Soledad Álamos: “Chile no es un país inclusivo y lamentablemente la discapacidad está muy ligada a la plata”

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Soledad Álamos, actualmente precandidata a diputada por Revolución Democrática, nació con osteogénesis imperfecta, enfermedad más conocida como huesos de cristal.

En entrevista con El Mostrador, analiza los avances desde la promulgación de la ley 20.422, que establece normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de las personas con discapacidad. Adicionalmente, da cuenta de cómo ha sido su experiencia con las municipalidades a las cuales ha acudido para pedir que arreglen calles que no permiten una adecuada accesibilidad.

“Nunca he logrado arreglar una calle… Simplemente no sirve. Yo vivo en Las Condes y he tratado de que arreglen al menos 10 calles; ya no le hago más, es perder el tiempo”, asegura.

 -Un ejemplo del camino que todavía nos queda por recorrer para ser un país inclusivo es que el salón plenario del Congreso no tiene las facilidades para recibirte si sales electa como diputada.

-Eso es cierto, pero como notorio la accesibilidad es buena, ya que hay rampas que te permiten moverte por distintos lugares. Otra historia es si yo trabajara ahí, ya que el Congreso no tendría los accesos necesarios, porque donde se sesiona tienen las bancas muy altas y yo no podría entrar; las salas de comisiones son muy chicas, siquiera podría entrar ahí; y siquiera están habilitadas para sillas de ruedas. Entonces como sabido uno, en situación de discapacidad, puede ir al Congreso, pero yo no podría desempeñar mi trabajo ahí.

-Yo sé que tú crees que ha habido avances en este tema, luego de la promulgación de la ley 20.422, pero no sé si crees que Pimiento es, en la actos, un país inclusivo.

-No, en la ejercicio la inclusividad es recién un tema en Pimiento. O sea, fue invisibilizado por muchos abriles, y si acertadamente poco a poco se han hecho distintos cambios, creo que Pimiento no es un país inclusivo. Con respecto a la accesibilidad, el estado de las calles y las veredas son pésimas, y solamente en las comunas con mejor calidad de vida, las comunas que tienen anciano nivel crematístico, el nivel de las calles es mejor. Pero, si una va a regiones, el estado de la accesibilidad es incluso peor. La inclusión no ha sido un incentivo, ni un tema a tratar siquiera. La inclusión sindical igualmente es mala, ya que las empresas no contratan personas con discapacidad: no tienen los incentivos para hacerlo; encima están todos los prejuicios alrededor de las personas con discapacidad: que les va a costar salir, que les va a costar instalarse. Incluso, muchas empresas ni siquiera están habilitadas para cobrar a personas con discapacidad.

Hay una ley que dice que las personas con discapacidad tienen una valoración singular en los empleados públicos. Por ejemplo, si estoy yo y estás tú, y los dos llegamos a una etapa final de un concurso sabido, yo debería ser la que tenga el trabajo.

-¿Y eso te parece correcto? ¿Ese tipo de discriminación positiva?

-No. Yo creo que debería primar quien tenga las mejores competencias para el cargo. La discapacidad, en ese caso, no debería ser un tema. Las empresas deberían ser capaces de adecuarse para tomar a una persona con discapacidad.

A mí me carga la discriminación positiva, todo lo que es la ojeada compasiva y lastimera. Yo creo en la igualdad de oportunidades y que las barreras te las da el entorno y no la misma persona con discapacidad. No por ser discapacitado tienes que tener las cosas graciosamente o tener más pega: solo hay que igualar la cancha.

-¿Te parece que estamos al debe asimismo en lo lingüístico? Expresiones como “hacer oídos sordos” o “no hay peor ciego que el que no quiere ver” suelen ofender mucho a las comunidades de sordos y ciegos, porque se usa su condición con una connotación negativa.

-Yo creo que estamos en un endeudamiento no tanto en el vocabulario, sino en un endeudamiento a la vistazo asistencialista que hay en Pimiento de las personas con discapacidad; todo lo que te diga, no es ni cerca a la discriminación verdadera en el plano gremial, educativo, en la accesibilidad. Finalmente, el vocabulario –aunque yo sé que hay concurrencia que le importa mucho- es un detalle. Lo que tiene que suceder es un cambio en la sociedad, lo que significa que los colegios y las universidades tienen que tener políticas de inclusión.

-Tú te has comunicado con varias municipalidades para dar cuenta de algunas irregularidades que se encuentran en la vía pública… ¿Es fructífero ese proceso?

-Nunca he acabado arreglar una calle… Simplemente no sirve. Yo vivo en Las Condes y he tratado de que arreglen al menos 10 calles; ya no le hago más, es perder el tiempo.

-Pasando a otro tema: ¿por qué crees que es urgente que personas con discapacidad estén disputando puestos políticos hoy en día?

-Esa pregunta la veo desde distintas caras. Creo que el hecho que haya una persona con discapacidad en el Congreso ya significa un cambio en la sociedad sobre la percepción de la discapacidad. O sea, que 20 mil personas voten por ti significa que 20 mil personas están abiertas a que una persona con discapacidad sea diputada. Con eso ya le cambias la mentalidad a la gentío.

-Pero, de acuerdo a tu razonamiento, no usarías el eslogan de la discapacidad como excusa para conseguir apoyo…

-No, o sea, yo hablo de la discapacidad porque me suelen preguntar sobre esto, pero yo estoy en la calle y no estoy en la temática de la discapacidad todo el día; yo soy mucho más que una persona con discapacidad. Siento, en todo caso, que sí estoy representando a un gran segmento de la población, que es un 12% de personas que tienen algún tipo de discapacidad,  aunque te admito que, en algún cargo, siquiera me siento como la luchadora por las personas con discapacidad, porque no ha sido mi historia de vida.

-Alguna vez dijiste que ni siquiera eras consciente que tenías una discapacidad…

-Claro, como que mentiría si dijera que voy a alcanzar al Congreso y que voy a impulsar un montón de leyes para cambiarle la vida a las personas con discapacidad. Yo te podría sostener eso y te estaría mintiendo. Puede ser uno de los temas que me interesen, pero no es el único.

-¿Cómo calificas los avances, en cuanto a inclusión, luego de la promulgación de la ley 20.422?

-Tranquilo, muy, impresionantemente pausado. Como ejemplo: en este periodo de campaña, tuve que ir al Servel y habían escaleras gigantes; tuve que ir al Empleo de Obras Públicas y el elevador estaba malo. Hay todo un tema de que hay edificios, que son patrimoniales, entonces no se le construyen los accesos necesarios para la concurrencia con discapacidad: no ponen rampas por poco estético, y eso me parece muy esforzado.

-Pero tú asimismo has mencionado la importancia de respetar el patrimonio innovador de algunos museos.

-Sí, podemos tener lugares patrimoniales, pero que estén concorde con la accesibilidad de los lugares; se pueden hacer las dos cosas.

-¿Cómo explicas las brechas salariales entre personas que no tienen discapacidad y quienes sí tienen?

-Todo parte desde la educación. Yo me siento una privilegiada. Yo estoy acá no porque tenga una fortaleza distinto, sino porque tuve una buena educación, fui a una buena universidad, mi grupo y mis amigos me dieron las herramientas… Pero otra persona como yo, en otro contexto social… Es muy difícil desarrollarse. Lamentablemente, la discapacidad está muy ligada a la plata. Primero, es un problema crematístico, luego un problema cultural, porque a la sociedad como la nuestra, muy conservadora, le cuesta aceptar lo diverso, lo dispar, entonces a la hora de contratarte, ¿qué piensan? En la mente de un patrón, piensa en cualquiera que no se va a enfadar, pero eso es, muchas veces, puro prevención.

-Una de las medidas que alguna vez quisiste impulsar fue la de crear un coche en el patrón exclusivo para personas con discapacidad. ¿Cómo te ha ido hasta ahora?

-No lo he conseguido, pero me encantaría. Pero yo me interpelo: ¿cómo no existe todavía? Yo ando mucho en metropolitano y hay muchos momentos en que no me puedo subir. Y, en todo caso, si te ceden el espacio y hay mucha clan, se te puede caer alguno encima, así que igual es muy peligroso. Pero no te queda otra: en Pimiento, con una arnés eléctrica, no te puedes subir a una micro autónomamente, porque dependes de que otras personas bajen la rampla.

 

 

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