Lamberto Cisternas, vocero de la Corte Suprema, propone elecciones en el máximo tribunal: “Se debe poner fin a la costumbre de que asuma el más antiguo”

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Se rompen las tradiciones. Hasta ahora, el presidente de la Corte Suprema era preferido por decrepitud en el cargo de ministro. Sin incautación, en esta ocasión, será dispar. Se paciencia que durante este mes se reúna el Pleno del mayor tribunal para sufrir a agarradera elecciones y así reemplazar al presente presidente, Haroldo Brito.

Siguiendo la costumbre, le correspondería a Guillermo Silva -quien integra la primera sala- presidir la Corte Suprema en el subsiguiente periodo, pero un candidato irrumpe en la cuadro: Lamberto CIsternas, vocero del organismo.

Cisternas es la sexta decrepitud tras Carlos Künssemüller. Y aunque termina su período en abril del próximo año, ya que cumple 75 abriles, la años máxima para estar en la corte, en caso de prosperar su aventura presidencial podría extender año y medio su período.

El vocero del mayor tribunal envió una carta a sus pares argumentando su atrevimiento y adjuntando una hoja de ruta para su mandato en caso de ser estimado.

“No creo que sea suficiente la sola antigüedad; pues si no va acompañada de las características señaladas, significa otorgar una especie de cheque en blanco, sin saber el rumbo que se dará a la presidencia, ni qué temas serán prioritarios, ni cómo se ejercerá el liderazgo interno; ni cómo nos conectaremos con el resto de la comunidad, en especial en los tiempos que corren”, escribió Cisternas según consigna El Mercurio.

Hoy, Lamberto Cisternas comentó al temprano por qué decidió postularse y romper la tradición.

“Por reivindicar lo que es, en mi opinión, lo que dice la norma del Código Orgánico y lo que debería ser la esencia de la elección del presidente de la Corte Suprema. El Código dice que se elige entre los que son miembros del tribunal. La idea es que haya elección, que entre nosotros miremos a quien pueda desempeñarse en ese cargo según las circunstancias precisas que viva el país y el Poder Judicial. No que sea una cadencia, en que a mí me toca o a quien le corresponde”, declaró.

A su cordura, la tradición hace una separación entre los ministros de primera, que son los que tendrían la posibilidad de ser presidentes de la Corte Suprema, y los de segunda, que nunca van a serlo.

“Y entre estos de segunda puede haber perfectamente algún colega que tenga la posibilidad de desempeñarse en la presidencia por sus mejores habilidades, sus mayores conocimientos”, añadió.

Bajo esa premisa, sentenció que postulará a la presidencia de la Corte Suprema porque “debe haber elecciones y poner fin a la costumbre de que asuma el más antiguo”.