Philip Roth sin cadenas

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Desde que hace sus buenos 15 abriles leí  sus novelas “Pastoral americana”, “El teatro de Sabath”, “El  lamento de Portnoy” y “Me casé con un comunista”, Philip Roth me ha parecido el novelista más destacado de la segunda parte del siglo XX. Sé que afirmaciones como esas deben hacerse con cuidado, aunque si me las permito es porque las digo como un simple profesor y no en plan de crítico intelectual. Un leyente que se entusiasma con las que considera novelas vigorosas, proporcionadamente escritas  y que ofrecen alguna complejidad en cuanto a  personajes y situaciones. Exagerando un poco, me gusta asegurar que al arte hay que pedirle poco de perversión o, si no tanto, una cierta complejidad. No puedo opinar lo mismo de las novelas que Roth ha publicado en el extremo tiempo, mucho más breves que las antaño mencionadas, y que, al menos en mi  parecer, carecen en caudillo de la edificación, de la musculatura, del tono, de la potencia de obras tan grandes como “Pastoral americana” y “El teatro de Sabath”.

   Aparece ahora una muy buena vida de Roth, escrita por Claudia Roth, que venda la escritura de las obras del autor con los avatares de su  ya más que octogenaria existencia,  avatares que no han sido pocos, sobre todo en su problemática relación con la civilización habichuela de Norteamérica, de la que él forma parte, y ni qué asegurar de su relación con las mujeres de su vida, siquiera falta escasas, una de las cuales, la talentosa actriz británica Claire Bloom, decidió hace algún tiempo hacer públicos los comportamientos  carencia convencionales de su cónyuge en materia de sexo y relaciones sentimentales. ¿Es efectivo que cierta vez, hallándose entreambos en una cena, Roth enganchó tan rápida como descaradamente con una muchacha encinta que estaba allí con su marido y que antaño de ganar a los postres entreambos se levantaron de la mesa y partieron con destino desconocido? Espero entrar a esa parte de la semblanza para salir de dudas, porque ese habría sido el episodio que marcó el término de su relación con la bella y elegante Claire Bloom. Pero aunque el episodio no resulte aclarado, proporcionadamente vale la pena mencionarlo, no como un ejemplo a seguir, estoy de acuerdo, aunque sí como una muestra que poco dice de Roth. De Roth y de sus cadenas.

   Claudia Roth, la autora de la semblanza cuya tiraje en castellano acaba de aparecer, no es hija, nieta ni sobrina de Philip Roth. Ella es doctora en arte del Renacimiento italiano y no tiene con su autobiografiado ningún tipo de parentesco. Por lo demás, y según ella misma cuenta, se conocieron de guisa proporcionado casual. En diciembre de 2002, Claudia se aprestaba a marcharse de una concurrida fiesta de cumpleaños que tenía oportunidad en uno de esos grandes departamentos de Manhatan, cuando el dueño de casa la detuvo en la puerta y le dijo que quería presentarle a Philip Roth. Se acercaron a la mostrador en la que el escritor conversaba con varias personas y Claudia le dijo lo que pensaba de él: “Usted es uno de los grandes novelistas estadounidenses del siglo XX”, a lo cual Roth respondió con una sonrisa y las siguientes palabras: “Pero estamos en el siglo veintiuno”, quejándose acto seguido delante su huésped por presentarle a una mujer que lo insultaba de ese modo. Ese fue el aparición de la amistad entre entreambos  y de falta menos que 8 abriles de conversaciones sobre política y sobre humanidades, incluidas las obras del propio Roth. Fue de esa guisa que se forjó el material de que está hecha la acontecimientos “Roth desencadenado”, un título que parodia al que Roth dio a uno de sus libros.

    Como señala Claudia Roth, la hechos  trata del mundo escrito de Roth y del mundo no escrito y vivido por el propio autor. Acontecimientos propia y acontecimientos literaria, entonces, no confundidas pero sí conectadas, porque la vida de un escritor es siempre una cantera de materiales que él utiliza consciente o inconscientemente.

   Philip Roth no obtuvo ya el Premio Nobel de Humanidades. Su nombre circuló allí mucho durante  lo que va de esta plazo y incluso en  la  pasada, pero el hombre detrás de ese nombre debió resultar demasiado problemático a luceros de la Sociedad sueca.

    Roth está ya retirado y sin más ganas de escribir. “Némesis”, su última novelística, es de 2009, y seguramente vive por allí retirado en medio de un paisaje rural montañoso que le proporciona el necesario silencio antaño de la despedida final.

Fuente:T13.cl

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