvieron sin consultar a la coalición y que aquello solo demuestra que en La Moneda se sigue trabajado “mirándose el ombligo”.

Otra de las críticas a “Nos queda mucho Chile juntos”, es que algunos lo consideran más una carga que una señal de alivio, considerando que aún restan dos abriles para que termine esta establecimiento piñerista y, al no acontecer una claridad en el trabajo a futuro, el día a día se torna más extenuante y atosigante.

En este contexto, volvieron a fustigar al Ejecutor, que por la prensa “apela a la agenda social”, pero que en la ejercicio no se ve a luceros de la ciudadanía. “En la calle todos creen que no se ha hecho nada”, recalcaron desde la derecha, donde hicieron hincapié en que los dos únicos proyectos aprobados hasta ahora son “No más tag” y “Pensión Básica Solidaria”, los que no habrían recibido todas las lucen que podrían y eso es “un déficit importante”, considerando el tablado de cero credibilidad y liderazgo.

Pero en La Moneda están convencidos de estar en lo correcto y, por ahora –señalaron fuentes al interior Palacio– no estaría en carpeta una potencial memorándum social 3.0, pues con la ruta ya definida y los proyectos anunciados, están seguros que este es el camino correcto. Que independientemente de la fuerza con que se tengan que confrontar en marzo, más de lo que se anunció, difícilmente va a cambiar y que, a medida que avancen los proyectos en el Congreso, la temperatura de demanda social “debiese bajar”.

El clásico de la Universidad de Milán, Kenneth Bunker, afirmó que “cuando uno piensa en relato, uno piensa en un relato programático. En Piñera I era un Gobierno administrativo que buscaba mejorar, vía reformas pequeñas, lo que se había hecho y mover la varita un poco más a la derecha. El segundo Gobierno de Bachelet era altamente programático y querían hacer reformas estructurales, y cuando uno piensa en esos términos de relato, en este Gobierno no creo que exista”. Respecto al nuevo eslogan, agregó que la frase ‘nos queda mucho’, significa que lo del pasado o lo que existe es útil, mientras que uno ve que la conversación en la calle es otra. Esta apunta a interrumpir el statu quo, se quiere adaptar un maniquí más progresista. Me parece que es una defensa al maniquí, estratégica y políticamente no creo que sirva mucho para guiar, es más un eslogan de marketing”.

Una visión diferente tiene el director ejecutor de DataCamp, Aldo Cassinelli. “Pienso que el principal relato del Gobierno será el de orden. La manera en que dicho concepto se traduce en política y acciones concretas es variado. La idea de orden es algo que se va instalando en la gente, por eso creo que se debe esperar a marzo para ver con qué profundidad y en qué dimensiones se utiliza como base para un relato. Eso es algo concreto que se puede hacer tangible, puedes tener acciones concretas y también diferenciar quiénes están a favor y en contra. Todo ello conforma elementos básicos para construir un relato, en la medida que se hace creíble para las diferentes audiencias a las cuales está destinado”.