Neftalí Carabantes, exsubsecretario de Carabineros: “No basta con modernizar la institución, hay que reformar, rediseñar, rehacer”

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-¿Carabineros está en el suelo?
-El país ha sido declarante que sus actuales capacidades para hacer frente a los generalizados desmanes y vestigio delincuencial a nivel doméstico, se han manido excedidas, por una razón técnica, adecuado a que sus capacidades nunca fueron dimensionadas ni planificadas para hacer frente a una inédita efectividad como la que vive el país, sino para un contexto de ofrecimiento y demanda de posibles policiales (en el mediano y espléndido plazo), cuya estría cojín y sus indicadores principales se estructuran a partir de condiciones de normalidad. Un país como el nuestro no puede darse el opulencia de planificar servicios policiales para condiciones de irregularidad, puesto que los fortuna son limitados.

Ahora correctamente, los cuatro últimos abriles, han sido un devastador invierno para Carabineros, periodo en el cual se registran casos sucesivos, como el millonario fraude, Huracán, Catrillanca, y ahora, graves imputaciones de suceder violado Derechos Humanos. Lo antecedente es esencia para entender por qué la institución se encuentra herida en uno de sus pilares esenciales, la “credibilidad”, registrando solo un 37 % de aprobación, lo que refrenda la exigencia, no solo de modernizarla, vía determinadas iniciativas legales, sino de acometer un reestructuración histórica y estructural, o sea, implementar una insondable reforma policial, que marque un antiguamente y un posteriormente en su vida institucional.

-¿La violaciones a los Derechos Humanos es el punto de inflexión en la caída evadido de Carabineros?
-Durante este mes y medio, la institución policial ha sido blanco de gravísimas imputaciones, por ejemplo, de acaecer ocasionado apremios ilegítimos, vejaciones, torturas y graves daños en la vigor de las personas, en particular, irreparables lesiones oculares, excesos que, según el Instituto Doméstico de Derechos Humanos e informes emitidos por organismos internacionales en la materia, merecen ser catalogados como sendas violaciones a los Derechos Humanos. Lo previo, sin duda, debe ser objeto de una celosa investigación, tanto administrativa interna como por parte de la Fiscalía, y luego juzgada por los Tribunales de Equidad, a bienes de determinar responsabilidades, en el ámbito de un adaptado y racional oportuno proceso. Esto no puede retornar a ocurrir.

-¿Qué aspectos deberían reformarse de guisa urgente en esta materia y en el uso de la fuerza?
-No solo es un deber profesional, sino, adicionalmente, recatado, remirar y reestudiar en forma permanente los protocolos atingentes al uso de la fuerza, así como los programas sobre Ciudadanía y Derechos Humanos. A la luz de casos ocurridos en los últimos 50 días, cobra aún más fuerza y emergencia la idea de introducir cambios a su Ley Orgánica, siendo fundamental incorporar en la LOC una regulación estricta y obligatoria del uso auténtico y racional de la fuerza, a mercancía de organizar excesos lamentables por el uso ilegítimo y desmedido de la fuerza y, particularmente, de las armas. Otro tema esencia es incorporar más y mejor tecnología, claro, porque Carabineros tiene que propender a utilizar tecnología de punta, precisamente para reivindicar el uso auténtico de la fuerza en sus despliegues operativos, luego, la debemos dotar de armas no letales, cuyo techo mayor sea incapacitar o inmovilizar al delincuente, evitando herirle o producirle algún tipo de contusión. No significa que se dejen de gastar medios disuasivos primarios, como advertencias, megáfonos, aguas, gases, contacto físico, báculo de servicio, sino que en la prisión superior de medios a utilizar, se restrinjan al mayor (no se eliminen) las armas letales, sustituyéndolas por armas incapacitantes no letales, cuyo confín mayor sea incapacitar o inmovilizar al delincuente, lo cual encima ha sido recomendado por la ONU y la Cruz Roja Internacional.

-El Gobierno convocó a un consejo de 15 personalidades para modernizar Carabineros. ¿Pero qué se debiera hacer? ¿Modernizar, reparar o rehacer?
-La creación de una Comisión o un Consejo me parece una medida valorable, aceptablemente inspirada, pero lo sustantivo es que quienes integren dicha mesa logren comprender la magnitud de la crisis por la cual atraviesa Carabineros, porque de ello dependerá la envergadura de la reforma que se debe acometer.

Ahora acertadamente, estimo que el trabajo que Pimiento demanda no se agota en modernizar la institución policial, sino en reformarla, esto es, modificar, rehacer y remover aspectos estructurales y operativos a nivel institucional. Es el momento de marcar el inicio de un nuevo ciclo en la vida institucional de Carabineros. Por ello, el transporte que transporte a Carabineros en dirección a una nueva etapa en su incremento institucional no puede ser el mismo de siempre. Me consta que Carabineros está más interesado que nadie en salir delante, retornar al trabajo fructuoso con la comunidad, por ende, una tarea de esta magnitud requiere que Carabineros sea el primer actor sentado a una mesa donde se aborde su reforma, y a su flanco debe estar sentada la sociedad civil, tal como lo viene recomendando hace rato la OCDE, puesto que la décimo ciudadana constituye un insumo fundamental en la vivientes y monitoreo de las políticas públicas y que, más importante, la ciudadanía entregue su visión frente a la importante política de seguridad pública y la reforma a una institución permanente y fundamental en la prevención y combate al delito, como lo es Carabineros.

Neftalí Carabantes.

-Una policía militarizada de seguro va a enfrentar resistor a que la sociedad civil participe de una reestructuración…
-No podemos seguir con la misma récipe, con una cacharros de políticas públicas diseñadas desde el oráculo o una tribuna de expertos, sin el aporte de la sociedad civil, las juntas de vecinos, de los municipios, de los consejos comunales de seguridad. Dicho de otro modo, es el momento de innovar el tradicional maniquí de las mesas transversales integradas solo por expertos y la clase política, llegó el minuto de escuchar la fundada voz de Carabineros y de la sociedad civil como actores centrales de esta reforma, entre otras cosas, porque las reformas policiales exitosas en el mundo han contado con el aporte de la ciudadanía y de la institución policial a enmendar, por cierto, acompañados por expertos y la clase política, a existencias de que este cambio sea un activo para Carabineros que le permita alcanzar, con el tiempo, la anhelada legalidad o abuso social, a nivel de la comunidad.

-¿Y debiera seguir siendo una policía militarizada?
-Hoy se torna plausible flexibilizar su carácter marcial y esencialmente jerarquizado. Se debe establecer una nueva forma de regular sus relaciones de mando y subordinación, tanto en el plano disciplinario interno como en su imagen frente a la comunidad. Creo que el nuevo Carabineros de Pimiento debe caracterizarse por su rigor, eficiencia, y flexibilidad, para dar ocupación a que las responsabilidades se distribuyan adecuadamente en todos y cada uno de los niveles de la estructura, en contraste con una estructura basada solamente en la autoridad jerárquica, mando y centralización. Muchas policías del mundo son uniformadas pero no militares y funcionan con total normalidad.

-Y el poder civil, ¿qué habría que hacer para que efectivamente esté sobre el militar-policial?
-Se debe chocar el valor de control que la autoridad civil detenta sobre Carabineros, a fin de establecer una dependencia verdadero de Carabineros respecto del Ocupación del Interior, toda vez que resulta incomprensible que, a 30 abriles de ocurrir recuperado la democracia, aún el Ocupación del Interior no tenga –como en cualquier país del mundo– la potestad de aprobar los servicios policiales, despliegues operativos, los medios asociados a los servicios, la distribución del personal y el control presupuestario de una institución dependiente de la autoridad civil. Asimismo constituye una falta vigorizar los equipos técnicos del Servicio del Interior, que son la contraparte gubernativa de la institución, debiéndose implementar, encima, un riguroso sistema de rendición de cuentas o accountability en forma semestral frente a la autoridad civil, el Congreso y la sociedad civil.

-En su opinión, ¿el rediseño debe contemplar una nueva estructura orgánica?
-Absolutamente. Carabineros requiere una profunda reforma policial, no una simple modernización o un upgrade institucional, sino un profundo plan que reestructure, redibuje su estructura orgánica, que la sintonice con el Pimiento presente y, encima, establezca un antiguamente y un a posteriori en la historia institucional, una verdadera reingeniería estructural, operativa, formativa, organizacional y de imagen corporativa, que incremente con intensidad sus niveles de transparencia, establezca su vivo dependencia del poder civil y la vuelva a hermanar con la ciudadanía, tal como el 2008 lo concretó satisfactoriamente la antigua PICH –Policía de Investigaciones de Pimiento–, hoy PDI. Adicionalmente es esencia que la reforma contemple una nueva estructura orgánica de Carabineros, con específico foco en su nivel decisional, Parada Mando y Direcciones. La presente estructura orgánica-decisional es anacrónica y coayuda a reproducir conductas que se apartan de la comienzo formativa de la institución. Se aprecia un dispositivo calmoso, mucho papel, excesivamente centralizado y jerárquico, con áreas de opacidad, sin visibilidad ni posibilidad de exploración notorio, y una bloque jurídica reglamentaria anacrónica que no supera estándares internacionales y por la cual el Estado de Pimiento, cada cierto tiempo, debe replicar, delante los requerimientos que se interponen en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por hechos imputables a la institución policial.

-¿Qué ocurre con la burocracia interna?
-Hay que preguntarse si se justifica la existencia de una Inspectoría Militar o, en cambio, se debiese evaluar su aniquilación y traspasar dichas funciones a la Subdirección Genérico. En la misma confín, cerca de preguntarse si la Dirección de Educación, Doctrina e Historia; la Dirección de Bienestar; la Dirección de Salubridad; la Dirección de Sanidad, ¿son unidades o altas reparticiones insustituibles para el locución institucional, o responden a procesos operativos sensibles o a flujos de valencia? O, en cambio, ¿quizás habrá llegado el minuto de evaluar su asesinato? Similar razonamiento pudiese aplicarse a la Dirección de Dirección de Personas, cuyas funciones perfectamente pudiesen alojarse en la Dirección Doméstico de Personal o, por qué no, pensar en fusionar la Dirección de Investigación Criminal y la Dirección de Inteligencia Policial.

-¿Qué habría que hacer con la delimitación de funciones con la PDI que a veces se desdibuja?
-Resulta fundamental tipificar con total claridad las funciones preventivas preferentes que quedarán en definitiva bajo la esfera de competencia de Carabineros, así como, las menos, de carácter investigativo que se determine conservar en su poder.  Ahora es cuando debe acordar nítida esta apasionado frontera que la separará de la PDI. Para lo antecedente, sin duda, habrá que introducir cambios a nuestro sistema procesal penal y consagrar sin rubores que la Fiscalía, de aquí en delante, por regla militar, trabajará y encomendará a la PDI soportar delante las investigaciones que se susciten en el situación de la persecución penal.

-Vaya, ese es un cambio profundo. Implica quitar atribuciones.
-Es indispensable. Una vez delimitada la función de Carabineros, se debe triplicar el esfuerzo en materia de capacitación de su personal, no solo en los niveles de mando sino, especialmente, en los funcionarios que trabajan día a día en la calle, en la población, quienes deben ser capaces de retornar a ganarse el respeto de sus comunidades mediante el correcto manejo de la dependencia de instrumentos que van desde la conocimiento del entorno, la persuasión, hasta el uso de la más avanzadilla tecnología, sin sobrepasar el techo de lo ético y lo judicial.

-¿Y qué pasa con la inteligencia?
-No es sano para el Estado de Derecho sustentar zonas grises en materia de inteligencia. Pimiento debe dar un gran paso en esta materia y, por ende, de deben adoptar decisiones estratégicas que den certeza al país y a las instituciones encargadas de efectuarla, a fin que la inteligencia se transforme en un activo en la lucha contra el delito y el crimen organizado. El esquema de ley en presente tramitación, sin duda, es un primer paso, pero aún quedan diversas materias por dilucidar. Por ejemplo, ¿qué maniquí vamos a adoptar? ¿Le vamos a dar o no mérito probatorio en el proceso penal? O vamos a inclinarnos por una postura más drástica: de aquí en delante no se mezcla más inteligencia con proceso penal, por comprometerse principios del conveniente proceso y eventualmente vulneraciones en materia de Derechos Humanos. Nuestra norma procesal penal regula técnicas investigativas especiales, como la interceptación de comunicaciones telefónicas, utilizada corrientemente en la investigación de delitos graves y contra el crimen organizado, que permiten a las policías y al Empleo Sabido conocer en tiempo actual la coordinación delictiva de las organizaciones criminales y, eventualmente, entrar a monitorear las comunicaciones que se producen en la cúpula de estas asociaciones o al interior de sus centros de poder.

El problema se produce cuando el trabajo de inteligencia policial supera la ringlera de lo judicial y vulnera abiertamente derechos constitucionales, como el derecho al secreto de las comunicaciones y documentos privados, el derecho a la intimidad, la protección de datos personales y la autonomía de prensa, entre otros, todos derechos garantizados por nuestra Carta Fundamental. Agrava el cuadro el hecho que esta forma de inteligencia y eventual conculcación de derechos fundamentales, enhorabuena, está siendo cada vez más revisada por la Excma. Corte Suprema, al momento de conocer y sentenciar la actividad constitucional de amparo, en colchoneta a la causal de transgresión de la seguridad individual establecida en la Constitución.

-El caso Huracán marcó un antiguamente y un a posteriori.
-A partir del caso Huracán, Carabineros ha vivido su propio calvario en materia de inteligencia, habiéndose no solo reestructurado su radio respectiva sino, adicionalmente, estrecho ostensiblemente su relevancia a nivel institucional, con las consecuencias que ello conlleva.

-¿En una policía moderna se justifica que existan escalafones diferenciados?
-Existen poderosas razones para analizar sin ardores ni prejuicios la fusión de plantas funcionarias y terminar con la diferenciación de Oficiales (PNS) y Suboficiales (PNI), con miras a tener un solo y noble Carabineros de Pimiento, vale proponer, un cuerpo cohesionado institucionalmente, un solo equipo remando para el mismo costado, con una cancha pareja para todos que deje detrás históricas divisiones de otros tiempos, que no se condicen con una carrera funcionaria fundada en el mérito, el profesionalismo, la justicia y en la capacidad de sus funcionarios. Muchas policías del mundo tienen un solo escalafón, diferenciado por áreas y especialidades. Este en mi opinión es otro tema medular a reparar, cual es dar la posibilidad de cambiarse de ámbito, a lo menos una o dos veces, durante la carrera funcionaria, es afirmar, crear una suerte de subescalafones.

-Uno de los temas más criticados recientemente es la pasión en la formación de los carabineros. ¿En qué habría que meter mano ahí?
-Hay que robustecer las exigencias y el escalón de dificultad en las pruebas de admisión, tanto a nivel de conocimientos cívicos, estratégicos y, por cierto, psicológicos. La profesión de policía debe estar a la vanguardia de la formación de hombres y mujeres que en esencia prestarán un servicio manifiesto cuya razón de ser es la promoción de libertades, derechos y deberes. Esto implica pensar seriamente dilatar en a lo menos un año el proceso académico-formativo, y pegar una visión estratégica sobre la construcción de los currículos académicos, avalados por pares expertos externos del más parada nivel. Asimismo se torna necesario revisar si ha faltado o no un anciano rigor en la etapa de selección de los profesionales que imparten los procesos educativos. Por ello, considero fundamental la tolerancia a nuevas ideas y, en lo posible, la vinculación de nuevos docentes no policiales. Estos últimos hacen más probable trascender miradas críticas, racionales y frescas sobre temas endógenos que tradicionalmente se imparten al interior de la institución policial, que considero benévolo incorporar. Encima es imperioso culminar exitosamente el presente proceso de justificación de sus planteles de formación –escuelas y carreras– por parte de la Comisión Doméstico de Confirmación (CNA), lo que sin dudas fortalecerá la calidad de sus procesos académicos-formativos, pues contarán con la certificación otorgada por CNA respecto de la implementación de mecanismos concretos de aseguramiento de la calidad y sus resultados. No resulta coherente que en pleno siglo XXI sus planteles formativos no se encuentren acreditados.

Soy partidario de incorporar en las mallas formativas  “cátedras sello transversales”, cuyo contenido central debiese estar fundado en títulos éticos del desempeñarse policial, durante cada año de carrera. Asimismo en el ámbito formativo, adquiere plausibilidad la creación de un Sistema obligatorio de Educación Continua o de posgrado de carácter permanente para todo su personal egresado y titulado, debiendo someterse cada cierta cantidad de abriles, a nuevas exigencias en materia de capacitación y perfeccionamiento.