Trump el socio desagradable para Europa

0
351

La primera turista de Donald Trump a Bruselas sucedió en una semana muy triste para Europa. Poco antaño, el atentado suicida de Manchester, que dejó 22 personas muertas y a muchos más jóvenes heridos, había dejado en shock a los europeos.

Los europeos ya saben que el terror no va a terminar tan rápido. A comienzos de abril, un islamista mató a cinco personas en Estocolmo, con un camión que condujo por una calle comercial. Y a finales de marzo, un islamista atropelló con un coche a varios peatones en el centro de Londres, y dejó 5 muertos. En diciembre hubo un ataque en Berlín. Allí, poco antiguamente de Navidad, fallecieron 12 personas.

Puede acaecer a cualquiera y en cualquier circunstancia – este es el mensaje de los terroristas. Y en la mayoría de los casos, los servicios secretos ya conocían a los autores de los atentados antiguamente de cometer su crimen –como personas con una visión extremista e islamista – aunque muchas veces hubieran nacido y crecido en Europa.

A pesar de estar en la mira de los servicios secretos, los autores de los atentados lograban de ponerse en contacto con terroristas en Siria o Irak hasta delirar clandestinamente desde Europa en estos países de pugna, para cobrar allí una “formación de combate” islamista qué más tarde utilizaban para matar a muchedumbre inocente en Europa.

Todo esto es un problema de seguridad que Europa todavía no ha conseguido resolver. Las guerras de Siria y Irak y el avance de los islamistas fanáticos en algunas regiones se ha convertido en un peligro de seguridad para todo Europa y el mundo.

¿Cómo confrontar esto? La encuentro del presidente estadounidense a Bruselas, a fines de esta semana, ha mostrado que Europa, la OTAN y Donald Trump piensan de guisa muy diferente en este tema.

Trump -como siempre – tiene una fórmula muy simple para combatir el terrorismo. Él quiere “destruir” a los combatientes del Estado Islámico en Siria e Irak. El Ejército estadounidense aumentó los ataques contra supuestas posiciones de los islamistas en la region. Sus generales ya no deben sincronizar todos sus pasos con Washington. Trump los quiere más flexibles y que sus reacciones sean más rapidas. El presidente norteamericano quiere ver muertos a los combatientes del Estado Islámico, para cerciorarse que a posteriori de acaecer perdido una batalla, no puedan recorrer a Estados Unidos o Europa para cometer ataques de venganza.

Los europeos tambíen quieren combatir al estado islamico, algunos países de la Unión Europea ayudan a la alianza marcial contra el Estado Islámico y participan en los bombardeos en Siria.

Sin secuestro, los europeos temen que una lucha más general y extraordinario contra el Estado Islámico pueda aumentar el odio contra “los países de Occidente” en la región. Una política norteamericana de “tolerancia cero” asimismo podría aumentar los muertos civiles. Eso preocupa a Europa.

No solamente va contra los principios europeos y el derecho internacional. Incluso se sabe que la asesinato de civiles inocentes les da una excusa perfecta a los terroristas para “sembrar” aún más odio en algunos jóvenes musulmanes y convertirles en combatientes del Estado Islámico.

En Europa, dónde viven muchos inmigrantes musulmanes, los políticos siquiera quieren que se establezca la impresión de que en el Oriente Medio están luchando contra el islam en universal como religión. A Trump esta diferenciación no siempre le ha importado mucho.

En Europa asimismo se ve con algún espanto que Trump, cuándo visitó a Arabia Saudita a principios de esta semana, le prometió al país la traspaso de armas por miles de millones de dólares para – así explicaba – “combatir el terrorismo”. En Bruselas sospechan que Arabia Saudita igualmente financia – más o menos abiertamente – al terrorismo islamista. El ex presidente estadounidense Barack Obama tuvo pruebas de que con armas americanas vendidas a Arabia Saudita se cometieron violaciones a los derechos humanos en la extirpación de Yemen.

A pesar de esto, Donald Trump esta semana se presentó como gran amigo de los saudíes, mientras insultaba a Irán. En Europa, donde siquiera confían mucho en Irán, pero donde se han esforzado en notar una opción estricta pero pacífica al programa nuclear de los iraníes, esto dejo a los europeos con la boca abierta.

Los miembros de la OTAN ahora han prometido a Trump que van a aumentar sus ingresos en la estructura de defensa. Es cierto que el presidente estadounidense tiene poco de razón al poseer criticado a sus miembros de morar demasiado del caudal de Washington. Pero a pesar de esto la relación entre los aliados resulta muy complicada en estos días. A posteriori de una reunión del presidente norteamericano con los líderes de la Unión Europea en Bruselas, Trump dijo: “No estoy seguro de que tengamos la misma opinión sobre Rusia.”

Mientras Trump parece benévolo con los rusos y en Washington investigan las relaciones entre los íntimos de Trump en la campana electoral y Rusia, en Europa hay mucho incredulidad alrededor de el presidente Vladimir Putin. Con la refriega de Ucrania los países del Este de Europa temen que la embestida marcial de Rusia incluso les cause problemas. Sospechan que Putin quiere restablecer una Rusia conspicuo cómo lo había con la Unión Soviética.

Igualmente en Francia y Alemania se han descubierto intentos de empresas de propaganda rusas de intentar influir en la opinión pública de los países y cambiarla a ayuda de una visión más de derecha y menos progresista.

Por esto los europeos quedaron aterrados cuando se supo que Trump comparte informaciones de sus servicios secretos sobre el terrorismo islámico con Rusia pero no con ellos – sus aliados.

Desde el principio se sabía que Trump iba a ser un socio desagradable para Europa. No le importan los títulos que definen a la Unión Europea: un mercado compartido, las fronteras abiertas y una forma de vida muy desprendido. Para él Europa es una institución rígida, llena de moralistas.

Así, posteriormente de una semana conveniente difícil, los europeos solamente se tienen a sí mismos. Deben tener ser una voz robusto contra el terrorismo, sin romper sus reglas de convivencia y sus títulos. Va a ser muy difícil porque Europa está en un momento de cariño – y cada vez más dividida en cuestiones de la política de inmigración y bienes.