Trasplantes a niños del Sename: los nuevos casos de discriminación del Estado

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El 28 de octubre del año pasado, la ex directora del Servicio Doméstico de Menores (Sename) Marcela Labraña, declaró en calidad de testificador por las muertes de niños bajo la tutela del servicio. La guarismo de 1.313 menores que se encontraban bajo el cuidado del Estado había sido un porrazo nuevo y duro.

Ese día, 11 meses antaño de que el fiscal Emilio Emilfork decidiera “priorizar la investigación en este caso en atención a los antecedentes”, tanto la fiscalía como el Sename tenían conocimiento pleno del caso de Daniela Vargas, la beocio del Sename que murió a posteriori de que se le negara un trasplante de corazón por su precaria condición social, personal y acostumbrado.

Posteriormente de memorar algunos casos de niños y niñas en centros del Sename, el fiscal a cargo del interrogatorio, le preguntó a Labraña por la situación de James Gaete Tamayo, uno de los 18 niños que según el documentación del Sename murió en la Casa Doméstico del Caprichoso y ella contestó que la recordaba perfectamente: “La directora de la Casa Nacional me señaló que al niño no lo dejaban de candidato para trasplante. La directora regional María José Montero realizó muchas gestiones con el Hospital Calvo Mackenna para que quedara como candidato, pero no había respuesta. Supe por la directora regional, que el niño fue candidato a trasplante y lo operaron”.

En la misma explicación, Labraña reconoció que le pidió a Javiera Blanco –presente miembro del Consejo de Defensa del Estado y en ese entonces ministra de Equidad– , que se contactara con la “ministra de Salud, para visitar a James en el hospital Calvo Mackenna y sensibilizarla con respecto de la situación de los niños vulnerados, a propósito del fallecimiento de la niña de 12 años de Puerto Montt que no fue incorporada como candidata a trasplante por el Comité de Ética del Hospital de la Universidad Católica por su precaria condición económica”.

Si un chiquillo o pupila está en el Sename es susceptible de ser discriminado incluso frente a la sanidad pública. No se trata de pobreza, porque el 75% de los receptores de trasplantes provienen de Fonasa, sino de un sistema completo que les cierra la puerta y los vulnera. Una y otra vez. Para concretar un trasplante piden historial de un responsable, cuando es sabido que están a cargo del Estado.

Padres drogadictos

Ana María Tamayo vive en la Villa México, en Antofagasta. Él y su marido eran drogadictos, un noticia que se puso en las hojas y fichas clínicas de su hijo James Gaete Tamayo hasta el cansancio.

En el boletín de atención de aprieto del Hospital Pelado Mackenna donde fue atendido en 2014, se lee: “Anamnesis, caso social, Casa nacional del Niño, padre drogadictos”.

“Todos sabían que éramos drogadictos, como si eso  fuese importante a la hora de atender un problema de salud”, cuenta Ana María por teléfono, afectada porque la asesinato de Daniela Vargas la hecho revivir su propio dolor: la asesinato de su hijo James, el 29 de junio del año pasado.

Ana María y su hijo James Gaete quien murió el 29 de junio del año pasado.

Casi nada James nació sus padres supieron que el futuro sería clínico:  problemas en el hígado los llevaron a un primer traspié. Para avanzar en la recuperación del peque, entreambos padres debían dejar las drogas, condición que les impuso el tribunal de grupo de Antofagasta para ser intervenido por primera vez. Como debían efectuar rápido, gracias a un solicitud de protección, lograron que cuando tenía tres meses James fuera trasladado a Santiago y operado en el Hospital Pelado Mackenna.

La intervención fue a destiempo y no provocó su mejoría. Lo único que hizo posible redimir la vida del pequeño era un trasplante de hígado. Meses más tarde, en una querella por la asesinato del pequeño, sus padres dirían que el médico  tratante de James les dijo que la operación  no había funcionado porque “se había hecho  demasiado tarde”. Los padres entendieron, por primera vez, que su condición de drogadictos y la dilación de probidad, habían repercutido en la mejoría de James.

Mientras el chiquillo se quedaba en un hogar del Sename, el 7 de junio de 2015, recibió el hígado que necesitaba, pero sus padres se tuvieron que forzar porque lo enlistaran. No fue expedito.

Paralelamente, incluso Ana María y su consorte, Jaime, intentaban dejar las drogas, sobre todo para recuperar a todos sus hijos: James estaba en el Sename, pero los otros tres –que hoy tienen entre 5 y 7 abriles­– se encontraban bajo la custodia de la mamá de Ana María. Los padres se habían convencido de que la única forma de construir la clan que soñaban era dejar las drogas. Y en ese futuro, por supuesto, igualmente estaba James.

Desde el Servicio Doméstico de Menores señalaron que no pueden referirse a investigaciones judiciales que están en curso y que el día 30 de septiembre de 2016, la directora doméstico del Sename, Solange Huerta, entregó a la Fiscalía Regional de Los Lagos toda la información de los niños, niñas, adolescentes y adultos fallecidos en el sistema de protección, tanto en el ámbito residencial como en el consultorio, así como en el sistema de razón alegre, en el contexto de la investigación que lleva a extremo el Ocupación Sabido. La entrega se hizo en esa fiscalía, adecuado a que el fiscal doméstico, Jorge Abbott, designó a Marcos Emilfork como encargado de dicha investigación.

Adecuado a la situación que vivía James, el período de convalecencia y controles posteriores al trasplante, sumado a que Ana María Jaime no tenían autorización del Curia de Clan para Antofagasta para acercarse, el Hospital llegó a un acuerdo con la Dirección Regional del Servicio doméstico de Menores para que el peque fuera trasladado a la Casa Doméstico del Gurí.

Fue el mismo Sename, quien contrató los cuidados de una empresa externa, Home Quiality Care (HQC)para darle los cuidados diarios a James. Sus padres asimismo contarían en la querella -posterior a la asesinato del pequeño- que todos los días martes James era trasladado a sus controles médicos al hospital con la doctora tratante Bessie Hunter. En esa misma ocasión, todavía relataron que a medidos de junio de 2016, James presentó una nueva infección “contraída en la Casa nacional del Niño Sename, esta vez por un hongo”.

Desesperados, dice el escrito, y alarmados por el rechazo del hígado trasplantado, Ana María y Jaime le preguntaron a la doctora Hunter sobre la posibilidad de que se realizara un nuevo trasplante:

“Fue categórica en señalarnos que ella no estaba dispuesta a perder otro órgano en nuestro hijo, porque nosotros no teníamos las condiciones para cuidarlo. Nos dijo que  lo mejor que podíamos hacer era apurar al Juzgado de Familia de Antofagasta para que dictara una resolución que permitirá que nos leváramos a James con nosotros de vuelta a Antofagasta”, señalaron en su querella, donde incluso dejaron estampadas las palabras que escucharon de la doctora Hunter: “Cuando le insistimos que queríamos que se intentara un nuevo trasplante para James, nos respondió que ‘para qué insisten tanto si al final su hijo va a terminar siendo un drogadicto igual que ustedes’”.

Luego de dos semanas internado en la UCI del hospital, el 29 de junio del año pasado, cerca de las seis de la mañana, James murió. Hace tres semanas había cumplido tres abriles.

Agenciárselas ecuanimidad

El 13 de julio de 2016, Ana María y Jaime, ayudados por la Corporación  Sofini, intentaron perseguir responsables por medio de una querella, la idea era que el Servicio Manifiesto iniciara una investigación para determinar la verdadera causa de la asesinato de James, sobre todo por lo que habían escuchado de parte de las cuidadoras del beocio, dos técnicas en dispensario y empleadas de HQC. “Durante las conversaciones, ellas nos dijeron que la habitación asignada a James por el Sename no cumplía con ninguna de las exigencias mínimas que se esperan de una habitación especialmente habilitada y aislada para un paciente inmunosuprimido de tres años de edad… Según ellas, nunca se practicó el llamado ‘aseo terminal’”.

En septiembre del año pasado, la doctora Hunter efectuó una testimonio voluntaria donde explicó su vínculo con el pequeño. Ahí señaló que le resultaba extraño que  un paciente inmunosuprimido tal como otros pacientes que había tenido, haya tenido tantas hospitalizaciones por cuadros agudos. “Me hace pensar que donde James permanecía aislado, mantenía una deficiente técnica de aislamiento, ya que todas las infecciones fueron a causa de cuadros virales, las que ocurren por contagio directo, enfermedades que siendo”, dijo en su información voluntaria la doctora Hunter.

La doble igualmente dejó en claro en esa testimonio que nunca los trató mal por ser drogadictos ni fue despectiva con ellos o sus cuidadores, aunque sí señaló que a James nunca se le hubiese practicado un trasplante si no hubiera existido una orden del Tribunal de Comunidad, porque no reunía las condiciones “socioculturales de su familia para otorgarle un tratamiento y cuidado de tan alto riesgo como es un trasplante hepático”, señaló la doctora Hunter. Líneas más delante, en su relato, explicó este punto: “Al referirme a las condiciones socioculturales no me refiero a un tema económico, si no a que existiese un adulto capaz y responsable de cuidar a una persona trasplantada”.

Los padres de James se quejan de que en todo momento su hijo fue tratado como “hijo de padres drogadictos” como si eso mermara el tratamiento que debía admitir.

Ana María y su cónyuge, llevan ya más de un año sin consumir drogas. Sin requisa quedaron marcados. La enfermedad y la homicidio de su hijo James les sacudió la vida, pero todavía les dejó en claro que para el sistema era importante repetir su condición de padres drogadictos. “A mí me hizo muy feliz que james fuera trasplantado, pero fuimos discriminados, incluso nos enteramos casi al final que él había rechazado el órgano trasplantado”, dice la mamá, Ana María.

Rodrigo Paz, siquiatra de la fundación Sofini, les ayudó a seguir delante en la cruzada. Uno de los últimos intentos fue una denuncia por la “Ley Zamudio” porque según dice, las fichas y los boletines señalaban como si fuera una condición inmanente del impulsivo el que sus padres fueran drogadictos. Por eso pusieron una querella por la homicidio de James, de Lissete Villa y de otro último, Alan Peña. “Nunca hemos pensado que vamos obtener justicia, por una razón muy simple, son muertes en custodia, en la cuales los responsables son funcionarios de los mismos órganos que investigan la muertes de esos niños”. Por eso ya llevaron los informes delante la Comisión Interamericana de derechos Humanos y quieren obtener hasta la Corte.

Desde el servicio señalaron que no pueden referirse a investigaciones judiciales que están en curso y que el día 30 de septiembre de 2016, la directora doméstico del Sename, Solange Huerta, entregó a la Fiscalía Regional de Los Lagos toda la información de los niños, niñas, adolescentes y adultos fallecidos en el sistema de protección, tanto en el ámbito residencial como en el clínica, así como en el sistema de imparcialidad lozano, en el contexto de la investigación que lleva a parte el Empleo Notorio. La entrega se hizo en esa fiscalía, adecuado a que el fiscal doméstico, Jorge Abbott, designó a Marcos Emilfork como encargado de dicha investigación.

Rodrigo Paz repara en un punto crucial. La Fiscalía ha insistido en que interiormente de su radiodifusión de actividad para investigar solo están los casos en custodia y no aquellos ambulatorios. “Es uno de los puntos de tensión que hemos tenido con el fiscal Emilio Emilfork como querellantes en dos causas por nuestra corporación por muertes de niños en Sename, y en otra que somos co-querellantes. El fiscal ha insistido en que fue designado para investigar muerte en centros del Sename, pero si uno lee con imparcialidad la resolución emitida por el fiscal nacional,  con fecha 12 de julio del año 2016, dice que se deben investigar aquellas causas bajo protección del servicio. Si solo se refiere a lo ocurrido en los centros, deja el 80% de las muertes consignadas en el informe de Solange Huerta, afuera”.

Rodrigo Paz, sin confiscación, dice que los casos de James y Daniela no son los únicos donde el Estado le ha inepto trasplantes a niños o le ha incapaz el cuidado post trasplante. Rodrigo deje de la situación de Yancarla, una pupila que necesitó tres trasplantes y que igualmente tenía una condición siquiátrica de cuidado. El tercero de ellos solo fue posible posteriormente que el servicio de siquiatría del Pelado Mackenna –donde se encontraba Paz entonces- intercediera por ella, porque el problema de la pupila es que abandonaba el tratamiento posterior. “Sin embargo, el Ministerio de Salud no quiso hacerse cargo de su tratamiento post último trasplante, la niña egresó y se fue a morir a Purén”, señala Paz.

El siquiatra todavía apunta a la última entregada por Solange Huerta. En ella se da cuenta de otro caso: “Se trata de una niña de ocho meses de edad que murió  en 2005 por una insuficiencia hepática terminal y artresia de vía, biliar sin conseguir un trasplante”.

Desde el Servicio Doméstico de Menores señalaron que no pueden referirse a investigaciones judiciales que están en curso y que el día 30 de septiembre de 2016, la directora doméstico del Sename, Solange Huerta, entregó a la Fiscalía Regional de Los Lagos toda la información de los niños, niñas, adolescentes y adultos fallecidos en el sistema de protección, tanto en el ámbito residencial como en el clínica, así como en el sistema de honestidad lozano, en el contexto de la investigación que lleva a parte el Empleo Sabido. La entrega se hizo en esa fiscalía, adecuado a que el fiscal doméstico, Jorge Abbott, designó a Marcos Emilfork como encargado de dicha investigación.

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