Ley corta: el respirador artificial que le puso el Gobierno al fenecido proyecto de Pensiones

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El 18 de agosto pasado y delante la Comisión de Trabajo de la Cámara, el ministro de la cartera, Patricio Melero, señaló que «la ley corta es un camino, si no es posible avanzar en una reforma más integral. Seguimos en conversaciones y espero avances más sustantivos en las próximas semanas». Sus palabras evidenciaron poco que para varios de los personeros que trabajan a cargo de la reforma al interior de La Moneda era ya una verdad: que la reforma integral al sistema de pensiones del Presidente Sebastián Piñera era un esquema muerto. Las palabras de Melero fueron la fervor.

Al mismo tiempo, el mensaje refleja una medida desesperada, poco así como ponerle un respirador industrial al esquema con una ley corta que pueda concretar una decano cobertura o el incremento de las pensiones básicas solidarias, esto con el fin de poder mostrar poco una vez que termine el Gobierno, para no tener que cobijar el fracaso resolutivo de la última y más emblemática política pública de Piñera.

Y aunque no lo van a asegurar públicamente, al interior de La Moneda dan por descartada toda posibilidad de obtener poco más que la denominada ley corta de pensiones, y que exploración aumentar la cobertura del pilar solidario desde el 60% contemporáneo hasta el 80%. Una solicitud que se le hizo abriles detrás a la dependencia piñerista –separar en dos la reforma–, pero de la que nunca quisieron hacerse eco, apostando a cumplir con uno de los hitos que alimentaría el tan anhelado como inalcanzable– herencia presidencial.

Pero más allá del voluntarismo, como lo han calificado incluso desde su propio sector, lo cierto es que las cartas se fueron agotando en el camino, y hoy, ad portas de una alternativa presidencial, la idea primaria con la que se presentó el Ejecutor ya no tiene la fuerza ni los utensilios básicos, como el financiamiento de la misma, para sustentar la desafío.

Las variables que llevaron a la iniciativa a punto muerto son varias, entre ellas, la postura con la que se presentó una vez asumido el entonces ministro de Hacienda, Ignacio Briones, que más que tender puentes a la discusión, terminó por cerrar varias de las puertas, y llevó a una examen, que ya se presentaba firme en sus convicciones, a encerrarse al punto de no ceder “ni medio metro” respecto de alrededor de dónde debía ir el 6% extra de cotización.

El plan llamativo del Gobierno apostaba a un 3% a cuentas individuales y el 3% restante a solidaridad, pero nunca se logró cimentar esa opción. Se llegó incluso a situar por 4 puntos para el faltriquera de cada cotizante, y 2 para repartir, pero ya era muy tarde, confesaron desde la examen. Otra de las condicionantes que puso piedras al camino fue la indefinición y “falta de estrategia” del segundo adoquinado de La Moneda que, adyacente con Presidencia, no le entregaron las herramientas suficientes a la ministra del Trabajo de ese entonces, María José Zaldívar, quien pasó meses en reuniones con los representantes de la concurso, sin falta que ofertarles, lo que terminó jugando en contra de sus propias pretensiones.

Y si en algún momento se utilizó un eventual pacto por la reforma a las pensiones como carta para detener algunos de los primeros tres retiros desde las AFP, hoy esa opción está totalmente extinta, confesaron en Palacio. Esto, más allá de que alguno lo pueda poner sobre la mesa para explicar las consecuencias de un potencial nuevo retiro, “esto se trata de hacer política más que de números, y no se fue capaz”, sentenciaron desde el oficialismo.

Antaño de ocurrir a los números, y por sobre todos los factores que hacen inviable el avance del esquema llamativo, en lo político, el nudo lo explicaron de la posterior guisa desde La Moneda: “Entre (Ximena) Rincón, que está obsesionada con las tablas de mortalidad; Carolina Goic, que quiere su ley marraqueta; y el Gobierno, que no quiere finalizar con la capitalización individual como concepto, la verdad es queda poco espacio de avance. Encima de que todo esto está ad portas de la selección (presidencial), entonces, los luceros están puestos ahí principalmente”.

De esta forma, la reforma a las pensiones, utilizada como una de las banderas de la campaña presidencial del presente Mandatario, se suma a una tira de promesas fallidas, y que fueron dinamitando el apoyo no solo ciudadano, sino todavía de su propio sector. Una de las más recordadas: la promesa de descuento de impuestos a las empresas, sobre la cual luego, una vez instalados en el Ejecutor, tuvieron que echar pie detrás.

Los números

Y es que, tal como lo señaló David Bueno en una de las comisiones –números que coinciden con los del Ejecutor–, hoy por hoy, el esquema original del Gobierno no tendría sustento, adicionalmente de las consideraciones políticas, por el desfinanciamiento que ha sufrido el sistema con los tres retiros del 10 por ciento de las cuentas de capitalización individual.

La iniciativa que se pensó en un principio, y que consideraba, entre otros aspectos, aclarar el manejo de los dineros a oferentes que no fueran las AFP, hoy no tendría asfalto financiero, con un cuarto retiro en ciernes, y haciendo las matemáticas de lo que significaron los primeros tres retiros, la iniciativa se estaría alejando del “sentido de realidad y sostenibilidad financiera”, apuntaron diferentes especialistas en la materia, y quienes expusieron en la Comisión de Trabajo de la Cámara Inscripción.

Hoy por hoy, la planilla Excel señala que los fondos tienen $50 mil millones menos que cuando se hicieron los exploración para la progreso del sistema. De aprobarse un cuarto retiro, se le restarían otros $17 mil millones más. El cálculo estima en un aumento de siete abriles más de cotización por persona para recuperar esos montos. En términos simples, el escrito ingresado por el Gobierno hoy no tiene calle financiero para seguir delante.

El esquema se encuentra en este momento en la Comisión de Hacienda del Senado, tras su paso por la de Trabajo, y previamente la Cámara de Diputadas y Diputados. De seguir su camino legal, le calma una comisión mixta. La otra opción, y la más realista, donde transversalmente todos coinciden, es que el Ejecutor ingrese un plan a salvo, “ley corta” que considere solo el incremento del pilar solidario.