Límites e inconsistencias del “relato” empresarial

0
474
loading...

Uno de los factores que genera veterano consenso al interior de la derecha política al momento de explicar la ‘derrota ideológica’ del maniquí neoliberal y de su propia coalición, ha sido la “falta de relato”.

Desde una perspectiva hegemónica, “faltó relato” para defender el embase ideológico del consenso neoliberal, resquebrajado por un extenso e intermitente ciclo de movilizaciones que ha sido acompañado con demandas que han acabado impugnar el corazón del maniquí neoliberal –cuyos ejemplos más emblemáticos han sido ‘No al lucro’ y ‘No + AFP’ en el 2011 y 2016, respectivamente–  y que hoy en día son reproducidas con longevo especificidad programática por los representantes de una nueva coalición política que llega a las primarias legales; dando cuenta que la ‘derrota ideológica’ ha costado cara, tanto para la derecha política en particular, como para los defensores del stato quo en militar, conveniente a la formación de una alternativa política que amenaza con alterar el reparto duopólico del poder.

Desde una perspectiva partidaria, “faltó relato” para poder escapar a la método economicista adicta a las cifras en momentos en que la derecha política llegaba al gobierno a posteriori de dos décadas transcurrida la dictadura cívico-militar. En la hogaño, la derecha política se encuentra asediada en términos ideológicos. Sus dirigencias no han dejado de ser interpeladas desde el estallido del caso Penta en septiembre del 2014 hasta la presente carrera presidencial de Sebastián Piñera; querellas judiciales mediante. De calar nuevamente al poder estatal, Pimiento Vamos deberá demostrar que puede revertir el cargo que registró el gobierno Piñera en materia de gobernabilidad, situación expresada en su incapacidad para contrapesar la activación política de los movimientos sociales.

En este contexto, y dejando de flanco las posibilidades que abre el futuro cercano en materia electoral, es de suyo pertinente preguntarse: ¿Cómo es que ha procesado esta ‘derrota ideológica’ la derecha empresarial? ¿Cuál es el “relato” que ha acabado valer para sortear la “crisis de confianza” que ha sobrevenido sobre las grandes empresas y los dueños del haber a partir del develamiento de diversos casos de colusión; incluyendo por cierto, la responsabilidad que compete al gran patronal en el financiamiento ilegal de la política y las prácticas de cohecho?

Por todo este contexto es que los Diálogos de El Mostrador con la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) tienen un apreciable valencia analítico. La conversación permite conocer los ejes discursivos del “relato” que ha primoroso el gran patronal adentro de los últimos meses. El nuevo rostro empresarial se presenta en sociedad en las pantallas de El Mostrador. Precisamente, la décimo en el programa de las dirigencias empresariales, es un claro ejemplo de la ataque que comienzan a contraer las gerencias y gremios en tanto actores sociales que compiten –al igual que otros agentes de la sociedad civil organizada– en la cancha del debate manifiesto. En hora buena.

Así, estos Diálogos permiten apreciar de primera fuente el “relato” de una derecha empresarial que todavía ha mostrado renovaciones internas y divergencias en medio de procesos eleccionarios no exentos de polémica; tal como ha evidenciado el caso de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), encima de conocer sus respectivos diagnósticos sobre la sociedad contemporáneo, el modo en que han sorteado la crítica social delante los abusos cometidos por empresas emblemáticas del sector, las “fallas individuales” que es necesario remediar y la visión-misión augurada por la gran empresa para los próximos abriles, entre varios otros tópicos.

En este sentido, nulo más sugerente que el título de la convocatoria: “Las élites en crisis y el rol de la empresa en el siglo XXI”. Correctamente vale la pena detenerse entonces en los ejes discursivos centrales de la conversación mantenida entre el subdirector de El Mostrador, Iván Weissman, y los presidentes de la CPC, Alfredo Pardo; de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte; de la Bolsa de Comercio, Juan Andrés Camus; y de Telefónica, Claudio Muñoz.

La elite en crisis y los límites del horizonte neoliberal

 Uno debiese suponer que la férrea crítica de los sectores empresariales al “grave error de diagnóstico” que habrían tenido algunos sectores influyentes en la política al momento de explicar el malestar que corroe al Pimiento de la última plazo, se traduciría en la elaboración de un diagnosis más elocuente en su intento por explicar los síntomas que manifiesta el escena político-económico del Pimiento presente.

El diagnosis empresarial puede resumirse de la ulterior guisa: la emergencia del malestar social expresada colectivamente durante la última lapso por medio de diversos movimientos sociales y políticos, es producto más del éxito que de la catástrofe. La impugnación social es la muestra palpable de que la sociedad meritocrática avanza. La “disrupción social”, demuestra el triunfo de una ciudadanía que se ha vuelto más severo y consciente de sus libertades y oportunidades. Para los adalides empresariales, la alternativa a la crisis de expectativas que vive nuestra sociedad, se resuelve con la sucesivo fórmula: ¡queremos más y mejor mercado!

Los estudiantes salen a las calles, nuevas generaciones exigen la oportunidad de ingresar a la educación superior tal como ha sido la tendencia hasta ahora y se percatan de que el capital no les alcanza para enriquecer. La crisis estalla. Nulo dice el señor Alfredo Bronceado cuando presenta esta explicación, sobre la reproducción del provecho en el sistema educativo en todos sus niveles, de la enorme masa de familias endeudadas con la banca y de la fulminante devaluación que ha tenido el afamado “cartón” que tanta esperanza infundió a nuestros padres hace menos de una plazo.

Las comunidades se movilizan y levantan sus demandas socio-ambientales, la institucionalidad estatal no es capaz de procesar estas demandas y la empresa permanece inmóvil sin conseguir la “confianza” de las comunidades que se están viendo afectadas. La crisis estalla. Ausencia dice el señor Bernardo Larraín Matte cuando presenta esta explicación, sobre la degradación de los espacios socioambientales en las más variadas geografías de nuestra “larga y angosta faja de tierra” –desde Freirina al archipiélago de Chiloé, pasando por el Cajón del Maipo y vastos territorios del Wallmapu– perjudicando la calidad de vida de comunidades enteras; cuando no la lozanía de sus habitantes y la supervivencia sus los entornos naturales.

Los ejemplos podrían multiplicarse por doquier. Más allá de estos diagnósticos sectoriales, sorprende la capacidad del “relato” empresarial para evitar las fallas estructurales que evidencia nuestro maniquí de sociedad. Si se observa con detención, se constatará que la activación política de los nuevos movimientos sociales y políticos surgidos durante el período de la “alta transición”, no son más que una respuesta estructural a las “externalidades negativas” fecundadas por el proceso reproductivo del maniquí neoliberal. La metáfora de Marx y Engels lanzazo en el texto político más influyente de los últimos siglos, sigue teniendo disculpa en nuestros días: el sistema engendra a sus propios sepultureros.

Para el gran patronal, pareciera ser que todo se tratara de la velocidad alcanzada por los cambios en el mundo; de los dispares ritmos que presenta la intensa tumulto tecnológica en comparación a la tardanza de los cambios culturales; de la variación de los estándares frente a nuevas exigencias sociales; de los desafíos que presenta el recambio generacional; de que hoy en día es toda la institucionalidad la que está siendo interpelada; y de que las “malas prácticas” del patronal son hechos graves y condenables, aunque aislados e individuales. Evidentemente, en todas estas observaciones, el maniquí neoliberal queda virginal, “libre de polvo y paja”. Habrá que repetir una vez más con el filósofo y psicoanalista esloveno Slavoj Žižek que “la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico”.

Delante este ambiente, la respuesta del gran patronal no puede ser otra que las otorgadas por el nuevo espíritu del ‘neoliberalismo cultural’, esto es, un sistema neoliberal mucho más consciente de las nuevas demandas sociales. Necesitamos incorporar más Responsabilidad Social Empresarial (RSE), más transparencia, más ética corporativo, más zonas de confort en el mundo del trabajo, más descentralización en la toma de decisiones, más décimo en el debate conocido, más confianza entre los distintos estratos de la empresa, y entre ésta y los usuarios o consumidores. El “relato” del gran patronal se asemeja a la harmonía tocada por los músicos del Titánic.

La crisis de la elite igualmente transmuta en su propia incapacidad para comprender su propia posición interiormente de una crisis que es mucho más profunda de la que ella misma avizora. Se podrá hacer un esfuerzo para mejorar las operaciones internas de la empresa y su relación con la comunidad, bienvenido sea, sin secuestro, la empeoramiento de la crisis política y económica que afecta a Pimiento y el mundo requiere de transformaciones más profundas y radicales de las que las elites nacionales y mundiales están dispuestas a aceptar.

En un contexto como éste, vale la pena que el gran patronal vuelva a reflexionar sobre la súbita interpelación puyazo por Alexis de Tocqueville a sus correligionarios, hace ya casi 170 abriles (1848): “Estamos viviendo sobre un volcán… ¿No se dan cuenta que la tierra tiembla de nuevo?”.

  • El contenido desperdicios en esta columna de opinión es de monopolio responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la bisectriz editorial ni postura de El Mostrador.

loading...