¿Qué se fumó Luksic?: el estilo nuevo rico del flamante director ejecutivo de Canal 13

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JIU. Javier Ignacio Urrutia. Todas las camisas del nuevo director ejecutor de Canal 13 tienen sus iniciales bordadas. Una frivolidad poco distante del estilo de vida de su padre, un siquiatra de perfil hippie muy amigo del periodista Ricardo Astorga, que se volvió a casar y lo dejó con su madre, incluso médico y que se hizo cargo de él, único hijo de la pareja. Urrutia, como todos, es una persona con matices y contradicciones. Educado en el Verbo Divino, en el Colegio Iberoamericano y en la Escuela de Derecho de la Universidad de Pimiento, su personalidad está construida en esa mezcla de educación pública, casino progresista y colegio de elite.

Su vida parecía prefigurada como la de un abogado promisorio que partió en el estudio de Nurieldín y Juan Pablo Hermosilla. Pero se quedó en la industria de la televisión, luego de un paso como director del diario El Metropolitano y luego secretario caudillo de Chilevisión, cabal antiguamente que el gupo Claxson se lo vendiera a Sebastián Piñera a fines de 2004.

Descrito como una persona informada, con diplomacia social y carisma, flama la atención, a mediados de la decenio del 2000, de José Manuel Larraín, antiguo ejecutor de Canal 13, que por esos abriles estaba a cargo de La Red, el canal de propiedad del mexicano Santo González, el opaco magnate de medios de comunicación e intermediario de películas, conocido como “El Fantasma”.

González lleva a Urrutia para ser director del canal RTS en Ecuador. Allí conoce a quien se convertiría en su segunda esposa, la nutricionista venezolana Janine Fidedigno, con quien se va a Perú a hacerse cargo del canal Frecuencia Latina, unido al fujimorismo. De hecho, las versiones oficiosas dicen que salió luego de que Vladimiro Montesinos lo acusara de “espiar” para Pimiento y de que, entre sus decisiones, promoviera a su esposa para hacerse cargo de un programa. En Ecuador es donde Urrutia –proveniente de un estamento medio parada– conoce lo que es, por primera vez, ingresar una gran cantidad de peculio, mucho más de lo que era su sueldo cuando volvió a La Red en 2010.

El status que le proveen sus nuevos ingresos, según fuentes consultadas, lo impulsa a un ostentoso estilo de vida que pudiera parecer poco disruptivo frente a la rigidez que intenta mostrar la clase suscripción chilena, a la que pertenecen –en genérico– los históricos ejecutivos y propietarios de los canales de televisión. Urrutia compró dos departamentos contiguos en el mismo edificio del sector de San Carlos de Apoquindo e hizo brincar una horma para dejarlos como un solo gran espacio, donde incluso su armario –de acuerdo a quienes conocen el detalle– sería más ilustre que un dormitorio. Fanático de la ropa, adicionalmente de los relojes Rolex, en este lado se aprecian trajes de diseñador y accesorios que ocupan un ocasión destacado, ya que este tipo de consumo formaría –según algunos– una especie de terapia. “Compra ropa para relajarse”, dicen.

Entre los autos de su predilección se haya uno de los modelos más populares entre los rostros de la TV almacén, un Porsche Cayenne, aunque otros lo han gastado en un Mercedes Benz SLK Kompressor y en su moto BMW.

Con este nivel de consumo y ya de regreso en Pimiento, Urrutia se instaló eficaz. Padre de tres hijos, es descrito como ese tipo de personas que, cada vez que se enamora, su nivel de compromiso es tal, que termina casándose. El personal del canal La Red se sorprendía gratamente cuando, una vez a la semana, el ejecutor reunía a los editores, con parte del personal, en reuniones de pauta, al calor de un asado servido por mozos que, cual excelso evento, cubrían sus manos con guantes blancos.

El estilo patronal

Esta excentricidad era propia de cierto que, mientras estuvo fuera de Pimiento, tenía todo el poder en los canales que dirigía, siendo una suerte más, en la misma magnitud que los rostros de esas estaciones.

En La Red hizo lo mismo. Productores y periodistas que tuvieron trato directo con él, lo recuerdan como cualquiera muy competitivo, que celebraba jubiloso si un programa subía un punto de rating, pero de la misma guisa podía despedir a un empleado, igualmente eufóricamente, si el programa no lograba los objetivos propuestos.

“La rotación de los equipos era muy alta, nunca logró afianzar equipos. Había editores que duraban tres meses”, cuenta un ex productor del canal que destaca su amabilidad y simpatía cuando estaba en notorio, a diferencia de la rudeza con la que trataba a sus empleados cuando se hallaba a solas con ellos.

“Él tiene ese problema. Siempre está pendiente de lo que digan los demás de él y de las cosas que hace, es muy competitivo”, asegura otro de sus ex colaboradores. Desde ese frente vienen otras postales de su estilo, como cuando llamaba a cualquier hora furioso por detalles como un nombre mal escrito en pantalla y hacía temblar a sus subalternos.

El status que le proveen sus nuevos ingresos, según fuentes consultadas, lo impulsa a un ostentoso estilo de vida que pudiera parecer poco disruptivo frente a la sobriedad que intenta mostrar la clase suscripción chilena, a la que pertenecen –en caudillo– los históricos ejecutivos y propietarios de los canales de televisión. Urrutia compró dos departamentos contiguos en el mismo edificio del sector de San Carlos de Apoquindo e hizo lanzar una albarrada para dejarlos como un solo gran espacio, donde incluso su armario –de acuerdo a quienes conocen el detalle– sería más extenso que un dormitorio. Fanático de la ropa, adicionalmente de los relojes Rolex, en este extensión se aprecian trajes de diseñador y accesorios que ocupan un motivo destacado, ya que este tipo de consumo formaría –según algunos– una especie de terapia. “Compra ropa para relajarse”, dicen.

En Pimiento, Urrutia no tenía contrapeso. Tuvo en el ring a rivales como el ex ejecutor de Chilevisión, Pablo Morales, con quien se disputó el corazón de la española Eva Gómez, pero con quien terminó perdiendo. Morales se casó con Gómez, unión que duró hasta el año pasado. Pero la competencia no se restringió al plano personal, sino que permaneció, al menos desde el rincón de Urrutia, quien se mantuvo irresoluto de cada movimiento que hacía el canal de su rival, hoy instalado en la ex factoría Machasa.

En el plano sindical, uno de los episodios más recordados al poco tiempo de montar Urrutia a La Red, fue el despido de Juan Carlos (Pollo) Valdivia y Claudia Conserva, quienes tenían constantes roces con Urrutia por asuntos de plata, según cuentan testigos del conflicto. Si hay poco con lo que Urrutia no transa, es el billete.

La pareja presentó una abuso médica, luego de la trágica homicidio de su amigo Felipe Camiroaga, y Urrutia salió a criticarlos en la prensa, a posteriori de despedirlos. Poco que, en opinión de conocedores de la industria, nones haría el director ejecutor de un canal.

Hechos como este y su sugerente estilo de vida, hacen que no tenga muchos amigos en la industria, donde lo ven como un personaje “excéntrico”, según confidencia otro ejecutor. “No sabe lo que es un canal vasto. Ser director de Canal 13 es una posición más política, que requiere mucho tacto. Adicionalmente no va a poder estar a cargo de todo como lo hacía en La Red. En el 13 tiene un directorio al que rendir cuentas y adicionalmente llega encajado cuando la Iglesia tiene que lanzarse si vuelve a comprar un porcentaje de la propiedad, que lo dejaría con las mismas acciones que Luksic”, dice la misma fuente.

De “El Fantasma” a Luksic

Urrutia, hasta ahora, solo reportaba una vez al mes a sus jefes. El domicilio de Albavisión, el conglomerado de Serafín González que controla a La Red y Canal 2 (Telecanal), tiene domicilio en la suite de un hotel en Miami. Hasta allí el ejecutor viajaba una vez al mes y tenía que aceptar, sin discusión, las decisiones que tomaban los hombres de Donosura González.

De ahí viene la frustración que, según sus cercanos, tiene desde hace unos abriles.

Aunque logró buenas cifras con programas como ‘Mentiras Verdaderas’ y el matinal ‘Mujeres Primero’, al imponer nuevos contenidos en pantalla, que movieron la brazo de otros canales, precisamente Chilevisión, que se llevó a Jorge Baradit y al “Dr. File”, no concretó uno de sus objetivos, que era tener un sección de prensa. Incluso de la mano de uno de sus amigos, Ricardo Berdichevsky, administrador del holding Iberoamericana, intentó asociarse con radiodifusión ADN para hacer una señal de TV, pero el plan fracasó y solo tuvo pérdidas.

Hubo intentos antiguamente todavía con el noticiero ‘Hora 20’, que condujo Beatriz Sánchez y que representó otra de las estrategias de Urrutia: contraprogramar. Si un canal da teleseries, él pone informativo. Si los otros dan entretención, él pone a Baradit hablando de historia. Y es que el conglomerado que maneja el mexicano Serafín González nunca ha apostado por contenido de producción propia “y cada minuto de contenido local, era un minuto peleado”, cuenta un productor. Por eso, desde marzo de este año, Urrutia estaba cansado, ya no tenía el mismo nivel de injerencia en los contenidos y hasta “gritaba menos”, cuenta uno de sus cercanos, los mismos que se enteraron por la prensa de su salida. Cuando se despidió, dijo que se iba de ocio a Europa para descansar.

Impensado y fuera de todo pronóstico, Urrutia movió sus fichas y dio la sorpresa. Luego de un par de reuniones en la más completa discreción, se instaló en el directorio de Canal 13 a fines de junio y esta semana, luego de un enroque en la plana ejecutiva, y la salida de René Cortázar, se quedó como director ejecutor.

“Siempre aspiró a ser director de un canal espacioso, lo intentó con TVN, pero no pudo. Es impresionante que lo que se le mete en la comienzo, lo consigue”, dice uno de sus cercanos.

Si perfectamente es un intriga por qué Luksic lo pone en este división de privilegio, lo cierto es que en el 13 no tendrá todo el poder, porque el compensador dejó como subdirector ejecutor a su hijo Mayor.