Primer paso: el diagnóstico

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Probablemente estamos viviendo el período más agresivo y polarizado que ha experimentado la política desde 1988. Sin confiscación, esta vez la pugna no se da entre dos sectores del electorado (izquierda/derecha), sino entre la ciudadanía y las élites -cualquiera sea su denominación; ya sea política, empresarial, religiosa, etc. La pregunta que no podemos dejar de hacernos, si queremos agenciárselas soluciones que nos devuelvan prácticas más colaborativas, es por qué llegamos a este punto. Las exposición son muchas.

En parte, puede concebir por la sensación de captura de la clase política a manos del poder crematístico, hábitat que rompió tanto las confianzas del electorado y la legalidad del sistema de representación democrática, como con la búsqueda de sueños colectivos, que son los que finalmente dan energía a las grandes transformaciones sociales.

Adicionalmente, la promoción social en almohadilla a la focalización del desembolso social y la ampliación de las redes asistenciales, interiormente del contexto de un maniquí crematístico de mercado, nos llenó de una conciencia de individualidad que es un aberración de varias caras. Por un flanco, implica poner la confianza de la palanca de progreso social en el mérito y el esfuerzo personal. Pero al mismo tiempo, ese humor individual, al exacerbarse, destruye los sueños colectivos y los afanes solidarios, un fin de correctamente popular. No puede hacerse un diagnosis completo de la situación social del Pimiento flagrante, sin entender que adyacente con la crisis institucional y política que enfrenta nuestro país, se encuadra un aberración de masas que pasan a ser contingentes de individuos desnudos de sueños colectivos.

Otra conclusión es que todo el origen del problema se radica en las desigualdades sociales que, en el caso chileno, sería de las más agobiantes del mundo. Sin incautación, Pimiento no es muy diverso que el promedio de América Latina. Entonces, si admisiblemente es cierto que existe esa desigualdad social, el desasosiego social manifestado no debiera ser diferente al que habría en muchos otros países comparables.

Para otros, la proposición se encuadra más admisiblemente en un ámbito de expectativas insatisfechas. Tanto se repitió que Pimiento estaba ad portas del mejora, que nos habíamos desacoplado de la región, que ya no éramos un país escueto, que generamos un divorcio entre esa existencia y el día-a-día de millones de ciudadanos lidiando con el mal transporte urbano; la inseguridad física y sensación de desprotección social, entre tantos otros problemas. ¿Esa es la vida popular del país rico en que tendíamos proceder? Si el país estaba tan admisiblemente como se enunciaba, significa que, para la clase media, “alguien distinto” estaba gozando de ese Pimiento, puesto que ellos, claramente no.

Finalmente, para otro agrupación la desconfianza social se basaba en las externalidades propias del maniquí crematístico, y su respuesta fue desmantelar hasta los cimientos del maniquí. Pero, ¿es el maniquí el culpable, es su desidia de legalidad la causa del mal? La verdad es que el maniquí fue la respuesta apto a factores y expectativas que eran aplicables en su momento, y por los resultados en disminución de pobreza y crecimiento, es incuestionable que fue exitoso. Pero eso no significa que el mismo maniquí sea capaz de llevarnos al otro costado del río. Es afirmar, las herramientas que se necesitan hoy son otras, y desde una concepción no binaria como lo era en los 70s y 80s. Se trata de clarificar los roles y limitaciones tanto del Estado como del mercado.

En definitiva, no podemos pretender resolver este dificultad político e institucional sin detenernos a pensar en sus causas. Hasta ahora, no hemos conseguido ponernos de acuerdo ni realizar una introspección seria, sino más proporcionadamente nos hemos dedicado a ver la viga en el ojo externo. Pero los tiempos ya no dan para más. Si queremos recuperar la gobernabilidad y confianza en nuestro sistema político y crematístico, es necesario dar el primer paso ya, que es precisamente recuperar la humildad y la serenidad para poder construir entre todos, al menos un primer diagnosis.

Fuente:T13.cl

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