Nicaragua: Reeligen a Daniel Ortega, el sandinista que derrocó a los Somoza

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Para aceptablemente y para mal, la figura de Daniel Ortega está indisolublemente ligada a la de Anastasio Somoza, a quien él mismo ayudó a expulsar del poder el 19 de julio de 1979.

Ortega, quien regresó al poder en 2007, fue reelecto este domingo para un tercer período consecutivo como presidente de Nicaragua con 71,3% de los votos, según el crónica preliminar de Consejo Supremo Electoral con 21,3% de las papeletas escrutadas.

Por un flanco, Ortega indudablemente debe parte de su persistencia al presente de la Revolución Popular Sandinista, que le tocó personificar.

Pero, por otra parte, en Nicaragua parece crecer el número de personas que piensan que el añejo comandante sandinista cada vez se parece más al tirano al que ayudó a derrocar.

La comparación puede parecer exagerada, especialmente a posteriori de lo que parece ser una vencimiento abrumadora en las urnas.

Sin requisa, para el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro -quien como director del diario oficial del FSLN trabajó muy de cerca con Ortega durante su primer período al frente de las riendas de Nicaragua, de 1979 a 1990– es una comparación obligatoria, especialmente a la luz de esta nueva reelección.

Anastasio Somoza Debayle

“Es obligatoria porque Somoza es un referente de dictadura y de dinastía en Nicaragua. Y el régimen de Ortega es una dictadura; no es marcial, ni genocida, pero es una dictadura”, afirma el asimismo hijo de la expresidenta Violado Barrios, quien sorprendió al mundo derrotando a Ortega en unas elecciones celebradas en 1990.

“Pero adicionalmente, Ortega ahora igualmente está creando una dinastía“, le dice a BBC Mundo, en remisión a la audacia del caudillo sandinista de incluir a su esposa, Rosario Murillo, en la fórmula presidencial.

24 abriles, 1 mes y 21 días

Obviamente, no todos en Nicaragua comparten la opinión de Chamorro.

Pero una cosa es innegable: al final de su nuevo mandato -el 10 de enero de 2022- Daniel Ortega Saavedra sumará 15 abriles consecutivos como presidente de Nicaragua, poco que no logró ningún Somoza.

Daniel Ortega

Y si igualmente se considera su período como coordinador de la Asociación de Gobierno de la Revolución Sandinista -cargo que ejerció del 4 de marzo de 1981 al 10 de enero de 1985- así como su primera presidencia -del 10 de enero de 1985 al 25 de abril de 1990- la sigla es todavía más impresionante: 24 abriles, 1 mes y 21 días al frente de los destinos del segundo país más escueto del hemisferio occidental.

En contraste, Anastasio Somoza García -el fundador de la dinastía- ejerció el cargo de presidente durante 16 abriles, 8 meses y 8 días, en dos períodos diferentes (de 1937 a 1947 y de 1950 a 1956).

Su hijo veterano, Luis Somoza Debayle, lo hizo durante 6 abriles, 4 meses y 8 días (de 1956 a 1963).

Y el hermano de éste, Anastasio, fue presidente durante 9 abriles, 7 meses y 16 días, incluso repartidos en dos momentos: de 1967 a 1972 y de 1974 hasta su derrocamiento en julio de 1979.

Pero, ¿qué puede explicar para una comparación entre Ortega y los Somoza más allá de sus largos períodos en el poder?

Sin muertos en las calles

Para el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, quien se desempeñó como vicepresidente de Ortega de 1985 a 1990, la comparación es problemática porque a lo abundante de su larga historia la grupo Somoza utilizó diferentes estrategiaspara mantenerse en control.

Guerrilleros sandinistas en junio de 1979

“El viejo Somoza jugaba a aliarse con todas las fuerzas posibles”, dice del fundador de la dinastía.

“Y todavía estuvo Luis Somoza, quien sucedió a su padre pero mandó a reorganizar la constitución para prohibir la reelección“, destaca el escritor.

“Pero cuándo se piensa en Somoza, se piensa precisamente en el posterior de los Somoza, le dice a BBC Mundo.

“El que lanzaba bombas de 500 libras sobre los barrios de Managua, que desaparecía a los jóvenes, que llenaba de cadáveres la Cuesta del Plomo, que se acercaba al exterminio“, describe.

Y eso ciertamente no está ocurriendo en la Nicaragua de hoy.

Protesta política en Nicaragua.

La examen ha denunciado el clausura progresivo de los espacios democráticos, esa es una diferencia innegable a menudo destacada por los partidarios de Ortega.

Y muchos en Nicaragua siguen vinculando al perdurable comandante del FSLN con la promesa de cambio y conciencia social representada por el esquema revolucionario que una vez encabezó.

Símbolo de la revolución

“Su liderazgo no es improvisado, viene desde la revolución”, dice de Ortega el historiador sandinista Aldo Díaz Asistente.

Para Díaz, una de las grandes virtudes de Ortega -y una de las claves de sus dos últimos triunfos electorales- ha sido “la restitución” de los derechos socialesque el FSLN abanderó durante la término de 1980.

Un hombre con un letrero de apoyo a Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Y mientras que a Ramírez su abrumadora trofeo en los comicios le recuerda a las que incluso acostumbraban obtener los Somoza, la misma es interpretada por los sandinistas como la obvia expresión de la popularidad de un gobierno que ha sabido dar respuesta a las principales demandas de la población.

La gratuidad de la educación y de la salubridad es una verdad. Todavía los programas de casas y calles para el pueblo”, destaca Díaz Sirviente.

“La ciudadanía, en particular la juventud, dispone de amplios espacios de diversión y esparcimiento. Verdaderos sitios turísticos nacionales”, le dice a BBC Mundo.

Rosario Murillo y Daniel Ortega.

“Y la alianza tripartita -entre gobierno, empresarios y trabajadores- es otra realidad incuestionable. Te sorprenderías de lo bien que funciona”, agrega, en narración a la muy buena relación entre el gobierno sandinista y los grupos empresariales, que rara vez opinan sobre la situación política del país.

“Un proyecto familiar”

Para Chamorro, sin confiscación, la tal “alianza tripartita” es cero más un nuevo nombre para una vieja organización de Somoza, simbolizada por la consigna “Ustedes hagan plata mientras de la política me encargo yo”, ahora endulzada por la posibilidad de hacer negocio con el hacienda con el que Venezuela ha estado apoyando al gobierno sandinista.

Y, para Ramírez, la explicación del claro domino de Ortega en las urnas todavía es otra.

“Hoy el sistema tolerante nicaragüense ha sido completamente aplastado, no queda nulo más que una sumisión a un esquema personal y ascendiente“, sostiene el ex vicepresidente sandinista, quien fue expulsado del FSLN en 1995 por atreverse a disputarle el poder a Ortega.

Sergio Ramírez, Fidel Castro y Daniel Ortega en 1985.

Para consolidar su esquema, Ortega primero necesitó de una sentencia de la Corte Suprema de Razón que en 2009 declaró inconstitucional el artículo de la Constitución nicaragüense que prohibía la reelección presidencial.

Y, según Ramírez, a partir de ahí “ha ido sumando poderes a través de la corrupción, la importación de voluntades, la sumisión y hasta el temor”.

“Si salís a la calle a protestar, o te quitan tu puesto -y en Nicaragua el mayor empleador es el estado- o te quitan una beca, o se meten con tu negocio: te mandan a investigar, te detienen un pedido en la aduana, te arruinan”, le dice a BBC Mundo.

Una forma de proceder que explica por qué Chamorro considera que la comparación con los Somoza no resulta descabellada.

Un hombre pinta una consigna comparando a Ortega y Somoza.

“La pareja presidencial tiene el control de todo: de los poderes del Estado, del ejército, de la policía. Hay concurrencia que dice que tienen incluso más poder que Somoza”, asegura el periodista, cuyo padre fue asesinado por pelar a la dictadura somocista.

“Y no sólo comparten la tendencia a la concentración del poder, incluso se parecen en que no conciben la alternancia“, agrega.

Democracia burguesa vs. Democracia popular

Los simpatizantes de Ortega, sin bloqueo, aseguran que el problema es que se tiende a decretar a su líder según los parámetros de una “democracia burguesa”.

Y, para Aldo Díaz, la anciano virtud de Ortega es, de hecho, “que ha sabido aplicar extraordinariamente aceptablemente la democracia participativa consignada en la Constitución nicaragüense”.

Conmemoración del 33 aniversario de la Revolución Sandinista en 2012.

“A través de múltiples instancias partidarias el pueblo participa a todos los niveles y sectores”, le explica el historiador a BBC Mundo.

“Además, la participación incluye como vehículo fundamental, el activismo político militante”, agrega.

Y explicaciones como esa -así como afirmaciones como la del asesor presidencial Orlando Núñez, para quien las elecciones son un invento de la burguesía para dividir a los pueblos”– dejan conjeturar una visión de democracia radicalmente diferente de la generalmente aceptada en el mundo occidental.

Una visión que, según Ramírez, ya era la de Ortega durante su primer período en el poder.

Daniel Ortega en 1985

Él siempre creyó en un maniquí donde existiera un partido dominante, que no tuviera estorbos a la hora de profesar el poderEsa creencia -que proviene de una vieja formación leninista, más que marxista- siempre estuvo ahí”, le dice el escritor a BBC Mundo.

“Y no solo en él, sino en la mayoría de los dirigentes de la revolución”.

Para su antiguo número dos en el gobierno, la ideología de Ortega no ha cambiado de entonces a la plazo.

“Él sigue pensando -y lo ha dicho públicamente- que la democracia representativa no sirve para ausencia, que lo que se necesita es la democracia popular, donde hay un solo partido y no hay estorbos para advenir las leyes”, explica.

Ortega, Muammar Gaddafi y Fidel Castro en una conferencia del Movimiento de Países No Alineados en 1984.

La diferencia -apunta Ramírez- es que en la lapso de 1980 el poder se ejercía en Nicaragua por medio de un invariabilidad muy delicado que dependía del acuerdo de las tres tendencias que conformaban al FSLN.

“Hoy es una situación muy diferente y lo que hay en Nicaragua es un gobierno abierto“, sostiene el escritor.

“Primus inter pares”

Efectivamente, en sus orígenes el partido sandinista respondía a una Dirección Doméstico de nueve integrantes, de la que Daniel Ortega era inicialmente sólo un miembro más.

“Y aunque Daniel fue ascendiendo como un primus inter pares, nunca pudo lograr a ser, en esas circunstancias, un caudillo que acumulara poder o que pusiera a su comunidad en puestos claves. Eso era inasequible entonces”, afirma Ramírez.

Ortega en la campaña electoral de 2001.

Pero entonces, ¿cómo llegó a acumular tanto poder, especialmente cuando al triunfo sandinista de 1979 no se destacaba particularmente entre los nueve comandantes de la revolución?

En sus memorias del período revolucionario, “Adiós muchachos”, Ramírez cuenta que el proclamación de Ortega como representante de la Dirección Doméstico y coordinador de la Juntura de Gobierno se dio a propuesta de su hermano Humberto, quien lo ofreció como una opción segura que garantizaba el nivelación de poder.

“Humberto vendió la idea diciendo que Daniel, por desliz de relevancia, no era el más peligroso, cualquiera que quisiera o pudiera hacerse con el poder, porque no sabía dialogar, no era carismático. Esa fue la guisa de venderlo”, le confirma el novelista a la BBC.

Hugo Chávez y Daniel Ortega

La valor, sin requisa, convirtió a Ortega en la voz y el rostro de la Revolución Sandinista.

Y luego de la traumática salida del poder del FSLN en 1990, Ortega todavía trabajó más que nadie para perdurar vivo al partido y -en el relato de Ramírez- todavía para someterlo a su voluntad.

“Con una gran constancia, él se dedica a ir municipio por municipio, barriada por arrabal, a hacerse cargo de la estructura hasta que la llega a controlar”, reconoce el novelista.

“Es el único miembro de la Dirección Nacional que se dedica a eso, porque unos pasan a la oposición, otros pasan a hacer negocios”, explica.

“Y así, él, con gran perseverancia, termina convirtiéndose en la carnación del plan revolucionario en los luceros de la clan, de los que fueron combatientes guerrilleros, de los colaboradores históricos, de esa gran almohadilla política que todavía tiene el Frente Sandinista de Independencia Doméstico“.

El regreso al poder

Esa cojín, sin confiscación, no sería suficiente para que Ortega regresara al poder ni en las elecciones de 1996 ni en las de 2001, las que perdió con el 37,38% y 42,28% de los votos (respectivamente).

Y fue por eso que el caudillo sandinista -que en 1998 todavía había tenido que carear las acusaciones de desmán sexual de su hija adoptiva, Zoilamérica Narváez- decidió pactar con un añejo enemigo, el expresidente Arnoldo Germánico.

Arnoldo Alemán

“El sabía que yendo a segunda vuelta nunca iba a ser electo, porque entonces la derecha -o la oposición, como queramos llamarla- se unía, que era lo que había pasado en las dos ocasiones anteriores”, explica Ramírez.

Y, como cuenta el novelista, su decisión fue concertar con Teutónico una reforma constitucional que rebajaba el techo para una alternativa en primera dorso a un 35%, a cambio de protegerlo de las acusaciones de corrupción que perseguían al exmandatario, para entonces todavía líder indiscutible del Partido Altruista.

Bajo las nuevas reglas, el 5 de noviembre de 2006, Ortega se impuso a una concurso dividida con un 38,07% de los votos, sumando a Nicaragua a la creciente relación de países latinoamericanos con gobiernos considerados de izquierda.

Simpatizantes de Ortega celebran su triunfo en las elecciones de 2006.

Y así, posteriormente de casi 17 abriles en la meseta, el 10 de enero de 2007, Ortega regresó a la presidencia.

Según Ramírez, con la intención de no abandonarla nunca más.

“Una vez que llega al poder, él decide que nunca más lo va a dejar, que nunca más va retornar a cometer el error de perder unas elecciones“, le dice el escritor a BBC Mundo.

Un propósito que, de ser cierto, el líder sandinista efectivamente ha sabido cumplir.

 


Fuente:T13.cl

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