Sting revive su etapa más rockera en un íntimo show en Chile

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“Muy buenas noches, sabido chileno. Estoy muy contento de estar aquí“. Sting, en esta pasada, incluso quiso ser hábil de ceremonias. El cómico anglosajón de 65 abriles regresaba a Pimiento como parte de su más nuevo paseo “57th & 9th tour”, pero antaño de robarse el rol protagónico, él mismo subió al escena al promover a sus invitados, como parte de un espectáculo impresionado por un entorno de intimidad. 

Y cómo no, si el primer acto soporte era su hijo, Joe Sumner. El líder de Fiction Plane solo tuvo un espacio de tres canciones, pero su propuesta folk y algunos tonos vocales similares a los de su padre hicieron que el notorio comenzara a entusiasmarse.

De hecho, en su última canción compartió círculo con The Last Bandoleros, el cuarteto tejano que llegaba como segundo invitado de la tenebrosidad. Armonías a cuatro voces como The Beach Boys compartiendo melodías con los ritmos sureños fueron las claves de un mini set que concluyó en compañía de Sting cantando “Where do you go?”.

“Nos vemos en un ratito”, dijo el ex The Police antiguamente de marcharse, y a las 21:20 horas reapareció en espectáculo, a dos abriles de su postrero concierto en nuestro país. Hasta la polera garzo apretada parecía la misma que lució en aquella oportunidad, incluso en el Movistar Arena, aunque la aire era completamente distinta.

Sting no corre riesgos. De entrada dispara “Synchronicity II” y “Spirits in the material world”, dos clásicos de su antigua facción, pero rejuvenece en los músicos que fichó para su contemporáneo viaje y incluso en las canciones de su posterior disco “57th & 9th” (2016). 

“I can’t stop thinking about you” y “One fine day” son las primeras en inaugurar en tierra regional, marcando el paso de uno de los álbumes más rockeros desde que el bajista abandonó The Police. Así los cortes funcionan para aumentar el peso de su catálogo y para contagiar al resto de su discografía. Hasta “Englishman in New York” se revitaliza de electricidad. 

De todas formas, ese puesta en marcha de energía no desenfocó el estado personal del espectáculo: un ambiente a desvaloración prestigio como si se tratara de un club, The Last Bandoleros haciendo los coros y Joe Sumner compartiendo micrófono con su padre en los últimos espacios de “Shape of my heart”.

Al contrario, ese lucha entre la cercanía y la masividad del sonido propuesto por el frontman sirvió para que las 13 mil personas que llegaron al domo veterano del Parque O’Higgins se compenetraran con la esencia de las distintas canciones. 

De pie y alzando las manos en “So lonely”, “Message in a bottle” o “Roxanne”; moviéndose al ritmo de la música en “Desert rose”; y con una talante más contemplativa en “Ashes to sabes”, en un pequeño homenaje al fallecido David  Bowie -que incluso disfrutó Tom Morello, el guitarrista que este miércoles se presenta en Pimiento adjunto a Prophets Of Rage-.

Sting sigue siendo el mismo de toda la vida. Mantiene intacta su voz y su elegante forma de concebir el rock. Una ruindad que lo transformó en uno de los talentos más transversales de su época, lo dicen los éxitos y el alarido de los adultos que vinieron acompañados por sus hijos. Una vigencia que traspasa generaciones. 

Fuente:T13.cl

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