Piñera cae en la etapa de los errores no forzados

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Ni tan confiados ni tan seguros, más perfectamente nerviosos y sobrado preocupados. Así reconocen en el seno mismo de la derecha, del comando y del propio piñerismo, el existente estado de humor que impera en estos días en las huestes de la examen con miras a la segunda reverso y lo que sucede con el propio jefe, Sebastián Piñera. Su ansiedad ya traspasa los muros de su fortaleza de Apoquindo 3000 y ha quedado plasmada en errores no forzados, expectativas de guión y decisiones –como el viraje en 180 grados en materia de gratuidad en la educación superior– que pueden transformarse en pan para hoy y deseo para mañana.

“Yo veo que el candidato Alejandro Guillier está cada día más violento, más demagogo, más populista, más errático y se parece cada día más a Nicolás Maduro (…). Yo me pregunto: ¿adónde nos conduce ese camino? Yo veo que algunos, con tal de aferrarse al poder y a sus prebendas, están dispuestos a hacer cualquier cosa”, dijo el martes en la mañana Piñera. Una frase que es propia de lo que en el comando definieron como la necesaria campaña del terror para convocar al militante duro de derecha en la segunda revés, acogerse a la vieja organización de avivar cotidianamente el sentimiento antiizquierdista de dicho electorado.

El punto es que en el diseño nunca estuvo considerado que fuera Piñera el que se involucrara en este tipo de discurso. “Fue una salida de libreto, no debía decirla”, reconocieron entre los asiduos a Apoquindo 3000. Un error no forzado que contradice el despliegue que desde antiguamente de la primera dorso hizo el candidato de derecha, de sospechar al centro, a instalarse como una figura y líder de pelotón, apelar a una suerte de segunda transición, una especie de heredero flamante del embajador del ex Mandatario DC, Patricio Aylwin.

“No se puede negar que con eso demostró que está más nervioso que lo que demuestra”, se lamentaron en la mesa de RN.

Una inspección compartida por el analista y clásico de la Escuela de Gobierno de la UAI, Cristóbal Bellolio, quien precisó que “la gente pensante de la derecha entiende que lo de Venezuela es una caricatura. Se sabe que presentar escenarios de emergencia es rentable, pero cuando es Piñera quien dice que Guillier se parece más a Nicolás Maduro, eso sí habla de que hay preocupación, porque ese era un pony al que solo se subían los más fanáticos de la derecha (…). Hay preocupación porque esta era una carrera corrida y ya no lo es”, precisa.

En la derecha hay quienes están convencidos que Piñera ganará el balotaje, aunque unánimemente recalcan que lo hará por un beneficio muy cartuchón, que el proscenio es más propicio que la segunda revés del año 2009, porque ahora la centroizquierda tiene su votación mucho más disgregada y que el serio problema en estos días es que el resultado de la primera reverso – un 36% que fue cuatro puntos por debajo del origen leve esperado- golpeó “demasiado fuerte” a la campaña.

“Se perdió la confianza, eso pasa”, explicaron en el seno del piñerismo, mientras entre quienes son parte de los equipos de trabajo del comando presidencial reconocieron que no abunda el optimismo: “el problema es que muchos ya se habían probado el terno de ministros, ahora están asustados”, asumieron.

En la registro de errores en la derecha suman el seña de apoyo que le dieron a Piñera hace dos días 12 miembros del partido Ciudadanos, liderados por el ex DC,  Juan José Santa Cruz, el ex presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Rafael Guilisasti, y el patrón Jorge Errázuriz, porque precisamente la idea no es perfilar la imagen empresarial del líder, que es la que genera ronchas y críticas a nivel de opinión pública. “Esa foto estuvo mal, era el candidato con la mitad de la bolsa de comercio, ahí mostró desesperación”, se lamentó un parada dirigente de RN.

La preocupación que se instaló delante una posible derrota se sustenta en una disertación que recorre las huestes de la derecha, la dirigencia de ChileVamos y el corazón del comando, que apunta a que el principal problema de Piñera es que no tiene mucho espacio alrededor de donde crecer en votos para el 17 de diciembre, porque el supuesto trasvasije de votos del electorado DC al que muchos apuestan en el sector, ya se habría producido.

“La votación de Sebastián Piñera, y muy especialmente la suya que coqueteó con el voto DC, ya ha recibido el dopaje de este votante y, por lo tanto, no existiría una reserva de votantes DC disponible para la segunda vuelta. En el comando de Piñera estos números no han sido analizados con detalle, pero si a primera vista los datos parecen coherentes, el candidato tiene por delante un enorme trabajo pendiente para movilizar al electorado de derecha que no acudió a votar más que por captar votos en la DC”, reza la columna de John Müller en El Mercurio el lunes 27 de noviembre, que aseguraron en el seno del piñerismo ha calado hondo y es una visión compartida estos días por muchos.

Para Bellolio, la sequía del pozo de votos de Piñera es un punto no beocio a considerar, que viene a explicar el clima de incertidumbre y nerviosismo. “Están preocupados y cuentan la mitad de la historia al comparar este escenario con lo sucedido el año 2009, porque no dicen que un tercio de los votos de Marco Enríquez-Ominami se fue a Piñera, ese  meo-piñerismo ahora no se ve, no está, es muy poca la gente que votó por Beatriz Sánchez y que ahora votará por Piñera”

En el comando defendieron el libramiento que se dio y criticaron que cuando Guillier cambia de opinión es tolerante o está ampliando sus planteamientos, pero cuando lo hace Piñera “lo acusan de darse una vuelta de carnero”. Dicen que hace semanas que se le había planteado al candidato de derecha la requisito de modificar la postura en materia de gratuidad y que el error fue que no explicó admisiblemente las razones de su cambio, para que no quedara como una motivación electoral: “es cierto, él debió precisar que la gratuidad es una demanda que está más empoderada de lo que pensó y que por lo mismo no podía seguir en la línea que tenía, pero no lo hizo, se vio mal”.

En el seno del comando reconocieron que delante este ambiente, es que se asumió que cada voto es relevante y que eso explican las acciones y decisiones de la última semana, cómo la de sumar al polémico senador RN, Manuel José Ossadón, para intentar capturar los bolsones de votos que ostenta en dos comunas claves del país, La Florida y Puente Detención, a cambio de aceptar las condiciones que puso el parlamentario: no desdecirse de ninguna de las críticas que anteriormente le hizo a Piñera y comprometerlo con la gratuidad en la educación superior y el patrón para La Pintana.

“En el comando, el núcleo duro, no querían recurrir a Ossandón, pero se vieron obligados porque se resolvió no dejar ningún voto volando”, explicó un histórico piñerista, mientras que Bellolio advirtió que hay “mucha gente de derecha que le importa la claridad doctrinaria y los contornos claros, por lo que comprarle el discurso a Ossandón no es algo que les gusta, eso es pan para hoy y hambre para mañana, el problema es que no tiene otra opción”.

Cara de heresiarca

El error de Piñera con la frase sobre Guillier y Madurado es solo uno de los temas que ha generado ruido, porque aún resuenan las cientos de declaraciones que los últimos tres abriles y medio desplegaron los parlamentarios de Pimiento Vamos para pelar la gratuidad en la educación superior, como las opiniones del propio Piñera sobre el tema para terminar aprobando el esquema en el Congreso la semana pasada y con el candidato prometiendo avanzar en dicha política “lo más posible, depende del crecimiento de nuestra economía”.

Fue mientras era Presidente que el año 2011 –en pleno conflicto con el movimiento estudiantil- consideró la educación un “bien de consumo” y en junio, a posteriori de tener manada las primarias de Pimiento Vamos con más de un millón 300 mil votos aseguró que se mantendría la gratuidad al 50% como era en ese momento y que con la otra medio su idea era cambiar el sistema de financiamiento con un “nuevo sistema combinando becas para los alumnos más meritorios y más vulnerables, y préstamos en condiciones mucho más favorables, no administrado por los bancos, sino por una agencia estatal”.

Es más, al mes ulterior, en julio posteriormente que la Cámara de Diputados aprobó el plan que aumentó la gratuidad al 60%, Piñera acusó al gobierno de valeverguista: “Los estudiantes tienen muchos derechos, pero no son los únicos. Hay otros grupos de nuestro país que tienen igual o más derechos. Y que tienen que ser considerados, aun cuando no marchan ni protestan “, agregó. Pero el viernes 24 de noviembre, en una entrevista en Radiodifusión Bio Bío,

Bellolio hizo una advertencia sobre este desvío: “es normal flexibilizar posiciones, pero con el tema de la gratuidad el problema no es que la rechazaron primero y ahora la aprobaron, sino que la derecha cree que es injusta y ahora están ofreciendo algo en que no creen”.

El ex director de Adimark y analista, Roberto Méndez, agregó que a semana y media ya de la primera dorso, tanto Piñera como Guillier no han actuado con claridad, que en lo que han mostrado hasta ahora hay más incertidumbre que certezas sobre la logística que tienen para el balotaje, pero todavía advirtió del peligro de las volteretas programáticas muy drásticas. “La gente va a ser muy severa con giros sin justificación o contradictorios, por eso es tan difícil y por eso creo que ninguno de los dos ha encontrado el tono adecuado”, sentenció Méndez.

En el comando defendieron el giramiento que se dio y criticaron que cuando Guillier cambia de opinión es tolerante o está ampliando sus planteamientos, pero cuando lo hace Piñera “lo acusan de darse una vuelta de carnero”. Dicen que hace semanas que se le había planteado al candidato de derecha la pobreza de modificar la postura en materia de gratuidad y que el error fue que no explicó aceptablemente las razones de su cambio, para que no quedara como una motivación electoral: “es cierto, él debió precisar que la gratuidad es una demanda que está más empoderada de lo que pensó y que por lo mismo no podía seguir en la línea que tenía, pero no lo hizo, se vio mal”.

En el seno del piñerismo agregaron este vuelta en materia de gratuidad, a pesar de las críticas, era “mucho mejor que el costo de darle un portazo al tema”. Es que en el núcleo duro del candidato ronda un trasgo no último, el de la campaña de Joaquín Lavín el año 1999, quien pasó a segunda revés con Ricardo Lagos y perdió el balotaje por menos de 30 mil votos.

Recurrentemente sale a colación en las conversaciones lo que se considera hoy un error enorme de aquella campaña, el no alinearse con el tema de la reforma sindical que entonces puso La Moneda en el debate notorio. “La UDI optó por la doctrina y Lavín perdió, por eso se decidió no cometer el mismo error y dar todas las volteretas que sean necesarias en los temas claves”, sentenció un piñerista duro.

Dicho de otro modo, en el entorno del candidato hablan de proceder con más humildad y no prescindir de nadie, ir sumando nichos aunque la esencia –recalcaron- está en evitar que se le resten votos. Piñera –explicaron- no puede moverse de sus posturas en los temas valóricos para no entrar en conflicto con el mundo evangélico ni siquiera sacar del closet, aunque se esté conversando con algunos en reserva, al mundo marcial en retiro, porque eso atenta con su el perfil de centro y más reciente.

“El nerviosismo no es malo, es mucho mejor esto que el ambiente que hubo entre la primaria y la primera vuelta, ese relajo que primó en muchos, que era carrera ganada, ahora todos tienen claro lo que hay que hacer, menos reuniones y más calle”, sentenció un piñerista histórico.

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