Muere Simone Veil, ícono del feminismo que sobrevivió al holocausto y legalizó el aborto en Francia

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La primera mujer que fue elegida presidenta del Parlamento Europeo, en 1979, Simone Veil, considerada una figura del feminismo tras legitimar el feto en Francia en 1974 como ministra de Sanidad, murió este viernes a los 89 abriles en su residencia en París, anunció su grupo.

Su vida es un certificación de lucha por los derechos de la mujer y por la dignidad del ser humano, y su acontecimientos está llena de episodios que recuerdan su carácter de pionera.

En Francia gozó de una reputación ético a la cumbre de muy pocas figuras públicas, como evocaron hoy personalidades como el presente presidente, Emmanuel Macron, o el patrón de Estado que confió en ella para documentar el feto, Valéry Giscard d’Estaing.

Esa trayectoria singular tiene sus raíces en Niza, en la Costa Garzo francesa, donde Weil nació como Simone Jacob en 1927 y donde pasó una infancia acertado en el seno de una clan fréjol no practicante.

La aparición del régimen filonazi de Vichy, en 1940, acaba de forma abrupta con el trabajo como arquitecto de su padre y supone el principio de las penalidades para la comunidad, que será arrestada cuatro abriles más tarde.

Su padre, su madre y su hermano no sobrevivirán a los campos nazis. Ella logra mantenerse durante un año con vida en Auschwitz-Birkenau y en Bergen-Belsen, gracias, en parte, a acontecer mentido sobre su permanencia al opinar que tenía 18 abriles (los menores eran directamente derivados a las cámaras de gas).

Tras la Exención de los aliados, regresa a Francia para estudiar en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), donde conoce a su futuro marido, Antoine Veil, con quien se casa en 1946 y con quien tendrá tres hijos.

Tras ingresar en la carrera jurídico, donde llega a ser secretaria común del Consejo Superior de la Magistratura, sus ideas próximas al gaullismo y a la derecha altruista moderada le acercan a la política, aunque su proclamación como ministra de Sanidad en 1974 pilla por sorpresa a muchos.

Giscard d’Estaing pone en sus manos la defensa de la polémica norma que despenaliza la interrupción voluntaria del estorbo, bautizada para siempre con su nombre, la “ley Veil”.

La ministra pronuncia un histórico discurso frente a la Asamblea Doméstico en el que lleva a la tribuna la voz de cientos de miles de mujeres que cada año “se ven obligadas a mutilar sus cuerpos” para frustrar, lo que le vale los insultos y amenazas desde su propia bancada.

En 1979, marcará un nuevo hito en el avance de las mujeres al convertirse en la primera presidenta del Parlamento Europeo, adicionalmente en la primera ocasión en que éste es preferido por sufragio universal.

Firme defensora de la causa europeísta -y distinguida por ello con el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional en 2005-, permanece en la Eurocámara hasta 1993, cuando el primer ministro Édouard Balladour la recupera para el Gobierno como ministra de Asuntos Sociales y Sanidad.

Tras su salida del Ejecutor, Veil pasa a ser miembro del Consejo Constitucional desde 1998 a 2007, año en que -fuera ya del víscera judicial- defiende con fervor la candidatura presidencial de su amigo Nicolas Sarkozy.

En paralelo, preside la Fundación para la Memoria de la Shoah, desde donde mantiene vivo el reminiscencia del Holocausto.

Veil es reconocida todavía en el mundo de las saber, sobre todo tras su obra autobiográfica “Una vida”, que le abre las puertas de la prestigiosa Agrupación Francesa, donde se convierte en una “Inmortal” (como se ardor a los académicos) en 2010.

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